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Elecciones Cataluña El independentismo afronta dividido el 14F, pero con muchas opciones de mantener la mayoría

Desde el 1-O no existe una estrategia unitaria del movimiento. Tras una legislatura marcada por los reproches entre ERC y JxCat, pese a compartir Govern, sus hojas de ruta son claramente divergentes. La CUP, con su apuesta por un nuevo referéndum, tiene serias posibilidades de doblar representación, un factor clave para que el independentismo conserve la mayoría absoluta en el Parlament.

El candidato de ERC a la presidencia de la Generalitat, Pere Aragonès, interviene durante un mitin de Esquerra Republicana de Catalunya.
El candidato de ERC a la presidencia de la Generalitat, Pere Aragonès, interviene durante un mitin de Esquerra Republicana de Catalunya. Alejandro García / EFE

El independentismo llega dividido a las elecciones al Parlament, sin una estrategia compartida para avivar la llama del procés, con un nivel de movilización a la baja, pero todo apunta que mantendrá —e incluso puede reforzar— la mayoría absoluta de escaños. Esta es la particular paradoja del movimiento político hegemónico en la sociedad catalana, que no vive ni de lejos su mejor momento y que en líneas generales ha asumido que la República propia no llegará a corto plazo.

Tras una legislatura marcada por la represión —con el juicio del 1-O en el Tribunal Supremo como punto culminante— y por las constantes desavenencias que ERC y Junts per Catalunya (JxCat) han protagonizado en el Govern, la campaña ha ratificado que no existe una hoja de ruta compartida entre los partidos independentistas. La petición de la amnistía para los presos y exiliados políticos es de los pocos consensos que mantienen. El miércoles transcendió que todos han firmado un compromiso para no pactar un Govern con el PSC, impulsado por exdirigentes de la ANC.

El referéndum del 1 de octubre de 2017 marcó el punto culminante y, a la vez, el principio del fin de la estrategia unitaria de partidos —fundamentalmente ERC, JxCat y la CUP— y entidades —ANC y Òmnium Cultural— independentistas, que ya se empezó a deshinchar durante las semanas que antecedieron la aprobación descafeinada de la declaración unilateral de independencia (DUI), el 27 de octubre. La DUI desencadenó la imposición del 155, el cese del Govern —posteriormente procesado y con todos sus miembros en prisión o en el exilio— y la convocatoria de elecciones catalanas para el 21 de diciembre. En pleno choque emocional por el encarcelamiento de algunos de sus líderes, el independentismo logró mantener la mayoría en el Parlament, pese a que Ciudadanos fue la formación más votada.

Y tras un período de duelo y autocrítica —más o menos intensa en función de la organización—, las estrategias empezaron a reformularse. ERC ha ido aparcando la unilateralidad, para apostar por la llamada "vía amplía", que implica sumar más catalanes al proyecto independentista y consolidar al conjunto del movimiento por encima del 50% de los votos en sucesivas elecciones, además de defender el referéndum acordado. JxCat hace bandera de la confrontación con el Estado —fundamentalmente retórico y judicial— y aboga por reactivar la DUI. Y la CUP apuesta por volver a una movilización de masas y celebrar un nuevo referéndum antes de 2025, con o sin acuerdo con el Gobierno español.

El reto del 50% de los votos

La decisión de decantarse por una u otra estrategia, con independencia de que sea más o menos realista, ha ido ensanchando las diferencias entre unas formaciones que ya tienen divergencias muy notables en cuestiones sociales y, sobre todo, económicas y fiscales. Por ejemplo, mientras que la CUP y, en menor medida, ERC defienden reformas impositivas de carácter progresista que permitan una mayor redistribución de la riqueza, JxCat no va más allá de la fiscalidad verde y el PDeCAT quiere rebajas tributarias que favorecerían a las rentas alta, al más puro estilo neoliberal.

Criticar públicamente al socio de Govern —y adversario político— ha sido una constante los últimos tres años entre JxCat y ERC, desde la negativa de los republicanos a investir a distancia a Carles Puigdemont hasta la gestión de la crisis, que ha recaído principalmente en departamentos en manos de ERC. Paralelamente, la actuación de los Mossos d'Esquadra al reprimir numerosas protestas independentistas ha provocado constantes reproches de la CUP a JxCat, quien ha comandado la policía autonómica a través de la Conselleria de Interior. El mismo Govern que llamaba a la movilización ciudadana contra los represaliados del Procés no ha dudado en llevar a juicio a varios activistas independentistas de base, alguno de los cuáles ya ha sido condenado a prisión.

