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Elecciones municipales La marejada socialista amenaza las mareas del cambio en Galicia

Xulio Ferreiro y Martiño Noriega defienden su gestión social en A Coruña y Santiago pese a los palos en las ruedas de la oposición y los poderes fácticos, al tiempo que consideran un espejismo las encuestas que favorecen al PSOE. Mientras, Jorge Suárez se aferra en Ferrol a un “gobierno épico” en minoría ante la actual atomización de la izquierda y la supuesta alternativa del PP. Mañana le ofreceremos el balance de la legislatura y las perspectivas para las elecciones municipales en Bilbao.

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Martiño Noriega (Compostela Aberta), Xulio Ferreiro (Marea Atlántica) y Jorge Suárez (Ferrol en Común). / EFE


Robe Iniesta, el cantante de Extremoduro, escribió en 1989 un verso premonitorio: “Va a subir la marea / y se lo va a llevar todo”. Un cuarto de siglo después, tres jóvenes que quizás conocían al dedillo la letra de aquella canción del disco Rock transgresivo accedieron a la casa consistorial de las ciudades más importantes de una provincia gallega: A Coruña, Santiago y Ferrol. No los llamaron alcaldes transgresores, pero sí rebeldes o del cambio. El periodista Anxo Lugilde pone el calificativo en boca de otros: “Los poderes fácticos los vieron desde un primer momento como unos usurpadores, unos intrusos y unos okupas”.

Los tres casos son diversos, como distintos son los regidores o las propias urbes. A Coruña, tras una transición estéril de un alcalde popular, negó la herencia de la política de grandes fastos, construida ladrillo a ladrillo por el socialista Paco Vázquez, quien terminaría ocupando un cargo que le venía como anillo papal al dedo: embajador de España ante la Santa Sede. Su estela populista, cuando todavía no se hablaba de populismo, sólo es hoy comparable en estos lares a la de su actual homólogo vigués, Abel Caballero. Con un PSOE en horas bajas y una gestión anodina del PP, que a nivel estatal apuntaba al declive por los casos de corrupción y el tijeretazo de los recortes, la Marea Atlántica alcanzó en las elecciones municipales de 2015 la orilla del palacio de María Pita.

Cuatro años después, el gobierno de Xulio Ferreiro presume de un cambio en la manera de hacer política, pese a gobernar en minoría con diez concejales, los mismos que el PP, derrotado en las urnas por sólo cuatro votos. El apoyo de los seis ediles del PSOE, que había perdido dos por el camino, le otorgó el bastón de mando. El Bloque Nacionalista Galego (BNG) perdía tres actas y conservaba apenas una. La legislatura no fue fácil, con una oposición a izquierda y derecha, la prensa en contra y una gestión que trató de apostar por lo social, lo que implicó una menor visibilidad de los proyectos realizados.

El cemento, antes, saltaba a la vista, aunque la confluencia —Esquerda Unida, Anova, Compromiso por Galicia, Podemos, Equo y ciudadanos independientes o herederos ideológicos del BNG, como el propio Ferreiro, quien había militado en el nacionalismo— defiende haber cumplido con su programa de emergencia social y de regeneración democrática, conscientes de que la ausencia de grandes infraestructuras brilla menos. “Aquí se había instalado la corrupción y la cultura del pelotazo”, asegura Iago Martínez, jefe de gabinete de la Alcaldía.

“La ciudad se diseñaba a golpe de servilleta: cuatro señores dibujaban sobre un papel parcelas y edificios, que luego generaron facturas insoportables que la población debe pagar durante años”, añade el coordinador de la campaña, quien también se queja del legado urbanístico recibido por el PSOE. Como ejemplo, la licencia ilegal de obra concedida al edificio de Fenosa, cuya amenaza de demolición por parte de la Justicia pudo suponer un roto en las arcas municipales. Al final hubo acuerdo y el Concello de A Coruña se libró de pagar sesenta millones de euros en indemnizaciones.

Martínez enumera los logros conseguidos durante la legislatura, cuyo modelo pasó del “rescate” a la “capital de las personas”, lema y objetivo para un segundo mandato: renta social, ayuda a la dependencia, eliminación de vertidos, zonas verdes, peatonalización del casco viejo, carril bici, abaratamiento del bus urbano o defensa del espacio público, en referencia al puerto. Entre las promesas, una ciudad que piense más en las mujeres, con guarderías públicas gratuitas y centros de día que palíen la soledad de los mayores. “Hay políticas públicas que se comunican solas, como las de los grandes equipamientos, pero no fueron nuestra prioridad. Nosotros hemos invertido en las personas, aunque eso sea más difícil de comunicar”, apunta la mano derecha de Ferreiro, número siete en la lista electoral.

