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Desaparición Cs Ciudadanos y UPyD, ¿vidas paralelas?

Tras el fracaso en Catalunya, hay cargos de Cs que aseguran que su formación "va camino de ser la nueva UPyD" y plantean una fusión con el PP para evitar su completa desaparición. 'Público' hace un repaso de las trayectorias de ambos partidos.

El expresidente de Ciudadanos, Albert Rivera, difuminado al fondo, y la actual portavoz de la formación en el Congreso, Inés Arrimadas, en primer plano. EFE
El expresidente de Ciudadanos, Albert Rivera, difuminado al fondo, y la actual portavoz de la formación en el Congreso, Inés Arrimadas, en primer plano. EFE.

Rosa Díez y Albert Rivera tienen mucho en común: ambos irrumpieron con fuerza en un Parlamento encajado en el cómodo esquema bipartidista, que vio con preocupación su llegada. También ejercieron un liderazgo muy personalista y se acabaron hundiendo por su desmedida ambición. La exlíder de Unión Progreso y Democracia (UPyD) certificó su muerte política cuando decidió no ir de la mano de Rivera en 2014, a quien tildaba de "ahijado del Ibex". El expresidente de Ciudadanos dejó que su animadversión hacia Pedro Sánchez se impusiera sobre el pragmatismo que demandaban sus propios votantes para que lo hiciera presidente sin depender de las formaciones independentistas. A ambos les pudo el orgullo.

Es fácil trazar paralelismos entre los caminos de ambas formaciones: UPyD y Cs le declararon la guerra al nacionalismo e hicieron de la lucha contra la corrupción su principal buque insignia. Díez llegó al Congreso en 2008, después de haber sido consejera en el Ejecutivo vasco y tras perder las primarias del PSOE contra el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Rivera lo hizo en 2015, después de casi una década curtido en la política catalana y, tras varios intentos frustrados de dar el salto a nacional.

Es más, el mismo año que Rivera irrumpió en el Congreso se produjo una fuga masiva de cargos de primer y segundo nivel por parte de UPyD a Ciudadanos: el valenciano Toni Cantó, que ahora es el portavoz valenciano de los naranjas en la Comunidad Valenciana; el asturiano Ignacio Prendes, que fue vicepresidente del Congreso desde el año 2016 al 2019; y el madrileño Alberto Reyero, que hasta hace unos meses era uno de los consejeros del Gobierno de la presidenta Isabel Díaz Ayuso, entre otros nombres.

UPyD se convirtió en todo un dolor de cabeza para el Gobierno del PP en los tribunales. Entre las acciones judiciales que emprendió su grupo parlamentario destacan el caso de las preferentes o el de las tarjetas black, que terminó años después con el exvicepresidente económico del Gobierno del PP y ex director gerente del FMI, Rodrigo Rato, en la cárcel. Ciudadanos también exigió como condición previa para investir a Mariano Rajoy en 2016 apartar a los cargos públicos imputados en el plazo de tres meses, aunque el expresidente del Gobierno incumplió la mayoría de las medidas pactadas.

Díez y Rivera acabaron marchándose. Ella en el año 2016 tras el estrepitoso fracaso de su partido en los comicios que auparon a Podemos y Ciudadanos. La formación magenta obtuvo apenas 150.000 votos, el 0,6% del total, y Díez pidió enterrar sus siglas con ella, algo que no ocurrió hasta el 18 de noviembre de 2020, cuando una jueza de Madrid dio la orden para que UPyD desapareciera como partido en el registro del Ministerio del Interior y declaraba su extinción como persona jurídica.

El catalán hizo lo propio tras intentar disputarle el liderazgo de la derecha al PP de Pablo Casado. El expresidente de Ciudadanos impulsó un veto contra Pedro Sánchez en febrero de 2019. Una estrategia que le catapultó hasta los 57 escaños, quedándose a apenas 9 de sorpassar a los populares, pero que finalmente le hundió tras la repetición electoral de noviembre. Rivera perdió 2,5 millones de votos y 47 escaños en apenas seis meses. Al día siguiente dimitió.

