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Elecciones 2019 Rajoy se aferra a Andalucía para taponar la sangría de votos del PP a Cs

Tras ser barrido en Catalunya, el presidente del Gobierno intensifica su agenda en la comunidad que más escaños aporta al Congreso y donde aún es la fuerza más votada, por delante del PSOE de Susana Díaz. El PP busca afianzar a su electorado en una región donde la formación naranja aún no disfruta del auge de Rivera y Arrimadas.

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Juan Manuel Moreno Bonilla y Mariano Rajoy en una imagen de archivo. EFE

Hay una norma no escrita que todos los estrategas políticos tienen en cuenta cuando se adentran en un largo periodo preelectoral, como ya lo está siendo 2018. Para ganar las elecciones generales, es imprescindible acuñar un buen resultado en Andalucía y Catalunya. Entre ambas comunidades suman casi un tercio de los diputados en el Congreso: 108 escaños, 61 andaluces y 47 catalanes. Después de que el PP haya sido barrido del mapa político catalán, los asesores de Mariano Rajoy han intensificado su agenda en Andalucía, un territorio donde fueron el partido más votado en las últimas generales, superando en tres escaños al todopoderoso PSOE de Susana Díaz.

En Andalucía, los populares siempre han tenido mejor resultado en las generales que en las autonómicas, donde llevan siendo alternativa de Gobierno a los socialistas casi 40 años. El fiasco de las catalanas y el goteo constante de los casos de corrupción que acosan al PP (Lezo, Gürtel, Bárcenas…) están minando la estabilidad del partido. Rajoy necesita taponar la sangría de votos hacia Ciudadanos y para ello buscará afianzar a su electorado en Andalucía, una región donde la formación naranja aún no disfruta del auge de Albert Rivera o Inés Arrimadas. El problema es que las encuestas, propias y ajenas, dibujan a un PP andaluz en retroceso y a un candidato -su presidente, Juan Manuel Moreno- demasiado frágil para contener la fuga de votos.

En 2019 hay programadas tres citas electorales importantes: europeas, autonómicas y municipales, que van a medir el estado de salud de todos los partidos. Por ahora, todas las encuestas amenazan al Gobierno de Rajoy con un sorpasso por la derecha de Ciudadanos. Aunque el presidente ha desdeñado los sondeos que vaticinan el desgaste progresivo del PP y el avance imparable de la formación de Albert Rivera, sus estrategas pilotados por el incombustible Pedro Arriola y por el eterno hombre de confianza, Javier Arenas, le han apremiado para que “intensifique su presencia en Andalucía”, donde el PP es más fuerte que el PSOE, y la amenaza de Cs es menor que en el conjunto del país.

En las últimas elecciones generales, los populares se convirtieron en la primera fuerza de Andalucía y lograron 5 diputados, tres más que el PSOE de Díaz. Obtuvieron un porcentaje de votos levemente superior al del PP en el conjunto nacional: un 33,5% del escrutinio (1,4 millones de papeletas). El resultado dista mucho de aquella mayoría aplastante y absoluta que logró el PP en las generales de 2011, aquellas que Rajoy agradeció personalmente a Arenas por el éxito que había obtenido en Andalucía: 1,98 millones de votos, el 45,5%, nueve puntos por delante del PSOE. Más de la mitad de los diputados andaluces del Congreso en aquella legislatura (33 de 60) provenían del PP.

Rajoy ha tomado nota de las advertencias de sus fieles: el pasado lunes, en el marco de la junta directiva nacional del PP, confirmó que la próxima convención nacional del partido se celebrará en Andalucía en el mes de marzo (aún no está cerrado si será en Sevilla o en Málaga). Y este mismo sábado viajará con su equipo a la capital andaluza para presidir un acto municipal, un formato tan estrecho para un presidente del Gobierno, que algunos piensan que viene a desbloquear las candidaturas para las alcaldías más importantes, y otros sostienen que viene a dar oxígeno al presidente del PP andaluz, Juanma Moreno, que ya ha iniciado su propia campaña electoral prometiendo 600.000 empleos netos si se convierte en el próximo presidente de la Junta. “Me queda menos tiempo de lo que muchos piensan”, les dijo a los suyos el miércoles.

Las alcaldías pendientes

Los populares sevillanos han movilizado a la militancia para que asistan masivamente al acto de Rajoy, en un céntrico hotel de la capital. Al margen del pulso entre familias del PP -la próxima contienda es sobre la candidatura a la Alcaldía de Sevilla- todos ellos necesitan tensionar al partido y sacar músculo ante la visita escrutadora de Rajoy. Por eso Moreno organizó el miércoles en el centro de Sevilla su primer acto de campaña, rodeado de la plana mayor de su equipo y blandiendo promesas electorales como si las urnas fueran a abrirse en pocos días.

El líder popular actúa como si Susana Díaz le hubiera confirmado que habrá adelanto electoral este año, aunque la presidente le haya reiterado por activa y por pasiva que no será así. “Relájese, no voy a adelantar”, le espetó en la última sesión de control al Gobierno. El PSOE andaluz está cómodo, relajado, tiene encuestas en la mano que le hacen respirar tranquilo, y no aparenta ninguna prisa por acudir a los comicios.