Aunque destaca la reforma del estadio de Riazor, entiende que cuatro años son insuficientes para plasmar su proyecto, que pasa por fomentar la movilidad de las personas y la inversión en política social, entre otras medidas. La oposición, en cambio, ha acusado al gobierno de inmovilismo durante estos cuatro años, con escenas beligerantes en el salón de plenos. Xulio Ferreiro y los suyos consideran que han sido víctimas de un bloqueo permanente. “Esta campaña es un reflejo de lo que hemos padecido, hasta el punto de que es imposible distinguir entre los argumentos del PP y del PSOE”, critica Martínez, quien se muestra convencido de que, pese al desgaste que ha supuesto un bronco mandato en minoría, conservarán sus diez concejales.

El tracking de Sondaxe, publicado por La Voz de Galicia este viernes, les concede cinco concejales menos, la mitad que en las pasadas elecciones, vaticina la victoria del PSOE —que pasaría de seis a nueve— y una bajada del PP —de diez a ocho—, aunque la encuesta continua de la empresa de sondeos ha ido variando sus resultados durante la semana. Ayer le concedía un par a Ciudadanos y tres al BNG, que subiría dos, aunque hay que tener en cuenta el bajo número de entrevistados —trescientos— y el alto porcentaje de indecisos, que supera el 20%.

“Auguran que se traslada el efecto de las generales, pero ahora no estamos votando contra la involución de derechos y libertades, sino en clave de ciudad”, cree el responsable de campaña, quien considera que se está sobrevalorando el voto socialista. “Sin embargo, aquí siempre ha tenido una tradición muy conservadora y actualmente el PSOE está muy deteriorado, como reflejó el baile de portavocías, por lo que no creo que se produzca una contaminación de los recientes comicios. Nosotros, más o menos, nos mantendremos, por lo que esperamos más lealtad y estabilidad, que deberían llegar tras una fase de reconciliación”, concluye Martínez.

A esa batalla yerma con los socialistas alude Marcos Mosquera, redactor jefe de Local en el diario La Opinión, quien llega a establecer que durante la legislatura hubo dos mandatos: el inicial, en el que la Marea “pagó la inexperiencia en la gestión” y “perdió demasiado tiempo en luchas con otros partidos”; y el reciente, más estable, en el que ejecutaron parte de lo que prometieron en la pasada campaña. “No destacaron con grandes infraestructuras, aunque ya lo habían advertido en su programa. Y apostaron por políticas sociales, que no se ven a pie de calle, de ahí que los gobiernos municipales siempre apuesten por las obras”, añade el periodista.

Cree que, de alguna manera, no puede exigírsele mucho más, pues la Marea trató de recomponer una relación con el PSOE que no fue buena ni garantizó la estabilidad, por lo que gobernar en minoría con diez ediles de veintisiete se le hizo cuesta arriba. “Puede haber una cierta decepción, pues se presentaron con la premisa clara de cambiarlo todo, pero sin mayoría absoluta lo tenían difícil. Ahora bien, en A Coruña se percibe que Xulio Ferreiro es un alcalde valorado, cercano y que no ha hecho ostentación del cargo. Rompió con la línea de sus antecesores y trazó un cierto paralelismo con Domingos Merino, el primer regidor de la democracia, con su da praza ao pazo, o sea, del pueblo a las instituciones. No es la única conexión entre ambos, pues su recibimiento por parte de los poderes fácticos fue similar”, recuerda Mosquera. O sea, con uñas y dientes.

Aunque el alcalde pisó los barrios con el programa Dillo ti [Díselo tú], que permitía a los vecinos hablar con el alcalde cada mes y a éste tomar el pulso de la ciudadanía, el periodista Luís Pousa cree que paradójicamente la Marea Atlántica no estuvo a pie de calle. “La gestión no fue buena, porque se centraron en el plano ideológico, cuando tenían que pesar más los proyectos. Focalizados en borrar la visión del pasado, encarnado en el PP y en el PSOE, la inexperiencia les ha llevado a no concretar ciertas iniciativas. Otras, como la del bus o la del puerto, fueron positivas, pero generaron una ilusión que se fue diluyendo y ahora hay un cierto desencanto”, considera el escritor, quien insiste en que ganaron en un momento muy concreto, cuando campaba la indignación por los efectos de la crisis y la corrupción. “Muchas personas volverán al PSOE, algunas al BNG y otras a la abstención”.

