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Juicio independencia Del amor a España a la independencia simbólica, o cómo defenderse ante el tribunal del 'procés'

Junqueras y Forn escenifican dos estrategias defensivas muy distintas en el juicio, si bien logran unir sus caminos para intentar desmontar las acusaciones en su contra. Niegan haber dado órdenes políticas a los Mossos, que se usaran fondos públicos para el referéndum del 1-O o que hubiera violencia en el 'procés'. Junqueras se presenta como un "preso político” con la vista puesta en Europa, el mismo sitio al que apunta el presidente del Tribunal que debe juzgarle, Manuel Marchena.

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14/02/2019.- Imagen tomada de la señal institucional del Tribunal Supremo de la declaración del exvicepresidente de la Generalitat y principal acusado, Oriol Junqueras, durante la tercera jornada del juicio del "procés" en la Sala de Plenos del Tribunal Supremo. Oriol Junqueras ha señalado este jueves en el juicio del 'procés' que ama a España y que por ese motivo está convencido de que el mejor modo de garantizar la convivencia es con un reconocimiento entre iguales, es decir, con un Estado propio. EFE/Tribunal Supremo

Uno se presenta como un "preso político"; el otro como como un independentista convencido que nunca usó sus poderes ejecutivos para este fin. Los dos, Oriol Junqueras y Joaquim Forn, se han sentado este jueves en el banquillo de los acusados en el marco del juicio al procés catalán, y han empleado distintas técnicas para sacudirse las graves acusaciones delictivas que les atribuyen. Sólo Junqueras ha denunciado estar frente a un "juicio político", eso que su defensa denominó el martes una "causa general contra el independentismo".

Junqueras y Forn comparten la mayoría de sus planteamientos: ni hubo violencia, ni instrucciones políticas a los Mossos, ni malversación

El exvicepresident de la Generalitat y líder de ERC y el exconseller de Interior (PDeCAT) han sido los primeros acusados en comparecer ante la Sala de Lo Penal del Tribunal del Supremo, cristalizando así las diferencias que ya eran visibles en sus respectivos escritos de defensa, y que cobraron aún más nitidez cuando la defensa de Forn se refirió a la causa como un juicio penal al uso, "como una estafa o una alcoholemia". Es exactamente lo contrario que refiere el de ERC, con el que no obstante comparte algunos planteamientos: ni hubo violencia, ni instrucciones políticas a los Mossos, ni malversación.

Junqueras ha copado titulares con su “amo a España”, criticado por la derecha y apropiado para todo un 14 de febrero. Y, a diferencia de Forn, se ha negado a contestar a las preguntas de Fiscalía, Abogacía del Estado y la acusación particular de Vox. Que no iba a prestarse como altavoz de los ultraderechistas ya fue avanzado por este diario, si bien el líder de ERC ha esperado hasta hoy para afirmar que no renunciará "a sus convicciones democráticas", pese a que "las acusaciones no van a dejar de perseguirme por ello". Por eso no les responde.

Junqueras opta por una defensa política, emotiva, personalista: "es" republicano, pero "está" independentista"

Con la vista puesta en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo -no confía en esta causa-, el también candidato a las elecciones europeas ha sido entrevistado -más que interrogado- por su abogado, Andreu Van den Eynde. Del “soy una buena persona” a su explicación sobre el carácter pacífico y festivo de las concentraciones del procés, Junqueras ha optado por una estrategia claramente política, emocional, personalista, muy aplaudida por los suyos.

Es el político que primero "es" demócrata y republicano, que está independentista, que sabía que podría pasar un año y medio en prisión provisional, “sin poder hablar”, y que promete seguir trabajando por llevar a buen término el “mandato de los catalanes”, sea cual sea el resultado del juicio.

Forn ha acaparado casi todas las horas de trabajo, rifirrafe con el fiscal y alusión a su "relato peliculero" incluidos

De hecho, no ha dejado de pelear por desmontar todos los presuntos delitos que le atribuyen Fiscalía y Abogacía del Estado, pero lo ha hecho de forma sutil, elevando el tono y gesticulando en ocasiones, disculpándose por su “pasión” dialéctica. Quería hablar, y no ha hecho el menor esfuerzo por ocultarlo.