Rajoy va a tantear el terreno en Andalucía antes de activar la maquinaria electoral para las municipales. El músculo del PP andaluz siempre ha estado en los municipios grandes, pero ahora gobierna menos capitales que nunca y los cabeza de cartel son una incógnita. El partido no puede equivocarse, y los aspirantes mejor posicionados están deseosos de que Génova dé el visto bueno para iniciar su carrera electoral. Si no lo ha hecho ya, es porque la elección de los candidatos del PP para las principales alcaldías de Andalucía suele estar sujeta a un pulso entre las distintas corrientes de poder en la dirección nacional, que pugnan por el control del partido: los leales a María Dolores de Cospedal y Juan Ignacio Zoido, los afines a Javier Arenas, la intermediación de Soraya Sáenz de Santamaría, a quien le debe su puesto el propio Juanma Moreno.

De todas las capitales, Sevilla es la plaza más disputada, no sólo por su peso poblacional, sino por el simbolismo que representa por ser el corazón del PSOE de Susana Díaz. Rajoy necesita recuperar esta alcaldía, que Zoido perdió en favor del socialista Juan Espadas. Desde el PP de Sevilla aseguran que la visita del presidente del Gobierno representa un “apoyo explícito” a la presidenta provincial, Virginia Pérez, que se ganó el cargo en unas primarias a cara de perro frente al anterior líder, Juan Bueno (el hombre de Zoido). De ser así, también quedaría despejada la proclamación de Beltrán Pérez como candidato a la Alcaldía de Sevilla, una persona de la confianza de Javier Arenas.

El PP tiene encuestas propias que le auguran una caída significativa de votos en favor de Cs

Pero es improbable que Rajoy vaya a protagonizar un gesto explícito en este sentido, más allá de aparecer juntos en la misma foto (que también tiene valor). Beltrán Pérez lleva 15 años como concejal en el Ayuntamiento, cree haberse ganado a pulso el cartel electoral, pero la dirección regional de Juanma Moreno le mira de reojo porque teme que su nombramiento refuerce el peso del PP de Sevilla frente al PP de Málaga, donde se concentran sus leales.

La dirección nacional del partido tiene encuestas propias y ajenas que coinciden en la debilidad de Moreno como cartel electoral, y le auguran una caída significativa de votos en favor de Ciudadanos. En este momento, el PP andaluz se encuentra en su suelo electoral, 33 diputados en el Parlamento autonómico (llegó a tener 50) frente a los 47 del PSOE-A, un 26,7% del escrutinio (algo más de un millón de votos), frente al 35,4% de los socialistas.

Las encuestas en contra

El PSOE y varios miembros de la Junta de Andalucía han difundido esta semana a través de las redes sociales una encuesta de la empresa Celeste-Tel, publicada por varios medios andaluces, que auguran una nueva victoria de Susana Díaz en las autonómicas, que ampliaría su ventaja en 11 puntos respecto al PP (ganaría un diputado). Según este sondeo, que coincide con las encuestas internas del PSOE, los populares volverían a caer por debajo de su suelo electoral hasta un mínimo histórico (31 escaños, dos menos que en la actualidad), y cederían terreno a Ciudadanos, que pasaría de 9 a 13 diputados.

El ascenso de la formación naranja que predicen las encuestas en Andalucía no es equiparable al auge que vive el partido de Albert Rivera en Catalunya o en el conjunto del país. Su portavoz y virtual candidato en las próximas elecciones, Juan Marín, no tiene el grado de popularidad que Inés Arrimadas, aunque los encuestados valoran positivamente su temple tranquilo y parecen aprobar el papel de soporte al Gobierno de Susana Díaz que han jugado en esta legislatura.

Antonio Maíllo, líder de IU-CA, y Teresa Rodríguez, de Podemos, en un mitin en Granada. EFE

El PP andaluz lleva todo el mandato confrontando con Ciudadanos tanto como el PSOE, consciente de que los naranjas le disputan el espacio electoral de la derecha. Con una mano libran un pulso a los de Rivera y con la otra hacen cuentas para ver si alcanzan juntos una mayoría suficiente que desbanque del poder a Susana Díaz. La formación naranja se ha mostrado dispuesta de pactar con uno u otro, según resulten los próximos comicios, aunque hoy por hoy están más cerca de entrar en el futuro Gobierno del PSOE.

El eje político de las próximas elecciones autonómicas parece haberse desplazado hacia la derecha desde los comicios de 2015. Entonces se libraba una batalla encarnizada entre PSOE, Podemos e IU por adueñarse de la hegemonía de la izquierda, pero ahora los sondeos vaticinan un desgaste acusado del partido de Teresa Rodríguez, que perdería dos escaños (de 15 a 13) y se vería igualado por Ciudadanos. La formación morada aún no ha logrado amarrar el acuerdo de confluencia con IU, a un año vistas para las elecciones, y la coalición que dirige Antonio Maíllo también aparece menguada en los sondeos, con un 6,4% del sufragio, con el que pasaría de cinco a cuatro escaños, el mínimo histórico. Ante esta perspectiva, queda poco espacio para una alternativa que no pase por la confluencia Podemos-IU.

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