Zapatero, la pieza de caza más codiciada por la derecha
Tanto el PSOE como varios de sus aliados políticos recelan de la imputación del expresidente del Gobierno. La portavoz del Ejecutivo, Elma Saiz, ha señalado la "inquina que le tiene la derecha".
Acusado de romper España o de ser "el enlace de Europa con las narcodictaduras", Zapatero se ha convertido en una de las principales obsesiones de las derechas.
Madrid--Actualizado a
José Luis Rodríguez Zapatero es el presidente que rompió España, el que enfrentó a los españoles con su pasado, el que los peleó entre sí y el que los relaciona con los líderes de peor calaña a lo ancho y largo del globo terráqueo. Esa es la caricatura que hacen del expresidente socialista las derechas política y mediática. Más allá del desenlace que pueda tener la imputación que se ha conocido este martes —el juez Calama sitúa a Zapatero en el vértice de "una estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias" con la aerolínea Plus Ultra como elemento central—, la ofensiva por tierra, mar y aire contra el socialista es una constante, en especial, desde que el PSOE recuperó La Moncloa tras el gobierno de Mariano Rajoy. Zapatero, enemigo público número uno.
Hay cuatro flancos habituales. Uno es el que sitúa al que fuera presidente español entre 2004 y 2011 en el origen del clima político que acabó desembocando en el procés. En un principio, desde el PP se acusó a Zapatero de situar a España en una "profunda sima jurídica y política" con el Estatut. Esas son palabras, en concreto, de José María Aznar. El documento fue recurrido por el propio PP ante el Tribunal Constitucional, que limitó el texto. En gran parte, fue eso lo que incendió las almas independentistas.
Pero lo cierto es que la relación de Zapatero con los nacionalismos periféricos ha sido carne de crítica no solo por la cuestión catalana. El PP también se ha esmerado en dibujar un Zapatero amigo de ETA por su política negociadora con la banda. Aunque el propio Zapatero salió al paso, sin ambages, hace pocos meses. Lo hizo reivindicando que fue con él al frente del Ejecutivo cuando terminó la actividad del grupo terrorista. "Bajo mi Gobierno se terminó ETA, se entregó ETA, se rindió ETA. Sí, lo digo y lo afirmo y lo sé... Creo que puedo ser la persona que mas datos tenga. Pasó con mi gobierno; no pasó con el gobierno de Aznar ni con otros", dijo en una entrevista en el programa Herrera en COPE. Zapatero tuvo que saltar así porque el PP se niega a reconocerlo. Para los populares, ETA es un botín demasiado importante como para que lo atesore Zapatero.
Pero más allá de su relación con la España plurinacional, que ha irritado históricamente a las derechas, en el tejado de Zapatero ponen también otra culpa: la de reabrir las heridas de la Guerra Civil. Se le reprocha haberlo hecho con la ley de memoria histórica, que reconocía y ampliaba los derechos de las víctimas de la guerra y del franquismo y que fue ampliamente demandada por las mismas. Se trató de la primera norma de ese tipo que se aprobaba en nuestro país. Más tarde, llegó la actual Ley de Memoria Democrática. Se le reprochó nada menos que "romper el espíritu de la Transición". Mariano Rajoy, Esperanza Aguirre, Ángel Acebes... La plana mayor de la oposición a aquel gobierno de Zapatero se despachó a gusto. "Siembra división, confrontación y discordia entre españoles", dijo Acebes. Todavía hoy se usa contra él como arma arrojadiza.
Cayetana Álvarez de Toledo, portavoz adjunta del PP en el Congreso, resume en su tuit esas flechas habituales disparadas desde Génova, que se ubican, huelga decirlo, en un carril paralelo a cualquier procedimiento judicial. Son ataques políticas. Además de las ya citadas, Álvarez de Toledo también habla de la gestión de la crisis económica o del papel de Zapatero como interlocutor habitual con Venezuela. Esa es, sin duda, otra de las grandes fijaciones tanto del PP como de Vox.
