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Domingo constituyente para el proceso de Forcades y Oliveres

Unas mil personas han participado durante toda la jornada en uno de los grandes actos del Procés Constituent con los que esta plataforma cívica aspira a expandirse

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A las once de la mañana, en la bienestante plaza de la Bonanova los termómetros trepan hasta los 29 grados. Dentro del salón de actos del vecino colegio de La Salle el mercurio se eleva algo más. 800 personas se abanican tras registrarse de forma escrupulosamente organizada. Inasequibles al calor, la humedad y las tentaciones domingueras, se han reunido para dialogar sobre los 10 puntos que componen el Manifiesto de Procés Constituent. La monja mediática Teresa Forcades y el economista Arcadi Oliveres dan la bienvenida desde el estrado; la periodista Esther Vivas y el profesor de Sociología Josep Maria Antentas coordinan entre bambalinas; el experto en economía política Vicenç Navarro o la cantautora Lídia Pujol aplauden desde la platea. No hay representantes de los partidos tradicionales; sólo cientos de simpatizantes y curiosos con ganas de construir una alternativa proactiva, global y progresista. Hoy, 14 de julio, el Procés Constituent ha conquistado su Bastilla particular: no ha tomado una cárcel pero sí un colegio religioso en pleno corazón de la Barcelona burguesa, con una organización impecable, notable capacidad de movilización y una sugerente fórmula de debate.

En las aulas, en el recreo, incluso en la cancha de baloncesto, se organizan pequeñas círculos de sillas. No se intercambian chuletas, ni se celebran triples: aquí se debate sobre la nacionalización de la banca; un poco más allá sobre la reconversión ecológica de la economía. Cada punto del manifiesto tiene su rincón, que a su vez se divide en cinco grupos, de manera que hasta 50 diálogos se pueden desarrollar de forma simultánea: 'Aunque lo hemos trabajado durante semanas, la convocatoria la cerramos hace unos pocos días', explica satisfecha Esther Vivas. La metodología escogida llama la atención: basada en la teoría del Open Space, no conduce a acuerdo alguno, ni llega a conclusiones, ni se votan posiciones. Simplemente se dialoga 'sobre lo que interesa de verdad y no lo que alguien haya definido previamente', argumenta Sandra Carrau. Co-autora del diseño de la jornada, Carrau es miembro de Innova (Instituto para la innovación organizativa y social) y defiende como única ley la de 'los dos pies: cuando la charla deje de interesarte, te levantas y buscas otra'. ¿Funcionaría algo así entre los afiliados de los partidos tradicionales? 'No sé si el individuo se sentiría tan libre como para que este método sea extrapolable', valora.

Cualquiera puede proponer un diálogo dentro del marco de los 10 puntos del Manifiesto. Los hay jubilados, jóvenes con camisetas del Ché, más mujeres que hombres, muchos implicados en algunas de las casi 80 asambleas locales surgidas por toda Catalunya pero también otros que acaban de entrar en contacto con Procés Constituent hace unos minutos. Inés y Gemma, dos médicas de 30 y 33 años, están sentadas en el punto de penalti de una pista de fútbol sala, discutiendo sobre 'El camino de la paz a través del comercio'. 'La metodología es muy interesante. Acabo de participar en un diálogo y eso hará que luego pueda comentarlo con mi grupo de amigos', comenta Inés corroborando sin saberlo uno de los objetivos de la jornada. 'Buscamos un efecto multiplicador', explica a Público Arcadi Oliveres.

'Trabajamos para catalizar la unión de plataformas, partidos e indignados ante las elecciones de 2016' Después de ponerle cara y voz a los indignados, Oliveres lidera junto a Teresa Forcades este movimiento de refundación social, política y económica catalán que 'es percibido con mucho interés en el resto del Estado'. 'Me creí de verdad el 15-M pero nos equivocamos al pensar que bastaba con azuzar a los políticos. Hay que ir más allá. Por eso trabajamos para catalizar la unión de partidos, plataformas e indignados de cara a las elecciones de 2016. Queremos consolidar una base de gentes y contenidos en favor de una coalición de izquierdas'. Oliveres admite que quizá fueron demasiado optimistas al marcarse como objetivo 100.000 adhesiones al Manifiesto --ahora llevan unas 40.000-- pero la informática también ha jugado en contra en algún momento.

'Quizás nos hemos centrado demasiado en darnos a conocer a través de internet', valora Maite. A sus 68 años, esta profesora universitaria brinda a Procés su experiencia como socióloga. Le preocupa la falta de participantes veinteañeros, pero no mucho: 'Es una franja de edad desmovilizada; el capital ha hecho bien su trabajo', bromea antes de reflexionar sobre las redes. 'Hoy, por ejemplo, hemos recibido 765 adhesiones hasta las dos de la tarde. Pero también han venido unas cien personas de forma presencial. Ahí tenemos el verdadero reto: la clase trabajadora, en barrios y sin mucho manejo de internet'.

Sin conocerlo, Maite ha elaborado el perfil de Pep: tiene 55 años, es economista y lleva tres años combatiendo el paro con trabajos esporádicos en el mundo de la restauración. Ha bajado expresamente desde Vilanova i la Geltrú para compartir una idea que lleva tiempo madurando en solitario. '¿Sabías que cada persona es propietaria legal de la basura que genera?', lanza. 'Pues me gustaría crear una cooperativa de recaudación de residuos, que genere puestos de trabajo y permita aprovechar el dinero que dejamos escapar por culpa de una mala política de reciclaje. Una especie de banco de residuos, obviamente al margen de la administración'. En el área de Trabajo ya hay registradas más de 19 peticiones de diálogo --de las diez áreas es la que ha generado más propuestas-- pero uno de los voluntarios anota su inquietud en el tablón informativo. Con un poco de suerte, podrá dar a conocer su proyecto entre los participantes que lo consideren oportuno. Para Pep no es solo una cuestión de buscar interlocutores. También espera poder encontrar alguna mesa de diálogo en la que aportar su granito de arena. A colación de la cooperativa que tiene en mente, le interesa sobre todo 'la posibilidad de generar alternativas al sistema monetario actual. La moneda social puede sacar de la miseria a muchas personas y en comunidades reducidas puede funcionar'.

Su optimismo parece denominador común entre casi todos los participantes. Antes de que se destapen las carmanyoles -tarteras- y el diálogo le ceda protagonismo a las pechugas rebozadas, Vicenç Navarro también da muestras de satisfacción: 'Está siendo muy positivo, pues moviliza y procede de la sociedad civil. No es verdad que el 15-M no haya llegado a buen puerto: algunos de sus mensajes se han incorporado al debate político. Pero faltaba darle una visión global'. Navarro, viejo luchador por las libertades y opositor al franquismo, encuentra algún paralelismo entre esta jornada y el ambiente de la Transición: 'No comparo uno de los regímenes más sanguinarios de Europa con esta democracia incompleta que tenemos ahora pero el entusiasmo por el cambio si me parecen comparables. ¿Sabes? También la dictadura parecía imposible de cambiar. Franco se murió en la cama, pero a la dictadura la matamos en la calle'.

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