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El escenario electoral El 'superdomingo electoral', o la decisión de Sánchez de jugárselo todo a una sola carta

Dirigentes del PSOE barajan todo tipo de argumentos a favor y en contra para hacer coincidir las generales con las municipales, autonómicas y europeas. Hay el temor de que el resultado nacional arrastre el resultado de los otros comicios

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Reunión de la Ejecutiva Federal del PSOE. EFE/Emilio Naranjo

Prácticamente descartado el adelanto electoral para marzo o abril, los cábalas están ahora centrados en si Pedro Sánchez hará coincidir las elecciones generales con las municipales, autonómicas y europeas previstas para el 26 de mayo, lo que está provocando un debate interno en el PSOE con argumentos a favor y en contra.

Quienes apuestan por la conveniencia de la macro convocatoria electoral —entre lo que hasta ahora estaba el secretario de Organización del PSOE y ministro de Fomento, José Luis Ábalos—, creen que llevar las generales al 26 de mayo potenciaría una movilización total del partido a todos los niveles, y están convencidos de que cuando la maquinaria socialista se pone a pleno funcionamiento cosecha buenos resultados electorales.

Los que así piensan creen que el hecho de que todos se jueguen algo en los comicios conjuntos multiplicaría la acción electoral y, sobre todo, la movilización del electorado socialista, que es uno de los asuntos que más preocupan tras lo ocurrido en las elecciones andaluzas, donde se ha detectado una alta abstención en el voto tradicional al PSOE:

También argumentan como factor a tener en cuenta que el hecho de estar en el Gobierno y con acciones sociales de mucho impacto, junto con la propia valoración de Pedro Sánchez —que aunque ha bajado en los últimos meses sigue siendo de las más altas entre los líderes nacionales— son aspectos que sólo pueden sumar a favor del voto hacia el PSOE.

Sin embargo, los que creen que sería un grave error ese superdomingo electoral dan la vuelta a este argumento. Creen que la campaña se enfocaría sólo como un plebiscito sobre la continuidad de Sánchez y centrado casi exclusivamente en el conflicto de Catalunya, lo que muchos dirigentes creen que le perjudicaría en el resto de España y le pasaría factura en los comicios de otro ámbito, como los autonómicos y municipales.

Entre los que así piensan están prácticamente todos los barones socialistas que gobiernan ahora en distintas comunidades autónomas, que temen que su gestión, su mensaje y su campaña queden completamente difuminados por el debate de ámbito nacional. A este grupo también se suman algunos dirigentes que todavía permanecen sólo en la Ejecutiva y que no han sido llamados a la Corte de La Moncloa.

Además, este grupo de dirigentes socialistas considera también que sería muy arriesgado "jugárselo todo a una carta" porque, en el fondo, creen que el resultado nacional condicionaría en gran parte el resto de resultados autonómicos, municipales y europeos; y no tiene buenas vibraciones de un triunfo electoral que les permita seguir gobernando.

Quienes así piensa explican que viendo lo ocurrido en las elecciones andaluzas y las últimas encuestas que se han publicado, que se inclinan por dar una mayoría parlamentaria a PP y Ciudadanos —a veces hasta sin contar con Vox— aunque el PSOE sea el partido más votado, puede provocar una debacle sin precedentes en las filas socialistas a nivel nacional, autonómico, municipal y europeo.

Los veteranos recuerdan que el PSOE ya tuvo una importante pérdida de poder en torno al año 2000, donde salió del Gobierno y sólo estuvo al frente de tres comunidades. Extremadura, Castilla-La Mancha y Andalucía. Pero, en aquel entonces, los llamados tres tenores —Juan Carlos Rodríguez Ibarra, José Bono y Manuel Chaves— tenían mucho peso político y aguantaron al partido y la travesía del desierto. A esto hay que añadir que todo apunta a que es más que probable que el PSOE deje de gobernar en Andalucía.

Por ello, se inclina en llevar las elecciones como mínimo hasta otoño, ver cómo se configura el mapa político autonómico y a qué pactos llegan los partidos de derecha, y poder afrontar en otros escenario político unas elecciones generales.

La incertidumbre, que salvo que Sánchez lo diga claramente no se despejará hasta el 2 de abril, que es el día que se tendrían que convocar para hacer coincidir todas las elecciones, tiene más que nervioso a muchos dirigentes del PSOE, entre otras cosas, porque ninguno conoce bien las intenciones del presidente y, quienes creen conocerlas y apuntan a que no serán como mínimo hasta otoño, no descartan un cambio de opinión en cualquier momento.

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