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Elecciones europeas Cinco hitos en cinco años de Eurolegislatura

La próxima semana, millones de europeos acudirán a las urnas para elegir a sus representantes en el Parlamento Europeo. Repasamos los momentos que han marcado estos cinco años de legislatura y marcarán la agenda política de la siguiente.

Parlamento Europeo. ERICH WESTENDARP

Beatriz Ríos

El 18 de abril de 2015, un barco con varios centenares de personas -los testigos hablan de cerca de 950- naufragó en el canal de Sicilia. Apenas una treintena de personas sobrevivió. La tragedia conmocionó a Europa y tuvo como resultado la primera cumbre extraordinaria de una crisis de la gestión de los flujos migratorios que marcaría la legislatura. Desde entonces, al menos 14,700 personas han muerto tratando de alcanzar Europa cruzando el Mediterráneo, según datos del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados.

Las guerras y la persecución en países de Oriente Próximo y África desembocaron en una crisis humanitaria solo comparable con la que desató la Segunda Guerra Mundial, algo más de un millón de personas lograron alcanzar territorio Europeo huyendo de la violencia y la miseria. A aquel naufragio le seguirían las imágenes de cientos de lanchas llegando a Grecia desde Turquía, la imagen del pequeño Aylan Kurid, las miles de personas cruzando Europa a través de la ruta de los Balcanes, los incendios en los campos de Moria en Grecia, la nieve en Serbia.

Aunque en un principio los países de la UE mantuvieron las fronteras abiertas para dar acogida a los demandantes de asilo -en particular Alemania-, pronto se produjo un endurecimiento de las políticas migratorias. El sistema de reubicación -desde Grecia e Italia- y reasentamiento -desde terceros países- de demandantes de asilo fue un fracaso. Algunos países, como Hungría o Polonia, se negaron a participar. Otros, no cumplieron con las cuotas establecidas.

En marzo de 2016, los estados miembros y Turquía firmaron un acuerdo que ponía fin a la ruta migratoria del Mediterráneo Oriental, a cambio de varios miles de millones de euros al gobierno autoritario de Recep Tayyip Erdoğan para que se hiciera cargo de quienes llegaran al país. Miles de personas siguen a día de hoy varadas en Turquía, Grecia o Libia, sumida en una cruenta guerra civil. La persecución contra las ONG que trabajaban en el Mediterráneo ha hecho además que las labores de búsqueda y rescate en el mar se hayan reducido notablemente. La UE, eso sí, aprobó incrementar el número de oficiales para el sistema de protección de fronteras -FRONTEX- y trata de acelerar las negociaciones para establecer acuerdos de deportación con terceros países. Sin embargo, no ha sido capaz de reformar su política común de asilo.

El Parlamento Europeo logró un acuerdo con una amplia mayoría a su postura para negociar la reforma, que incrementaba el reparto de la responsabilidad de la acogida, incluye vías de llegada segura a Europa y proponía sanciones para los estados miembros que no la cumplieran. Sin embargo, los estados miembros mantienen la legislación bloqueada en el Consejo.

Lograr una política migratoria común en el pleno respeto de la legalidad internacional y los derechos humanos volverá a ser un reto para la próxima legislatura.

Economía: la noche que Grecia casi abandona el euro

La llegada de Alexis Tsipras -y con él, Yanis Varoufakis- y Syriza a la cabeza del gobierno en 2015 supuso un giro en la política económica del gobierno griego. Los helenos hacían frente a un rescate que evitó la quiebra del país, tras una desastrosa gestión de la crisis financiera por parte de los ejecutivos anteriores. El programa de ajuste, y las medidas de austeridad que suponían, tuvieron un impacto brutal para la sociedad griega -pobreza, desigualdad, paro…- que todavía hoy sufre las consecuencias.

El gobierno de Syriza plantó a cara a las instituciones, se negó a cumplir con las condiciones del rescate y pidió renegociarlas, al entender que estas tenían graves consecuencias sociales y dificultaban la recuperación económica del país. En apenas seis meses, se celebraron decenas de Eurogrupos -en los que se reúnen los ministros de Finanzas de los 19 países de la Eurozona- para tratar de dar una salida a la crisis.

En julio de 2015, Alexis Tsipras convocó un referendum sobre las condiciones que la Troika imponían a Grecia para un tercer rescate al país. Los griegos dijeron no y Varoufakis dimitió para “facilitar la negociación.” No sirvió de nada. Tras un un impago al Fondo Monetario Internacional y un corralito, Tsipras se vio forzado a aceptar un acuerdo muy similar al que los ciudadanos habían rechazado en referendum, en una cumbre del euro que duró más de 17 horas y en la que la salida de Grecia del euro estuvo sobre la mesa.

Grecia concluyó su tercer programa de rescate el pasado mes de agosto. La crisis social, sin embargo, no ha acabado. El país sigue siendo el estado de la UE con la tasa de desempleo más alta, aunque comienza a ver la luz al final del túnel. Grecia se encuentra ahora, eso sí, bajo supervisión reforzada y deberá cumplir con las exigencias de las instituciones para acceder a una eventual quita de la deuda.

