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"El estado español debe ser plurilingüe de una vez"

Premi d`Honor de les Lletres Catalanes. El catedrático es un lingüista heterodoxo, sin pelos en la lengua y crítico con los puristas

DAVID MIRÓ

El catedrático Joan Solà (Bell-lloc dUrgell, 1940) siempre ha sido un lingüista heterodoxo, sin pelos en la lengua y crítico con los puristas. Pero de un tiempo a esta parte trabaja en la nueva gramática de la lengua catalana del Institut dEstudis Catalans, que actualizará a la Pompeu Fabra de 1912. No en vano es una de las personas que mejor conoce la lengua, sus interioridades, pero también los peligros que la acechan. Su obra ingente le ha valido la máxima distinción literaria de Òmnium Cultural. Durante la entrevista, en su despacho de la Unversidad de Barcelona, no para de recibir felicitaciones de los colegas.

¿Existe un peligro real de divorcio entre el modelo de lengua que defienden las academias y la que se habla en la calle?

Sí. Ese peligro puede existir. La gente ahora también aplica el concepto de libertad individual a la lengua y te dicen, oiga, yo hablo como quiero. Eso es evidente en el lenguaje de los chats o los SMS, es una invasión de la masa parlante en un terreno que hasta hace bien poco era propiedad de los académicos. Y llegará un día en que los académicos tendrán una función nula, o decorativa.

¿Hasta qué punto está ligada la pervivencia de una lengua a la calidad de sus códigos normativos?

El futuro de una lengua no depende de los códigos normativos. Sin ellos quizá no es posible que lo tenga, pero una buena normativa no garantiza nada. El catalán ha llegado a un punto de conocimiento técnico muy bueno. Tenemos unas obras lexicográficas y gramaticales de primer orden. Pero la gente la utilizará o no, a pesar de que el diccionario Fabra sea muy bueno o muy malo.

La producción de libros que tratan sobre el catalán en todas sus diversas facetas es muy elevada. Sus artículos en Avui son muy comentados. ¿Estamos obsesionados con la lengua?

Probablemente, pero es muy explicable por la situación sociopolítica que vivimos desde hace siglos y que nos toca sufrir. Tenemos una lengua que socialmente no es reconocida en España. Cuando sales de Catalunya siempre estás con la duda de si te mirarán mal. Y después cuando hablas en catalán no sabes si lo que dices es correcto o no, tenemos una enorme inseguridad. Somos un pueblo que vive enfermo, y de ahí esa sensación de gran interés por la lengua Pero si vas a Londres o Nueva York también ves la cantidad inmensa de diccionarios que tienen.

¿Esta inseguridad lingüística que tenemos es atribuible a la interferencia del castellano, al hecho de tener dos lenguas en permanente contacto?

El catalán y el castellano son lenguas que se parecen y que históricamente han convivido mucho, y por eso se han ido aproximando, desafortunadamente siempre en el mismo sentido, la pequeña se asimila a la grande. Eso explica el malestar de los catalanes con la lengua. Llega un momento en que esa asimilación hace que no tengas una lengua autónoma, sino una sublengua, y eso tiene un nombre: patois.

¿Hay un peligro real de desaparición por la vía de la asimilación?

No es que sea un peligro es que es una realidad desde hace siglos. El catalán ha ido adoptando modismos del castellano, y los refranes prácticamente han desaparecido, todos son en castellano. Y el argot también se ha perdido. A principios del siglo XX había argot en Barcelona, pero ahora no.

¿Ha resuelto el catalán la tensión entre sus variantes territoriales y el estándar?

En el diccionario se ha corregido el excesivo peso de la variante barcelonesa y ahora estamos en la Gramática, en la sintaxis, donde siempre se había dicho que no había grandes diferencias y eso se ha revelado absolutamente falso. Hay una cantidad enorme de hechos lingüísticos con fuertes variaciones. Estamos modernizando el código en ese punto para que sea más pancatalán, para poner en plano de igualdad hechos remarcables sean del habla que sean.

¿Qué opina de los que critican el catalán que habla el president Montilla?

A mí me resulta indiferente que no hable una lengua genuina. Es más importante el ejemplo que da al hablar y defender nuestra lengua. Es absurdo pensar que como no pronuncia las s sonoras éstas se van a perder. No hace ningún daño a nadie y los que han hablado mal de Montilla y su lengua se han equivocado. Criticarlo es de cretino. El señor Montilla, dentro del ambiente en el que ha vivido, creo que lo ha hecho muy bien. Y habla una lengua bastante buena. No podemos estar discutiendo sobre eso cuando tenemos problemas mucho más importantes.

Usted culpa a los políticos de la situación de la lengua

La clase política nunca se ha creído que el catalán deba ser considerado tan importante como el castellano, y la situación se degrada cada vez más. Nos dicen que no es para tanto, que las estadísticas dicen que el catalán se recupera, que se hacen tantos cursos para adultos pero la percepción del ciudadano no es esa, se da cuenta de que todo eso es mentira. Pero en vez de decir que estamos viviendo unos años muy difíciles, en un mundo muy complejo, en vez de reconocerlo y poner los medios para superarlo lo niegan porque no se quieren enfrentar al Gobierno central. Sólo recuperando la autoestima como pueblo y como entidad política, del nivel que sea, pero sin estar subordinado a nadie, te sentirás más fuerte para defender también tu lengua. No nos engañan ya con la propaganda televisiva y las estadísticas. Tienen que plantar cara. Y el estado español ser plurilingüe de una vez.

¿Hay que continuar exigiendo el uso del catalán en el Congreso?

Yo veo este problema desde un punto de vista esencialista, en el sentido de ver las raíces del asunto. Por lo tanto no podemos perder el tiempo en buscar una medicina para una hoja cuando lo que está enferma es la raíz. Es la concepción social de la sociedad española la que está enferma. No ganaremos demasiado invirtiendo recursos en cursos de adultos y publicidad. El problema es que en este país llevamos siglos recibiendo el mensaje de que la única lengua de verdad es el castellano, y la única patria de verdad es España. Ese es el problema. Mientras no seamos capaces de hacer retroceder esa idea no avanzaremos, lo contrario son remiendos. Y aunque tu veas la hoja sana, si la raíz está podrida, al final la hoja también lo estará.

¿Entonces la única solución es tener un Estado propio?

Yo no digo eso. Digo que la única manera de salvar la lengua es tener una concepción política de este país no subordinada. ¿Cómo debe ser? El ideal evidentemente es la independencia, pero podría haber una fórmula intermedia tan digna como esa. Como pasa en Suiza, Canadá o Bélgica por ejemplo , que son países donde la situación lingüística no está tan podrida como aquí.

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