Forn, por su parte, ha acaparado casi todas las horas de trabajo de esta tercera sesión. A diferencia de Junqueras, él sí ha aceptado responder a las preguntas de las acusaciones -salvo de los ultraderechistas-, rifirrafe con el fiscal Fidel Cadenas y alusión a su “relato peliculero” sobre lo ocurrido en las protestas frente a la Consellería de Economía, el 20 de septiembre de 2017, incluidos.

Para empezar, y sobre la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) del 27 de octubre, el exconseller ha resaltado su carácter simbólico. Según su explicación, ese día se sometieron a votación dos propuestas, pero sin efecto jurídico: "Se hizo una votación que no tenía efectos jurídicos, y que sólo se votaba la parte resolutiva donde se rechazaba el 155 y se abría el proceso constituyente", ha relatado. Junqueras ni siquiera ha mencionado la DUI.

Forn sostiene que la DUI fue simbólica; Junqueras ni la nombra

Por otro lado, el también candidato a la Alcaldía de Barcelona ha desligado en varias ocasiones su compromiso político con el referéndum del 1-O de las órdenes que impartió cuando estaba a la cabeza de Interior. “No utilizo los mecanismos del departamento de Interior para impulsar el referéndum. Lo que hago es decirle a los Mossos: ‘Ustedes lo que han de hacer es cumplir con sus funciones de policía judicial’”, apostillaba, insistiendo en que no les dio órdenes políticas, tal y como había apuntado el exvicepresident sólo un par de horas antes.

Además, y según Forn, tampoco se puede afirmar que los mossos mantuvieran una actitud pasiva el 1-O, habida cuenta de que el de esta jornada supuso el mayor despliegue de su historia, integrado por entre 7000 y 8000 agentes. "Ninguno de los actos de los Mossos fue contrario a la Constitución, ni el 20-S ni el 1-O", insistía. En esto coincidía con Junqueras.

El exvicepresident: "Votar no es delito. Impedir por la fuerza que se vote, sí”

En esto, en el uso del castellano y en que no se utilizó dinero público para financiar el referéndum - “No supuso ningún gasto ni ningún coste para los contribuyentes ni para nadie", decía el exvicepresident-, rechazando así haber cometido el delito de malversación.

Los dos coincidían también al señalar que no hubo violencia en el procés, que no había indicios claros de que la esta tendría lugar el 1-O, y que los episodios de violencia de ese día son atribuibles únicamente a la Policía Nacional y la Guardia Civil: "Hubo violencia en determinados puntos por actuaciones erróneas" de ambos cuerpos del Estado, decía Forn. "Votar no es delito. Impedir por la fuerza que se vote, sí”, decía Junqueras, repitiendo la misma idea en decenas de ocasiones, con similares declinaciones: “No cometimos ningún delito”. 

La violencia es clave para sostener la acusación por rebelión, el delito más grave de los que les atribuyen la Fiscalía y Vox, y que va aparejado a una petición de pena de 25 años por parte del Ministerio Público, en el caso del político de ERC, y de 16 años en el caso de su excompañero de gabinete.

Con todo, después de las tres primeras sesiones, con dos días de cuestiones previas y la posterior declaración de los dos primeros acusados, el juicio se retomará a las 10.00 del martes, previsiblemente con el interrogatorio a Raül Romeva, exconseller de Exteriores.

Marchena reprende a Vox y pasa a dirigirse a Estrasburgo

Manuel Marchena ha esperado hasta la tercera jornada del juicio para empezar a lucirse. El presidente de la Sala de Lo Penal ha arrancado su exposición de este jueves repasando las cuestiones previas planteadas por las defensas, de las permitidas -la comparecencia del exministro del Interior Juan Ignacio Zoido, rechazada anteriormente, o el uso del catalán en las respuestas de los procesados- a las que aún no puede responder, pasando por las que ha desestimado, como la citación como testigo del expresident Carles Puigdemont, procesado en la causa y declarado en rebeldía: “Seamos serios”.

Marchena ha pulido al máximo las formas, ha vuelto a reprender a Vox, a rechazar sus peticionesy ha interrumpido al fiscal y a la abogada del Estado -Rosa María Seoane- cuando lo ha considerado oportuno. Les exigió que se centrasen en preguntar, no en sacar conclusiones, o que evitasen seguir insistiendo en las mismas cuestiones.

El presidente de la Sala sabe que los 12 procesados recurrirán a Estrasburgo, y con cada intervención manifiesta su esfuerzo por vaciarles de argumentos para ello.

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