Durante una rueda de prensa antes de la cumbre extraordinaria de Sibiu (Rumanía) en la que los líderes de la UE se reunían para discutir sobre la agenda de los próximos 5 años para la UE, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, dijo que haber mantenido a Grecia en el euro es el mayor logro de su mandato, también que algunos estados presionaron para lo contrario. Durante el 20 aniversario del euro en enero, Juncker admitió que la austeridad impuesta a Grecia fue “irreflexiva” y que la UE no fue suficientemente solidaria con el país.

Acabada la crisis -aunque aún sufran sus consecuencias los ciudadanos-, Bruselas hace balance de las políticas económicas que siguieron y reconoce que faltó flexibilidad, también medios. Los estados miembros negocian desde hace meses la reforma de la Unión Económica y Monetaria con la intención de reforzarla, de cara a futuras crisis. Las capitales se han dado hasta junio para alcanzar un acuerdo.

Brexit: por primera vez un Estado decide abandonar la UE

Durante la campaña electoral de 2015 en Reino Unido, el líder de los conservadores, David Cameron prometió un referendum sobre la pertenencia a la UE si era elegido primer ministro. Lo hizo con la intención de reunificar a su partido, roto por su posición respeto a la Unión, y porque pensaba que los británicos votarían para quedarse. El 23 de junio de 2016, los ciudadanos de Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte fueron a las urnas. Votaron en favor del Brexit. Juncker lamentaba recientemente no haber intervenido en la campaña. “Permanecí en silencio en un momento importante,” reconoció el todavía presidente de la Comisión.

Cameron dimitió tras conocerse los resultados. Le sucedió la todavía hoy primera ministra, Theresa May, que activó el artículo 50 -que regula la salida de un estado miembro de la UE- el 29 de marzo de 2017, casi un año después del referendum. También convocó elecciones, en las que los Conservadores perdieron la mayoría, retrasando así el comienzo de las negociaciones para las que los tratados prevén un máximo de dos años.

Reino Unido es el primer estado en la historia de la UE que decide abandonar el bloque. La decisión supuso un shock político importante en Bruselas y ha desembocado en dos años de negociaciones para determinar en qué condiciones abandona Londres la UE. Durante las conversaciones, dimitieron dos secretarios de Estado británicos para el Brexit, David Davis and Dominic Raab, y un buen numero de ministros.

En noviembre de 2018, Londres y Bruselas cerraron el acuerdo de salida de Reino Unido de la UE y la declaración política que establece unos primeros trazos de lo que será la relación futura. Sin embargo, May ha sido incapaz de asegurar el respaldo de la Cámara de los Comunes y ha tenido que pedir hasta en dos ocasiones la extensión del periodo de negociación. Si nada cambia, Reino Unido abandonará la Unión el próximo 31 de octubre, aunque puede irse tan pronto como apruebe el acuerdo. Sin embargo, la negociación entre Laboristas y Conservadores para alcanzar un compromiso que permita ratificar el texto no parecen haber sido fructíferas. La incertidumbre sigue rodeado el Brexit.

Y casi tres años después de votar para abandonar el bloque, los británicos participarán en las elecciones europeas el próximo jueves. Es una cuestión legal, de no hacerlo siendo aún estado miembro, la constitución de la nueva Eurocámara podría ser considerada inválida y todas sus decisiones, contestadas. Si los eurodiputados británicos tomarán o no su escaño cuando se constituya el Parlamento en julio, sin embargo, está aún por ver.

Cualquier acuerdo sobre el Brexit tendrá que ser aprobado por la nueva Eurocámara. Además, los líderes de la UE esperan poner punto y final hasta historia, que ha estado dificultando el trabajo de la UE en otras areas. “Una agenda positiva es más urgente que nunca,” advirtió el president de la Comisión saliente hace unas semanas.

El impacto de la llegada de Trump a la Casa Blanca

El 8 de noviembre de 2016, Donald Trump fue elegido presidente de Estados Unidos, ante la estupefacción del mundo que miraba con recelo la llegada del multimillonario a la Casa Blanca. Europa no tardó en sufrir las consecuencias.

Trump no ha escondido jamás su aprensión respecto a la Unión Europea, ha criticado con dureza a sus líderes más destacados, y se ha codeado sin reparos con los más euroescépticos, incluido el húngaro Viktor Orban. La llegada de Trump a la Casa Blanca supuso un cambio fundamental en la política exterior de Estados Unidos. Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, lamentaban desde Bruselas, Europa no puede contar con los americanos como aliados.

Hay tres decisiones del presidente de los Estados Unidos que han tenido un impacto notable para la UE.

La primera fue el anuncio de la Administración Trump de abandonar los acuerdos de París por el clima, mediante el cual 195 países se comprometieron a llevar acabo un plan de acción a fin de poner coto al calentamiento global. El rol de la UE en las negociaciones fue fundamental. Que una de las mayores potencias geopolíticas e industriales del mundo lo abandone, un duro golpe.