Santiago | "Las encuestas son un espejismo"

El tracking de La Voz merma los concejales de Compostela Aberta —de diez a seis—, dispara los del PSOE —de cuatro a nueve—, reduce los del PP —de nueve a siete— y aumenta ligeramente los del BNG —de dos a tres—. En febrero, en cambio, la encuesta de Sondaxe concedía ocho actas al PP, ocho a Compostela Aberta, cinco al PSOE, dos al BNG y, ojo al dato, otros tantos a Vox.

Fuentes de la candidatura de unidad de izquierdas —surgida en 2015 del entendimiento entre Anova, Esquerda Unida, Equo, Podemos, Espazo Ecosocialista Galego e independientes— rechazan el sondeo diario y apuntan a un triple empate entre Compostela Aberta (CA), PSOE y PP, aunque confían en ser los más votados para que Martiño Noriega —un beirista que había militado en las filas del BNG y gobernado el vecino Concello de Teo bajo las siglas de Anova, un esqueje del Bloque— siga siendo el alcalde de Santiago.

“No creemos en esas encuestas: son un espejismo. El resultado está abierto y advertimos que puede haber un trasvase de votos del PP al PSOE, consentido por el propio Feijóo, quien daría por amortizado al exconselleiro Agustín Hernández siempre y cuando el actual alcalde salga derrotado”, añaden desde la confluencia santiaguesa. “Los populares prefieren a Bugallo, por lo que hacemos un llamamiento al voto de izquierdas para que no se cumpla ese pacto implícito”.

Contextualicemos: el candidato socialista, Xosé Sánchez Bugallo, tomó en 1998 el testigo en el Pazo de Raxoi de Xerardo Estévez, arquitecto y recordado regidor que puso en valor el casco antiguo de la ciudad. Sin embargo, el cabeza de cartel encarna las viejas esencias del PSOE y se opuso a Pedro Sánchez, aunque ahora podría jugar con el viento a favor de los resultados de las generales.

El electorado que se identifica con el presidente del Gobierno, añaden fuentes de CA, podría sentirse más próximo a Noriega que al candidato socialista, con un perfil nada renovador y refugiado durante un turbulento mandato municipal en el Parlamento de Galicia. No nos referimos al que ahora expira, sino al anterior, que tuvo a tres alcaldes del PP y vio a diez de los trece ediles populares sentados en el banquillo de los acusados.

Sánchez Bugallo vuelve ahora, dice, para rescatar a Santiago, como si estuviera sumido en el caos. Pero cuando era realmente así, él no estaba ahí, sino sentado en su escaño de diputado autonómico, mientras nosotros le devolvíamos la normalidad a la corporación municipal. Es un oportunista a quien ahora le resulta cómodo volver a presentarse, con la maquinaria administrativa engrasada, y no cuando el Concello tenía muchas carencias”, critican fuentes del partido instrumental, también apoyado por En Marea, la confluencia gallega liderada por Luís Villares.

Compostela Aberta presume de haber captado veinte millones en fondos europeos para proyectos sostenibles, reducido la deuda municipal y desbloqueado infraestructuras pendientes como la estación intermodal, el enlace orbital de acceso a la ciudad y la estación depuradora de aguas Residuales. Pero también de haber apoyado el tejido cultural, mejorado las instalaciones deportivas, incrementado las bonificaciones fiscales a las personas con menos renta, invertido en el medio rural, impulsado los presupuestos participativos y logrado una mayor transparencia en la gestión, al tiempo que reducían la publicidad institucional.

Anxo Lugilde opina que Santiago y A Coruña comparten un esfuerzo simbólico por evidenciar el cambio y el embrión de un proyecto que ha entrado en competencia con las fuerzas vivas de ambas urbes. “Sin embargo, se echa en falta que toda esa oratoria rupturista se manifieste en acciones concretas de mayor calado. También se observa cierta deserción en los sectores sociales de ambos movimientos, si bien las resistencias que tuvieron enfrente eran muy grandes. Por ello, las perspectivas electorales son complicadas, aunque tampoco hay que fiarse del todo de las encuestas, pues acumulan bastantes fallos en el ámbito local. En todo caso, se percibe que las mareas están en proceso de reflujo, o sea, de retroceso. Y que su rival ya no es el PP, sino el PSOE”, afirma el periodista.

