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El futuro de Podemos La dimisión de Iglesias genera incertidumbre y fuerza los plazos de una "renovación tranquila" en Podemos

El plan del líder de Unidas Podemos antes de los comicios era mantenerse en la Secretaría General hasta 2023 para garantizar una sucesión sólida y ordenada, pero los resultados de las elecciones madrileñas dinamitan su estrategia. El liderazgo del espacio confederal quedaría cubierto con Yolanda Díaz, a falta de un liderazgo orgánico en Podemos. 

Pablo Iglesias Yolanda Díaz
Pablo Iglesias y Yolanda Díaz en un acto de campaña electoral en Vicálvaro. David Fernández / EFE

La huella real de la salida de Pablo Iglesias de la política institucional no puede entenderse en Podemos si no se comprende parte del funcionamiento del partido y del espacio confederal. El secretario general de la formación tenía un plan cuando, a mediados de marzo, anunció por sorpresa que iba a concurrir a las elecciones autonómicas de la Comunidad de Madrid en un proceso que a corto plazo le haría perder poder y que a largo plazo apuntaba a su salida de la política y al abandono del proyecto que él mismo había creado en 2014.

La estrategia era la de, una vez pasadas las elecciones, avanzar hacia un "liderazgo coral" que modificara, al menos durante un tiempo, la dinámica de los liderazgos que se venía dando desde hace algunos años en Podemos, de manera que se pasara de un hiperliderazgo de Iglesias (que le permitió entrar en el Gobierno de coalición en unas negociaciones donde las urnas repartieron cartas hasta en dos ocasiones) a una dirección compartida con varias voces destacadas (una orquesta en la que Iglesias y Yolanda Díaz llevarían la batuta).

Los resultados electorales de Madrid, sin embargo, han dinamitado la renovación tal y como la entendía Iglesias. Esto no se traduce en que el partido entre en un escenario de pánico que precise de respuestas de urgencia (en la formación no quieren correr más de lo necesario para rellenar el vacío que deja el secretario general), pero sí que se admite que la marcha del líder (que asumió que en la construcción de su figura, entre la deshumanización y las amenazas de muerte sin remitente, pesaba demasiado el "chivo expiatorio" de movilización de la ultraderecha) genera incertidumbre.

Es aquí donde entran en juego las dinámicas que imperan y que constituyen lo que es Unidas Podemos y Podemos. A grandes rasgos, el espacio confederal propiamente dicho descansa en la suma de varias formaciones (Podemos, Izquierda Unida y En Comú Podem) cada una con un líder de partido (Pablo Iglesias, Alberto Garzón, Ada Colau), que convienen en la designación de un candidato en las elecciones generales para liderar el espacio confederal (hasta ahora, Pablo Iglesias).

Los repartos de poder y cuotas, la designación de siglas y el peso de cada organización en ese espacio se dirimen en negociaciones que se producen en las fases previas a las diferentes citas electorales que van teniendo lugar. Atendiendo a este esquema, la dimisión de Iglesias apunta a un doble vacío: el de la Secretaría General de Podemos y el del propio espacio confederal de Unidas Podemos; pero el impacto es distinto en cada caso y el "agujero" difiere de tamaño.

El liderazgo de Unidas Podemos no se decidirá, en principio, hasta el año 2023, cuando tenga lugar el proceso en el que las distintas formaciones negocien para conformar la candidatura a las próximas elecciones generales (un proceso que desemboca en primarias). Iglesias ha señalado como su sucesora (y próxima candidata de Unidas Podemos en los comicios estatales) a Yolanda Díaz, y ha elevado al Ministerio de Trabajo a la categoría de vicepresidencia para que la ministra despache directamente los asuntos relativos a la coalición de Gobierno con Pedro Sánchez.

Ione Belarra suena en las quinielas

En este sentido, más que un "vacío", la marcha del líder de Podemos provoca que se aceleren los plazos y que, probablemente, se suprima el paso intermedio de "liderazgo coral" que había diseñado en un principio. Donde la renovación si parece más urgente es en la Secretaría General y en el liderazgo de Podemos.

Que Iglesias señalara a Díaz como la futura candidata de Unidas Podemos no solventa en ningún caso el vacío que su salida provoca en un Podemos que, al menos de momento, se queda huérfano de líder. La ministra de Trabajo está centrada en su departamento (que en la actualidad negocia con los agentes sociales la derogación de la reforma laboral del PP y que tiene planificados proyectos tan ambiciosos como la elaboración de un nuevo Estatuto de los Trabajadores).

Esta labor la deberá compaginar de ahora en adelante con una vicepresidencia que funciona de elemento de coordinación y de resolución de problemas de la coalición de Gobierno con el PSOE. La idea de sumar a estas dos tareas una tercera de liderazgo orgánico de una formación política es, al menos de momento, prematura, y la ministra de Trabajo procurará, en la medida de lo posible, marcar sus tiempos en esta compleja renovación.

La pregunta en este caso es quién va a asumir la Secretaría General de Podemos, una cuestión que todavía no tiene una respuesta definitiva, aunque en las quinielas se apunta a dos o tres perfiles entre los que destaca la ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, Ione Belarra, que ya sucedió a Iglesias en su cartera ministerial en el Ejecutivo y es una de las personas que más peso ha ganado en los últimos años dentro del partido. Con todo, en la formación aseguran no estar nerviosos después de que la candidatura de Iglesias haya garantizado la presencia de Unidas Podemos en la Comunidad de Madrid.

En este sentido, recuerdan que siguen en el Gobierno de coalición, donde tienen una vicepresidencia muy potente (nada más y nada menos que la cartera de Trabajo) y que queda mucho tiempo para construir un proyecto potente con liderazgos fuertes y consolidados. También apuntan que la marcha de Iglesias no responde a un batacazo electoral (la formación sumó tres escaños más que en 2019 y logró su objetivo de no desaparecer en la Comunidad de Madrid), sino a una decisión personal del candidato, por lo que no tienen la urgencia de una formación en descomposición. "Quien nos compare con Ciudadanos que mire al Gobierno de España, o al de Baleares o la Comunitat Valenciana", comentan.

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