La segunda fue la decisión de Trump de reimponer sanciones a Irán, poniendo en riesgo el conocido como Plan de Acción Integral Conjunto, más conocido como acuerdo nuclear con Irán. El objetivo del plan es que el programa nuclear iraní tenga fines exclusivamente pacíficos e intensificar las relaciones económicas con Teherán. El acuerdo es uno de los mayores logros diplomáticos de la Unión, en el que también participan Francia, Reino Unido, Alemania, EEUU, Rusia y China. Trump dice no fiarse de Teherán y al reimponer sanciones -que afectan también a empresas extranjeras- deja casi sin efecto el acuerdo. Irán ya amenaza con dejar de cumplirlo si los aliados no encuentran una forma de aliviar el impacto de las sanciones.

La tercera es la guerra comercial que Trump ha comenzado con la UE. En mayo de 2018, Donald Trump anunció la imposición de aranceles a las importaciones de aluminio y acero desde un buen número de países, incluidos los estados miembros de la UE. Esta decisión, sumada a una acción similar contra la aceituna española y las continuas amenazas con imponer restricciones a la importación de coches ha incrementado las tensiones entre Washington y Bruselas. En julio del año pasado, Jean-Claude Juncker se reunió con Trump con el fin de buscar una salida negociada. La Casa Blanca no levantó los aranceles pero la UE y Estados Unidos negocian un acuerdo comercial sobre bienes industriales que aspira a poner frente a la escalada en esta guerra comercial.

Salvini, Macron, Thunberg… turbulencias en europa

Casi tan importante, o incluso más, como elegir a los representantes para el Parlamento Europeo, es votar en las elecciones nacionales. Como co-legisladoras, la Eurocámara y el Consejo de la UE -que reúne a los ministros de los 28- son responsables en gran medida de diseñar la legislación europea. El Consejo Europeo, que reúne a los jefes de estado y de gobierno- marca la agenda. Los estados nominan además a los miembros de la Comisión Europea, que deben ser aprobados por el Parlamento.

Así, las turbulencias en la política nacional de los distintos países de la UE también ha tenido un impacto importante en la política europea. Gran parte de los estados miembros acudieron a las urnas durante la pasada legislatura o lo harán en los próximos meses.

En 2017, Europa parecía haber salvado los muebles. Una coalición de casi una decena de partidos evitó la llegada de la extrema derecha al gobierno en Países Bajos. En Alemania, a pesar de una notable caída de la CDU, Angela Merkel se mantuvo -aunque mucho más débil- a la cabeza de la cancillería y en Francia, el europeísta Emmanuel Macron, venció con una importante mayoría a la ultraderechista Marine Le Pen. El sueño europeo de Macron se ha visto difuminado. Apenas ha conseguido influenciar la agenda de la Unión y, con el nacimiento del movimiento de los ‘chalecos amarillos’ contra sus políticas domésticas, también ha caído en picado su popularidad en Francia.

Las cosas, sin embargo, empezaron a torcerse en Austria en octubre de 2017 cuando el líder de los populares en el país, Sebastian Kurz, decidió aliarse con los ultras de la FPÖ para formar gobierno. La última vez que la ultraderecha entró en el gobierno austríaco, la UE estableció un cordón sanitario. No fue así esta vez. Kurz sabía con quién se metía en la cama. El pasado viernes, estalló un escándalo al publicarse un vídeo en el que su vice-canciller, Heinz-Christian Strache, aparecía negociando con una falsa millonaria rusa favores políticos a cambio de respaldo mediático. Kurz se ha visto obligado a romper el acuerdo de gobierno y llamar a elecciones en septiembre.

En 2018, el ultraderechista de la Lega, Matteo Salvini, se hacía con la vicepresidencia del gobierno en Italia tras pactar con los antisistema del Movimiento 5 Estrellas, con importantes consecuencias en particular en política migratoria. También Viktor Orban venció en Hungría por una aplastante mayoría, en unas elecciones contestadas por la comunidad internacional, en un país que ha visto una importante reducción de la libertad de prensa en los últimos años. Orban, aunque suspendido, sigue siendo miembro del Partido Popular Europeo.

Sin embargo, mientras todo el mundo miraba el auge de la extrema derecha en calles e instituciones, surgió también el movimiento de los ‘viernes for el futuro’ impulsado por la jovencísima activista contra el cambio climático Greta Thunberg. Thunberg ha logrado llevar las políticas de protección del medio ambiente al centro del debate político, inspirando a miles de jóvenes en toda Europa a salir a la calle para reclamar a sus representantes más acción contra el calentamiento global. En países como Alemania o Bélgica, esta lucha coincide en Alemania o Bélgica con un aumento del apoyo a partidos ecologistas.

En los últimos años, los paridos tradicionales en Europa -a derecha e izquierda- han visto caer en picado su apoyo, además del surgimiento de nuevas fuerzas. Aunque la victoria de Pedro Sánchez en España rompe ligeramente esa tendencia, lo cierto es que la fragmentación y el nacimiento de nuevos partidos políticos ha hecho la política en el continente aún más compleja. Esa fragmentación y el auge de partidos ultra ya en el gobierno, que se verá reflejada en la Eurocámara, también tendrá un impacto importante en la toma de decisiones en la Unión Europea.

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