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Elecciones 10-N La izquierda conservaría su mayoría en la Mesa del Congreso, pero deberá buscar pactos

En mayo, Meritxell Batet fue elegida con 175 votos a favor, de PSOE, Unidas Podemos, PNV, Coalición Canaria, Compromís y el PRC. Ahora, estos grupos, con Más País, sumarían 168 escaños, mientras que PP, Vox, Cs y Navarra Suma tienen 153.

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La presidenta de la Cámara, Meritxell Batet (i), junto al vicepresidente segundo de la Mesa,  Gómez de Celis / EFE

La repetición electoral ha provocado un retroceso del bloque de la izquierda en el Congreso. Han caído el PSOE (3 escaños) y Unidas Podemos (7 escaños), y la irrupción de Más País se ha quedado muy lejos de frenar esa caída, pues con tres diputados, los de Íñigo Errejón no tendrán ni siquiera grupo propio.

 A la vez que se ha producido este debilitamiento del bloque progresista, la derecha ha ganado enteros y los conservadores han recortado distancias. Sin embargo, a pesar de la reducción de la ventaja respecto a la derecha en la Cámara Baja, la izquierda podría seguir conservando buena parte de los órganos de gobierno del Congreso.

Entre estos órganos está el más importante, la Mesa. En la pasada legislatura, el reparto dio lugar a una clara mayoría de izquierdas en la Mesa del Congreso, con tres diputados del PSOE y dos de Unidas Podemos, una situación que no se daba desde hacía 30 años.

Los de Pedro Sánchez y los de Pablo Iglesias llegaron a la sesión constitutiva de las Cortes con acuerdo de reparto del órgano, que situó a la socialista Meritxell Batet, exministra de Política Territorial y Función Pública, como la presidenta del Congreso para la XIII Legislatura, que acabaría siendo fallida.

El PSOE tenía, además, otros dos puestos entre los vicepresidentes y los secretarios, por lo que tenía a tres miembros de un órgano que se compone de nueve asientos. El PP, Ciudadanos y Unidas Podemos tenían a dos parlamentarios cada uno. El bloque progresista tenía cinco puestos, y los socialistas, además, disponían de una situación muy ventajosa; con sus tres diputados, podían alcanzar la mayoría en la Mesa de la Cámara mirando a su izquierda (con los de Iglesias), o a sus derechas (con Pablo Casado o con Albert Rivera).

La votación para designar a los miembros del órgano de gobierno del Congreso se producirá el 3 de diciembre, fecha contemplada en el decreto de convocatoria de elecciones para celebrar la sesión constitutiva de las Cortes. En la sesión de mayo, y con ese acuerdo previo entre el PSOE y Unidas Podemos, Batet fue elegida presidenta en segunda vuelta y con 175 votos a favor. Hubo que ir a una segunda vuelta porque la socialista catalana no alcanzó la mayoría absoluta en la primera.

Los votos favorables vinieron del propio Grupo Socialista, de Unidas Podemos, del PNV, de Coalición Canaria, de Compromís y del PRC. Si se volviera a repetir esta ecuación después de las elecciones del domingo, el resultado perdería fuerza, concretamente siete votos, y la candidata del PSOE obtendría 168 votos (sumando a los de estas fuerzas los tres de Más País, donde se integra el único diputado de Compromís).

Vox no votó a favor de Ana Pastor en mayo

En la segunda vuelta de la votación, Batet midió sus fuerzas con la candidata del PP, Ana Pastor, que había sido la presidenta del Congreso durante la legislatura anterior. La conservadora obtuvo entonces 125 apoyos (los del PP, los de Ciudadanos, y los de Navarra Suma, que fueron en coalición con Casado y con Rivera).

La situación en la derecha en mayo no se puede extrapolar, al menos de momento, a la sesión constitutiva de las Cortes que tendrá lugar el 3 de diciembre. Entonces, Ciudadanos, con 57 escaños, prestó sus votos en la segunda vuelta a Ana Pastor, pero Vox rechazó hacerlo y votó en blanco, al igual que formaciones como JxCat o Bildu.

Puede que los de Santiago Abascal lleguen a un acuerdo con el PP para el reparto de la Mesa del Congreso, algo que obligaría al bloque de la izquierda a buscar pactos fuera de las formaciones estatales (PSOE, Unidas Podemos y Más País). Sin embargo, en este contexto no está tan claro qué haría Navarra Suma porque, a pesar de haber ido en coalición con los de Casado, tendría que plantearse si participar de un pacto que incluye a una formación que está abiertamente en contra del Estado de las Autonomías y que defiende una política territorial centralista.

Tampoco está claro que finalmente PP y Vox traten de llegar a un acuerdo para complicarle el reparto de la Mesa a las formaciones progresistas. Ambos partidos podrían ocupar dos puestos cada uno con sus propios votos, como ya hicieron Ciudadanos y PP en la legislatura pasada. Tanto los vicepresidentes como los secretarios del órgano se eligen en una única votación directa y secreta en la que los diputados deben escribir el nombre del candidato al que apoyan; se reparten los asientos en sentido decreciente y en función de los votos obtenidos (de mayor  menor, del vicepresidente y el secretario primeros hasta  los cuartos puestos). La correlación de fuerzas ha cambiado a favor de la derecha, pero la ventaja que conserva la izquierda hace casi imposible una mayoría de PP y Vox en la Mesa.

Sin embargo, si se repite un pacto entre el PSOE y Unidas Podemos en este sentido, necesitarían de nuevo los apoyos de otras formaciones, y su caída en las elecciones obligaría a los de Sánchez y a los de Iglesias a buscar pactos más amplios que los de mayo para garantizarse una mayoría en la Mesa. En mayo, tanto ERC como Bildu decidieron votar en blanco y no apostar por Batet. Pocas semanas después, el órgano suspendió a los diputados del procés presos con una decisión que suscitó polémica y algunas dudas jurídicas.

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