Las encuestas dan a ERC y a JxCat opciones de ganar el domingo

Las encuestas dan a ERC y a JxCat opciones de ganar el domingo, situándose a la par del PSC. Las tres formaciones se moverían alrededor de los 30 escaños y el 20% de los votos, mientras que la CUP afronta los comicios con los sondeos de cara, ya que podría doblar los cuatro diputados actuales. Más complicado lo tiene el PDeCAT, la formación que lidera la exconsellera Àngels Chacón y de la que forma parte Artur Mas, ya que no tiene ni de lejos garantizada su presencia en el próximo Parlament. En cualquier caso, el grueso de los sondeos apunta que las fuerzas que apuestan por el estado propio mantendrán o superarán los 70 diputados actuales, con una cierta bajada de la suma de ERC y Junts que se vería compensada por la subida de la CUP.

La más que segura bajada de la participación —se derrumbará al menos 20 puntos desde el récord del 79,1% del 2017— implicará que el conjunto del independentismo pierda cientos de miles de votos. Con todo, en términos relativos no se puede descartar que supere el 50% de los sufragios, un logro inédito y uno de sus grandes retos pendientes. En 2017 logró el 47,5% de las papeletas.

Entre el unilateralismo y el diálogo

Precisamente, si el independentismo logra superar el 50% de los votos, JxCat —siempre que gobierne— se compromete en su programa electoral a "ratificar" las declaraciones de soberanía aprobadas por el Parlament el 2013 y 2015, así como la proclamación de la DUI. Posteriormente, se instaría al Estado a negociar un referéndum acordado, además de apelar a organismos europeos.

La actual mesa del diálogo entre gobiernos sólo es defendida claramente por ERC y PDeCAT

Pero si el ejecutivo estatal se mantiene en el "inmovilismo", la lista liderada por Carles Puigdemont y Laura Borràs plantea que el Govern debe estar dispuesto a tomar "decisiones" unilaterales, que permitan activar la DUI "cuando se pueda defender". Esta misma semana, Borrás ya ha prescindido del requisito del 50% para afirmar que estos pasos se podrían activar simplemente con la mayoría de escaños, algo que ya se daba esta legislatura. La ANC, que defiende la proclamación de la independencia si se logra superar la mitad de los votos, ha manifestado que JxCat es quién se acerca más a su programa.

Por su parte, ERC hace bandera de la vía del diálogo con el Estado para lograr un referéndum pactado, dejando de lado la unilateralidad. En este sentido, la formación de Aragonés apuesta de hace algunos años por sumar más personas al proyecto independentista, de manera que se logre una mayoría clara de catalanes que, con el tiempo, haga inevitable una votación para lograr una república propia. El PDeCAT también apuesta por el referéndum acordado y la vía negociada, mientras que la CUP propone celebrar un referéndum antes del 2025. Sin descartar la negociación con el Estado, los anticapitalistas ven complicado que se pueda ser pactado y defienden la necesidad de una movilización sostenida para lograr una nueva votación que, a diferencia del 1-O, debería ser reconocida a nivel internacional. La actual mesa del diálogo entre gobiernos sólo es defendida claramente por ERC y PDeCAT.

Escisiones en JxCat

La actual legislatura ha estado marcada también por las escisiones en el espacio postconvergente. En mayo del año pasado nació el Partit Nacionalista de Catalunya (PNC), que implicó la salida de JxCAT —y del PDeCAT— de dirigentes como Marta Pascal o los antiguos diputados en el Congreso Carles Campuzano y Jordi Xuclà. La formación, que apuesta por un soberanismo moderado y huye de cualquier enfrentamiento con el estado, presenta a Pascal de cabeza lista, pero ninguna encuesta le da la más mínima opción de obtener representación.

Y en octubre se confirmó la ruptura entre el PDeCAT y JxCat, tras meses de negociaciones fallidas sobre la confluencia definitiva entre las dos formaciones que tienen como principales referentes a los expresidents Artur Mas y Carles Puigdemont, respectivamente. La separación ha provocado que se presenten por separado a los comicios y que las decenas de miles de votos que obtenga el PDeCAT —con una apuesta moderada en lo nacional y claramente de derechas en lo económico— resten opciones de victoria a JxCat.

Primàries, exponente extremo del independentismo mágico o exprés -que insiste que es factible aplicar la DUI de manera inmediata- o el xenófobo Front Nacional de Catalunya completen el mapa de lista independentistas para el 14-F, aunque sin posibilidades reales de estrenarse en el Parlament. Cinco meses después de una Diada del 11 de septiembre descafeinada por la covid-19, nada hace presagiar que se avance hacia una estrategia unitaria independentista ni que se terminen los reproches entre los partidos. Al mismo tiempo, en ningún caso se puede descartar la reedición del acuerdo de Govern entre JxCat y ERC que, de hecho, es la única manera que tienen los primeros de seguir en la Generalitat ante una Esquerra que tiene más juego.

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