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El juez procesa al acusado de matar a patadas a un perro en Santander

Concluye la instrucción y pide al fiscal, acusación particular y popular que formulen sus escritos de calificación. Está acusado de un delito de maltrato animal

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Imagen de una manifestación para solicitar el endurecimiento de las penas por maltrato animal. EFE/Kote Rodrigo

SANTANDER.- El titular del Juzgado de Instrucción de Santander ha imputado un delito de maltrato animal y ha procesado al hombre acusado de matar a patadas a un perro en la calle Rualasal de Santander en abril del año pasado, después de que se produjera una pelea entre el can y el de su propiedad.

El juez, que ha concluido la investigación sobre la muerte del perro, ha encontrado indicios suficientes para imputar al hombre un delito relativo a la protección de los animales domésticos en concurso con otro de daños.

Una vez finalizada la instrucción, el magistrado ha solicitado a las acusaciones que formulen sus escritos, paso previo al auto de juicio oral.

Además del Ministerio Fiscal y la acusación particular que ejerce la dueña del perro fallecido, en esta causa está personada como acusación popular la Asociación para el Bienestar de los Animales El Refugio.

Según relata el auto, el perro se encontraba en la puerta de un supermercado esperando a su dueña, que compraba en su interior. El can, un pastor catalán de siete años, no estaba atado pero sí llevaba un bocal, similar al que se coloca a los caballos.

Al pasar otro perro, un Shar Pei, se produjo un "normal y ordinario enfrentamiento entre ambos" animales, que "degeneró en riña abierta".

Entonces, el dueño del perro acometido intervino "propinando sin necesidad alguna una media docena de patadas" con unas "pesadas botas de montaña" que calzaba.

"Tras esa primera tanda de patadas, ambos perros se separaron" dirigiéndose el pastor catalán hacia otro lugar, pese a lo cual el imputado, "sin detenerse en ningún momento, continuó dándole más patadas" al animal, "dirigidas todas ellas a la zona abdominal".

Según el juez, el hombre tenía "intención de causarle la muerte o aceptando la posibilidad de que tal cosa ocurriera, y ello pese a que alguno de los presentes en el lugar le exigía que parase, pues podía matar al animal, como así sucedió".

Explica el magistrado en su auto que la prueba más valiosa de lo ocurrido es la declaración del único testigo presencial, "que pudo ver todo el hecho desde el principio hasta el final", ya que ni las cámaras de seguridad del supermercado ni las de una sucursal bancaria cercana pudieron captar la escena.

Frente a la tesis exculpatoria del hombre, que argumenta la defensa de su propio perro, el juez señala que, si bien "es evidente" que hubo un ataque, "es cosa muy distinta" que dicho ataque "generara un riesgo tal para el perro del imputado que justificara en alguna medida la desproporcionada y salvaje reacción que tuvo".

"Mucho más cuando nos dice su dueña que el perro llevaba un bocal que le impedía morder a nadie o incluso abrir mucho la boca", añade.

Por tanto, concluye el juez, "existen indicios sobrados de la comisión del ilícito investigado".

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