"Es el principal agente internacional de Nicolás Maduro", afirma: "Promueve falsos procesos de diálogo para apuntalar los negocios de la narcodictadura". Por su parte, la portavoz de Vox en la Cámara Baja, Pepa Millán, lo define así: "Es la cabeza de puente entre Europa y el chavismo y los peores regímenes narcoterroristas. El embajador del criminal Maduro". El propio Alberto Núñez Feijóo, líder del PP, calificó de "muy sospechosas" las relaciones de Zapatero con Venezuela. Es una constante el señalamiento por su relación con Delcy Rodríguez, la actual presidenta de Venezuela y, antes de que EEUU secuestrara a Maduro, vicepresidenta del país.
Así, de un tiempo a esta parte, el PP ha concentrado muchas de sus energías en el expresidente. Por momentos, lo ha situado en su agenda casi al nivel de Pedro Sánchez. No en vano, el PSOE ha tirado de Zapatero en las últimas campañas electorales para generar ilusión en sus filas poniendo en valor, precisamente, muchas de las políticas que sacó adelante durante sus legislaturas. La ley de memoria histórica, la ley contra la violencia de género o la ley del matrimonio homosexual son algunos de los hitos que conforman su inequívoco legado progresista. El PP se opuso a todos ellos.
Con todo, es cierto que, a medida que ha ido pasando el tiempo, ha crecido la sensación de que Zapatero ganaba peso en el actual Gobierno y eso es algo que aprovecha el PP siempre que puede, consciente de que el expresidente despierta una gran animadversión en su parroquia. Sirve para agitar las aguas; para mantener a su gente conectada. Por tanto, este martes sus responsables de estrategia lo tenían servido. Día fácil en la oficina. "Zapatero ha ejercido estos años como líder espiritual e ideológico de Pedro Sánchez", deslizaba por la mañana Ester Muñoz, portavoz del Grupo Parlamentario Popular: "Uno [Zapatero] necesitaba el poder del Gobierno para enriquecerse y el otro necesitaba al mediador para mantener viva esa mayoría que le pudiera sostener en el Gobierno [Sánchez]".
Y esa es quizá la última gran clave de bóveda de la crítica política de las derechas a Zapatero. Si en la primera década del siglo XX se le afeó su predisposición a aprobar un Estatut ambicioso —aunque luego el independentismo lo acusara de haber incumplido su promesa—, ahora se le considera —y, de alguna forma, lo es— la piedra angular de la relación del PSOE con algunos de sus aliados políticos más exigentes. En especial, Zapatero ha ejercido de mediador con Junts per Catalunya. De nuevo, blanco y en botella para el PP, que utiliza ese perfil amable con el independentismo para volver a acusarle de romper España.
El PSOE señala la "inquina" de las derechas
La primera reacción del Gobierno, del PSOE y de sus aliados parlamentarios ha sido la de señalar, precisamente, esa "inquina" que, subrayan, tienen las derechas con respecto a Zapatero. Es la palabra que ha utilizado la portavoz del Ejecutivo, Elma Saiz, en la rueda de prensa del Consejo de Ministros. "Si hay una persona que para determinados sectores del poder judicial es un enemigo a batir es el expresidente Zapatero", ha opinado Gerardo Pisarello, coportavoz de Comuns. Eduardo Madina, destacada figura del socialismo durante los gobiernos de Zapatero, ha salido, también, en defensa del expresidente. El político vasco se ha declarado en shock —una de las palabras que más se han pronunciado durante la jornada en los pasillos del Congreso—, pero ha asegurado que ve "incompatibles" los hechos que desgrana el auto con la persona a la que él conoció y se ha declarado seguro de que "demostrará su inocencia".
Pero la intranquilidad dentro del partido es notoria. Si la palabra shock se repite hasta la saciedad, la palabra "cautela" también. Hay algunas voces que reconocen que, "después de lo de José Luis Ábalos y Santos Cerdán, es difícil poner las manos en el fuego por alguien". Sin embargo, por el momento nadie pierde la posición. El sentir general es dar credibilidad al expresidente. Este miércoles, en la sesión de control es de esperar que Pedro Sánchez defienda la honorabilidad de Zapatero tras la imputación y, en especial, cuando el PP cargue las tintas contra él. Con todo, las voces socialistas consultadas trasladan una de las pocas certezas que tienen: "Esto va para largo".
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