Arrimadas reivindica su papel como 'bisagra'

Fue Inés Arrimadas la que tomó la batuta de Ciudadanos tras pasar por unas primarias en marzo de 2020. Ahora hay cargos que alertan de que el partido va por el mismo camino que UPyD, hacia la desaparición, después del batacazo electoral en Catalunya, donde la formación perdió 30 escaños y aproximadamente veinte puntos respecto a 2017.

Algunos dirigentes de peso, como el citado Toni Cantó, el vicepresidente andaluz Juan Marín o la vicealcaldesa de Madrid Begoña Villacís, consideran que Ciudadanos no debe resignarse a ser la muleta del bipartidismo, sino que ha de aspirar a liderar uno de los bloques, el de la derecha, aunque sea mediante una fusión con el Partido Popular. Es más, se prevén -al igual que pasó con UPyD- fugas hacia los conservadores cuando llegue el periodo electoral.

Pero la actual dirección de Cs no quiere ni oír hablar de fusiones, absorciones o refundaciones con el Partido Popular. Arrimadas reivindica un espacio propio y diferenciado de los populares, cuya función se base en ejercer de contrapeso de los grandes partidos, pero facilitando la gobernabilidad y los acuerdos, lo que se conoce como partido bisagra. Su principal objetivo es tener una treintena de diputados que les ayuden a impulsar gobiernos —a nivel nacional y autonómico— tanto a izquierda como derecha, al contrario de lo que hicieron en 2019, cuando pactaron casi exclusivamente con el PP.

La entonces candidata del PP a la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el de Ciudadanos, Ignacio Aguado, durante la rueda de prensa que ofrecieron tras firmar un acuerdo de gobierno.. EFE/Fernando Villar.

En España, esa fórmula —tan habitual en países europeos— ya la hemos visto con formaciones como el CDS de Adolfo Suárez y la citada UPyD, aunque ambos proyectos acabaron diluyéndose hasta perder su fuerza inicial y, finalmente, desaparecieron. La actual dirección de Ciudadanos confía en que no les ocurra lo mismo y señalan que en este largo periodo sin elecciones tratarán de demostrar su utilidad en los gobiernos autonómicos en los que están presentes. La cúpula opina que hay que dejar madurar el proyecto de Arrimadas, pero reivindica su necesidad.

"Es probable que podamos ver un caso como el de UPyD"

El politólogo José Pablo Ferrándiz, cofundador e Investigador Principal de Metroscopia, explicaba a Público tras la marcha de Rivera, que éste asumió las consecuencias del desastroso resultado del 10 de noviembre de 2019. "Me parece lo más correcto que podía hacer", explica. Sin embargo, Arrimadas no hizo este ejercicio tas el resultado catalán y ni si quiera cesó al director de campaña y su número dos de facto en el partido, Carlos Cuadrado, como pedían algunos de los dirigentes territoriales. Tampoco cargó con las culpas a su candidato, Carlos Carrizosa.

La dirección de Ciudadanos también evitó hacer autocrítica sobre el resultado, más allá de reconocer que la marcha de Arrimadas de Catalunya repercutió negativamente a la imagen del partido en la región, pero argumentan que se hizo por un bien mayor: el de dar la cara por el proyecto a nivel nacional, en un momento que podían ser alternativa al PP. "Fue una apuesta", señalan fuentes de la cúpula.

"El problema que tienen estos partidos es que están muy basados en el líder", señala Ferrándiz, a propósito de la marcha de Rivera. "Un líder carismático que cuando desaparece o da un paso atrás, el partido queda desconfigurado", opina. "El votante de Ciudadanos es muy pragmático y si ve que su voto en Ciudadanos no va a servir para desbloquear o hacer cierto tipo de políticas, es probable que podamos ver un caso como el de UPyD".

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