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Femenino Plural El calvario de la soldado Laura y su herida de guerra: "Me echaron del Ejército con un mensaje al móvil"

Una exsoldado narra una década de abandono por las fuerzas armadas, de las que fue despedida al vencer su contrato temporal cuando estaba tratándose de una grave lesión que sufrió durante una misión en Afganistán.

Un soldado del ejército español vigila los alrededores de la base española de Qala i Naw, en Afganistán. /EFE
Un soldado del Ejército español vigila los alrededores de la base española de Qala i Naw, en Afganistán. /EFE

"Me echaron del Ejército con un mensaje al móvil cuando todavía estaba con revisiones", explica Laura Velasco, una exsoldado que lleva casi una década atravesando un calvario personal y laboral tras haber sido despedida de las fuerzas armadas al vencer su contrato temporal cuando se encontraba convaleciente de una lesión sufrida durante una misión internacional en Afganistán.

A Laura, miembro del destacamento de Policía Militar de Bétera (Valencia), le tocó doblar el turno de guardia la mañana del 15 de julio de 2010 tras haberse indispuesto una compañera. Durante la vigilancia del acceso a la base española de Qala i Naw, que a finales del mes siguiente sería objeto de un atentado con tres muertos, tuvo que revisar un camión cargado de arena, "algo que no tiene mucho sentido, porque se trataba de hurgar con una varilla metálica, con lo que se supone que puedes activar un explosivo si lo hay".

No estalló nada, aunque un resbalón al bajar de la caja le provocó un doloroso giro del pie izquierdo que obligó a evacuarla poco después a Herat, donde "los médicos me dijeron que si no me operaban en seis días iba a perder la pierna", recuerda.

Tardó algo más en poder volar a España ‘empotrada’ en un vuelo de la legión, en el que pasó "diez horas sentada como un pasajero más en la última fila, sin poder poner el pie en alto". En el hospital militar Gómez Ulla "no sabían nada de mí", aunque fue intervenida el 26 de julio.

"No nos merecemos este trato"

Todavía le faltaban otras dos operaciones en el pie y una más en la rodilla cuando, a mediados de octubre de 2010, cuatro meses antes de que venciera su contrato de soldado eventual, recibió el mensaje con el que Defensa le comunicaba que no iba a renovar. "No me echaron por mi problema físico sino por un tema psicológico, porque tenía tendencia a sufrir depresiones", algo que ella rechaza. "No nos merecemos que el Ejército nos trate así", lamenta.

El finiquito se lo gastó, apunta, entre impuestos, papeleo y pleitos. Ahora tiene 34 años y vive con su mujer, sus dos hijos y sus padres en el domicilio de estos últimos. "Estoy en paro, sin ningún ingreso mientras espero otra operación después de haber perdido dos nervios, tres tendones y la movilidad de la rodilla izquierda", asegura.

La exsoldado Laura lleva casi diez años pleiteando contra las fuerzas armadas para que le reconozcan una invalidez física del 25%, lo que da derecho a una pensión; hasta ahora, sin éxito.

Inicialmente, un tribunal médico le reconoció una minusvalía del 24% que, tras solicitar ella otra valoración, el Tribunal Superior Médico Pericial de las fuerzas armadas elevó al 60%, con la calificación de "incapacidad permanente y absoluta para toda profesión u oficio". Sin embargo, una posterior revisión basada en un informe del servicio de Rehabilitación del Gómez Ulla la redujo al 20%. El Tribunal Superior de Justicia de Madrid la elevó finalmente al 24%, lo que a finales de 2014 la dejaba definitivamente sin pensión.

"Es una sentencia firme y no tengo un euro"

Meses más tarde, después de que Moncloa le remitiera por carta a la web del Ministerio de Defensa y de que la Casa Real le asegurara también por escrito que iba a contactar con el departamento que dirige Margarita Robles, esta contactó telefónicamente con la exsoldado.

"La ministra me dijo que no puede hacer nada porque ha pasado mucho tiempo”, explica. "También me preguntó que por qué no recurro esa sentencia, pues porque es firme y porque no tengo un euro", anota.

"En las fuerzas armadas se utiliza ese baremo como el de las valoraciones psicológicas, para decidir quién sigue y quién no", explican fuentes de la asociación de militares Red 45+.

Esta entidad ha obtenido a través del Portal de Transparencia del Ministerio de Defensa un balance según el cual apenas uno de cada tres militares con una minusvalía de hasta el 24% (1.323 de 3.762 entre 2010 y 2017) son obligados a abandonar el uniforme, tasa que se reduce a poco más de la sexta parte (98 de 559) entre los que sufren las lesiones en acto de servicio.

El grueso de ellos son soldados o cabos, 1.046 de 3.016 (34,6%) entre los primeros y 50 de 440 (11,3%) entre los segundos, aunque la prevalencia aumenta conforme se asciende en el escalafón: 214 de 578 (37%) y 34 de 78 (43,6%) entre los suboficiales y 63 de 168 (37,5%) y 14 de 41 (34,1%) entre los oficiales y mandos.