Coincide con Compostela Aberta en un análisis: los poderes fácticos, que habían opuesto una gran resistencia a los alcaldes del cambio, apuestan ahora por el PSOE como un mal menor. “Una vez que Vox no existe y que Ciudadanos es muy débil, puede haber un voto útil de la derecha a Bugallo, aunque no creo que la batalla electoral se haya resuelto. Sobre todo en A Coruña, donde está más abierta, aunque el fenómeno es distinto y se debe a que la candidata, Inés Rey, es una desconocida”, cree Lugilde, quien vuelve a restar importancia a los sondeos y se plantea si estos están infravalorando el espacio que ocupan las confluencias de izquierda. “Sea Rey o Ferreiro el más votado, no sé si habrá un gobierno entre ambos, pero tendrán que dar su apoyo en la investidura, ya que sus electores no entenderían que se le entregase la Alcaldía al PP y a Ciudadanos”, zanja Marcos Mosquera.

Un entendimiento que, según el cronista político Domingos Sampedro, se producirá si fuese necesario. Nadie, según él, habla de acuerdos de forma oficial debido a las instrucciones internas de los partidos, que pasan porque van a salir a ganar para obtener el mejor resultado posible, que les permita gobernar en solitario. “Pero cuando no se obtengan esas mayorías, habrá que recurrir a la experiencia y, en ese sentido, el PSOE tiene una amplia capacidad para sellar alianzas y constituir bipartitos. De hecho, Bugallo gobernó en Santiago de Compostela con el BNG, sin grandes tensiones de cara al exterior”, rememora el periodista de La Voz de Galicia.

La gestión de Compostela Aberta, según él, tiene luces y sombras. “Básicamente, la fortaleza de su gobierno estaba sustentada en la debilidad del PSOE, que en ocho años perdió más de la mitad de sus representantes, tras unas primarias fratricidas que permitieron la llegada de Noriega. Ahora se han recompuesto y el viento de cola que ha impulsado a Pedro Sánchez podría apoyar a Bugallo. Puede parecer un perfil superado, de la vieja escuela y propio de otro tiempo, pero los escándalos del PP y las debilidades en la gestión de CA benefician el recuerdo del candidato socialista, quien dejó un buen poso en la ciudad, lo que explica —unido a la fuerza del PSOE nacional— sus resultados en los sondeos”, analiza Sampedro. “Su perfil personal y su alto grado de conocimiento por parte de los electores le dan media campaña hecha, al contrario de lo que le sucede a Inés Rey en A Coruña, una desconocida para el gran público”.

Bugallo también lidera la intención de voto en una encuesta del CIS realizada a trescientas personas entre marzo y abril. Obtendría el 15,7% de los sufragios, seguido del PP (14,7%), CA (8,4%), BNG (3,7%) y Ciudadanos (1%). Además de las fechas en las que se realizó el sondeo, antes de las elecciones generales, habría que tener en cuenta el alto número de indecisos (36,5%). El cronista político de La Voz cree que la “ola a favor” de Noriega en 2015 ha perdido fuerza. “Entonces, el PSOE estaba dividido y era urgente y necesario desalojar al PP del Pazo de Raxoi. Pero a lo largo de los años se han ido descolgado electores de ese grupo muy heterogéneo por decepciones puntuales, porque no vieron cumplidas sus expectativas o porque, en el momento en que se reconstruye una alternativa como la socialista, que antes no veían clara, optan por unirse a ella”, concluye Sampedro.

Ferrol | "Fue un gobierno épico"

El caso de Ferrol se antoja más complicado. El tracking de Sondaxe de este viernes otorga al PSOE una subida de tres concejales, de cinco a ocho, insuficientes para evitar un hipotético gobierno del PP, que pasa de once a doce, aunque necesitaría el acta de Ciudadanos para gobernar con mayoría absoluta. Ferrol en Común (FeC) baja de seis a cuatro y el BNG, de dos a uno. Las fuerzas progresistas se quedarían a un edil del gobierno, que correspondería a los socialistas, en detrimento del actual alcalde, Jorge Suárez, de Esquerda Unida, quien había encabezado en 2015 Ferrol en Común, articulado por el citado partido, Anova y militantes de Podemos.

