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El general de 20 de las víctimas del Yak-42: “¡Otra vez no, por favor!”

Pide al Gobierno que no vuelva a tomar el pelo a las familias con el homenaje y cuenta su versión de la tragedia: “¿Qué hace usted aquí?”, le dijo Trillo al verlo. No le dejó subir al avión para acudir al lugar del accidente, en Turquía

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El teniente general Emilio Pérez Alamán en una imagen capturada de su blog.

MADRID.- El teniente general Emilio Pérez Alamán, bajo cuyo mando se encontraban buena parte de los 62 militares fallecidos en el accidente del Yak-42, ha rechazado un homenaje genérico a las víctimas por parte de los “los mismos que hace catorce años ya los humillaron por separado” y reclama que, previamente, pidan perdón en persona “quienes obraron mal”, en alusión a responsables políticos como el exministro Federico Trillo.

“¿Qué hace usted aquí?”,  espetó Trillo al general jefe de 20 ingenieros fallecidos sin darle el pésame. No le dejó subir al avión

Bajo el título “¡Otra vez no por favor”, el general Pérez Alamán explica en un artículo que el homenaje de Estado conjunto que se propone a los 62 fallecidos sería por parte de “los mismos que hace catorce años ya los humillaron por separado. Disculpen, pero suena a más de lo mismo”.

“Si aceptan mi opinión -agrega-, el homenaje debe estar precedido por una auténtica petición de perdón personal de todos los que obraron mal y no de un ente genérico como es el Estado, constituido por muchas instituciones y organizaciones que nada tienen que hacerse perdonar”.

El artículo ha sido publicado en el blog del general Rafael Dávila. El teniente general considera que, catorce años después, “aparece de nuevo la disputa como consecuencia de un informe del Consejo de Estado, que varios años después de haberse solicitado, se dicta en Octubre del año pasado, pero se da a conocer varios meses más tarde ¿Por oportunidad política?, ¿Una baza para estrenarse la nueva Ministra? ¿De nuevo [José] Bono y sus papeles? ¿Con las familias como meros instrumentos?”, se pregunta.

El informe del Consejo de Estado llega tras varios años de haberlo solicitado: "¿Por oportunidad política?, ¿Una baza para estrenarse la nueva Ministra? ¿De nuevo Bono y sus papeles?"

Pérez Alemán revela detalles esclarecedores de lo ocurrido aquel 26 de Mayo de 2003, cuando llegó al Cuartel General de la División en Burgos y le comunicaron la noticia del accidente del Yak-42 en el que regresaban a España 20 integrantes del Regimiento de Ingenieros de la Brunete. Como jefe de dicha unidad, puso en marcha “todas las medidas para hacer frente a tamaña tragedia", especialmente para atender a las familias de los fallecidos.

El General Jefe de Estado Mayor le ordenó que se sumara al viaje que el ministro de Defensa, Federico Trillo, y su séquito iban a emprender desde Torrejón rumbo al lugar del accidente, en Trebisonda (Turquía).

“Llego a la Base Aérea minutos antes del despegue -relata-, en la sala de Autoridades está el Ministro con su Jefe de Gabinete y el General de la Fuerza de Maniobra junto a otras personas civiles que no conozco. La cara del Ministro es un poema al verme aparecer. Me presento y sin mencionarme absolutamente nada de los veinte Ingenieros de la División que han perecido, me pregunta nervioso ¿Qué hace aquí? Le contesto el motivo y la posibilidad de colaborar en la inspección que van hacer en la zona. Sin ninguna palabra más se encierra en una habitación de la sala con su Jefe de Gabinete y pocos minutos después éste me dice que no hay sitio en el avión y no puedo embarcar”.

Regresó a Burgos, “a toda velocidad” para estar con las familias y tomar las decisiones necesarias: su prioridad era la dignidad de sus soldados y el respeto a sus allegados, “después de las actitudes observadas en Torrejón”.

Recuerda “el calvario” que pasaron los jefes de unidad de los 62 militares fallecidos en dicho accidente. “La grandeza y generosidad de aquellas viudas jóvenes, padres y hermanos ante el drama que estaban sufriendo, nada tenía que ver con la fría y calculada escena de Torrejón y dejó bien claro en mi interior donde estaría en caso de confrontación, como así fue, entre los intereses espurios de la política y la dignidad de mis soldados y el respeto a sus familias”.

Asegura que mantuvo el conducto reglamentario y la confidencialidad de sus reclamaciones “sobre los posibles errores en la identificación de los cuerpos por las prisas en repatriar los restos y la forma de atender a las familias”.

Por ejemplo: En el caso del funeral de Estado en Torrejón, de cuya mala organización ya se ha escrito suficiente, asumió la decisión de destacar 20 equipos para trasladar los féretros de la División del avión a los túmulos asignados. “Ello obligó a hacer lo mismo con los demás" para evitar así trasladarlos con "una cadena de soldados, como si de paquetes se tratara”.

Les prohibieron abrir los féretros

“Finalizado el funeral, el Ministerio de Defensa “que había obrado hasta entonces sin preguntar, entregó los ataúdes a las respectivas Unidades para traspasarlos a las familias sin más explicaciones. Después hizo mutis por el foro, no sin antes ordenar la prohibición absoluta de abrir los féretros. De esta actuación también se hizo llegar la queja correspondiente al Mando”.

El teniente general Pérez Alemán reitera su agradecimiento a Burgos y a sus autoridades por el funeral público que se realizó después en la base a la que asistió el entonces presidente de Castilla y León, Juan Vicente Herrera. “Nada que ver con el de Torrejón, mi general”, fueron las palabras de muchos familiares.

Recuerda también cómo en los meses siguientes “se sucedieron acciones para olvidar por parte del Ministerio con la pretensión de arreglar lo que no tenía arreglo”, mientras la oposición política “aprovechó la ocasión para morder a su oponente y no soltar la presa, Por supuesto sin la menor consideración por lo que estaban pasando las familias, peor aún, utilizando su sentimiento y frustración por el comportamiento del Ministerio”. También recuerda la tensión con el ministro, colaboradores y mandos intermedios, que no resultó “nada gratificante” para él.

“La División se esforzó en todo lo que estuvo en su mano para paliar los efectos que tales acciones. De nuevo la disconformidad con la postura oficial se hizo llegar a la superioridad, que respondió con advertencias, pero no con soluciones adecuadas. En consecuencia y con la máxima corrección, pero sin eufemismos, expresé de forma pública mi preocupación y disgusto por la forma que se había tratado tan delicado suceso y el aprovechamiento sin miramientos que lo utilizaba la oposición política para su beneficio. Para ambos las familias eran lo de menos”. Hoy, catorce años después se pregunta si, nuevamente, las familias serán meros instrumentos.

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