Difícilmente volverá a sujetar el bastón de mando, ya no sólo por el empuje del PSOE, sino porque la confluencia terminó haciendo aguas: además de FeC, concurren a las urnas la Marea de Ferrol —heredera de la Marea Ártabra, apoyada por En Marea, de Luís Villares— y Xuntos Actúa —liderado por Carlos del Río, expresidente de FeC y representante de Podemos en la anterior lista de Suárez—. De este modo, el popular José Manuel Rey Varela podría volver a la Alcaldía, que ya ostentó entre 2011 y 2015.

“Fueron cuatro años muy difíciles, con un gobierno en minoría y dos concejalas socialistas que permanecieron leales, mientras que otros tres rompieron el pacto inicial. Además, una edil de Ferrol en Común se fue y luego fue expulsada por decisión de la asamblea, por lo que en realidad éramos cinco”, afirman fuentes del gobierno municipal para explicar la complejidad de gestionar la ciudad, con siete concejales tratando de enderezar el timón de una corporación compuesta por veinticinco. Creen que podrían haber hecho mucho más, pero denuncian que la pinza PP-PSOE bloqueó iniciativas cruciales —empezando por los presupuestos— y critican “una oposición dura y hostil del BNG a un Gobierno de izquierdas en el que no quisieron entrar”.

Si en salón de plenos había cinco partidos, en estas elecciones se presentan once, lo que da una idea de la atomización. Entre ellos, el ecofeminista LiGanDo y Sentimiento Ferrolano, cuyo candidato es el exjugador de baloncesto Anicet Lavodrama. “Ferrol es una ciudad muy particular hasta para esto: el mapa político da para un psicoanálisis”, ironizan fuentes del gobierno municipal, que valoran lo conseguido pese a las trabas tanto internas como de otras administraciones públicas, como los fondos europeos para recuperar el patrimonio marítimo, militar e industrial, la remodelación de la plaza de Armas, la peatonalización del barrio de A Magdalena y más de cuarenta proyectos ejecutados o en licitación. “Algunos no los podremos inaugurar nosotros, pero beneficiarán a la ciudad”.

“Fue un gobierno épico, porque cada concejal y el propio alcalde tenían que llevar varias áreas cada uno. Mientras, los partidos de la oposición no se atrevieron a plantear una moción de censura porque prefirieron la asfixia, el desgaste y el bloqueo permanente, en vez de avanzar en nuestro proyecto de ciudad”, añaden fuentes del gobierno, convencidas de que “las encuestas dicen una cosa, pero nosotros tenemos otra percepción de la calle”.

Domingos Sampedro considera que es más difícil analizar la gestión aquí que en otras ciudades, aunque recuerda que la alianza con el PSOE no funcionó y duró solamente un año. “No sólo acabó como el rosario de la aurora, sino también con dos escisiones en Ferrol en Común”, explica el cronista político de La Voz, consciente de la “debilidad” de “un gobierno muy minoritario” para poder sacar adelante su proyecto de ciudad. “Ferrol es un caso muy particular”, advierte Anxo Lugilde, quien recuerda que la reconversión naval de los ochenta frustró la mayoría tradicional de izquierdas en la urbe.

“Desde entonces, ha habido una alternancia política del centro derecha al centro izquierda. Si nos atenemos a ese péndulo perfecto, ahora tocaría una mayoría absoluta de la derecha”, añade el periodista lucense, quien considera que ese cambio había sido la respuesta a tres problemas “irresolubles”: económico, comercial y demográfico.

Esa norma no escrita tendría ahora, según él, un renglón torcido: “Antes, en ese movimiento pendular, el partido que perdía las elecciones cambiaba de candidato, pero ahora el PP presenta a un alcalde derrotado, Rey Varela, lo que supone una novedad”. Según las encuestas, podría ser el único regidor popular de una ciudad gallega. “En todo caso, dado que los alcaldes rupturistas son para los conservadores como el demonio, la única forma de echarlos es a través del PSOE”, concluye Lugilde, apuntalando la tesis de los gobiernos del cambio. El PP prefiere morir matando a los rebeldes, aunque ambos decesos insuflen vida a su histórico enemigo socialista.

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