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Lina Gálvez Muñoz "El movimiento feminista es el gran revulsivo contra la austeridad"

Lina Gálvez Muñoz considera que sin feminismo en las políticas públicas las mujeres seguirán empobrecidas y pagando el pato de la desigualdad.

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Lina Gálvez Muñoz, consejera de Conocimiento, Investigación y Universidad de la Junta de Andalucía

Poniendo en práctica su enorme conocimiento en historia económica y social. Así vive desde el pasado 7 de junio Lina Gálvez Muñoz, fecha en la que fue nombrada consejera de Conocimiento, Investigación y Universidad de la Junta de Andalucía. Y es que esta reconocida feminista se ha propuesto implantar con su nuevo trabajo la sensatez de la igualdad. Lo hace no solo por justicia ante la mitad oprimida de la sociedad sino porque es consciente de que todas y todos podemos poner granos de arena para derrumbar los muros que impiden a las mujeres ser libres y desarrollar una vida plena. También porque es consciente de que se predica con el ejemplo. “No sé si mi hija tendrá un mundo mejor gracias a mi ejemplo, lo que si espero es que sea gracias a mi trabajo”, reconoce a Público.

A Gálvez le faltan manos y horas al día para poder hacer, o más bien deshacer, lo que ha provocado en nuestra sociedad la crisis y con ella la precarización de las políticas de austeridad. Según la consejera los aprietos de estos tiempos difíciles afectan de lleno al mercado de trabajo y tienen como consecuencia “la bajada de ingresos en las familias siendo estas las que, dada también la reducción de los servicios sociales, han de asumir las necesidades de atención y cuidados. Un trabajo no remunerado que repercute directamente en las familias y que son las mujeres las que asumen principalmente. Cuando la economía comienza a mejorar, la recuperación del empleo masculino se produce antes que la del femenino. Todo ello deriva en un retroceso de los avances de igualdad en todos los ámbitos, incluso en esa perspectiva más cultural de devolver a las mujeres a su espacio natural”, recalca.

Un sujeto político que lo cambia todo

Para la consejera esta última crisis ha tenido un componente diferente a otras y ha marcado un antes y un después. “Ha sido la primera vez que no se ha pedido de manera explícita una vuelta de las mujeres al hogar, lo que viene a demostrar que las cosas son diferentes. Se ha producido un adelantamiento, un sorpasso de las mujeres respecto a los hombres en educación, lo que mejora la empleabilidad de las mujeres, pero también cambian sus preferencias. Además la propia demanda del mercado laboral ha ido variando a raíz de los cambios tecnológicos y la terciarización de la economía que ha aumentado la demanda de puestos de trabajos más generalistas que han cubierto las mujeres. Y, sobre todo, existe un sujeto político mucho más fuerte que el que había en momentos previos, que es el feminismo. Y esto es algo importante; pero también cambia sus preferencias porque empodera a las mujeres. El movimiento feminista es el gran revulsivo contra la austeridad”, subraya Gálvez.

"No es la crisis la que afecta directamente a las mujeres, sino las medidas de austeridad"

Por eso esta reconocida feminista insiste en una premisa básica. “No es la crisis la que afecta directamente a las mujeres, sino las medidas de austeridad, que son deflacionistas en relación a los salarios. Además también porque disminuyen los recursos y la previsión y acceso a los servicios públicos, sobre todo las políticas sociales, en los que las mujeres son las principales usuarias, las principales empleadas y las sustitutas naturas. Cuando no se proveen estos servicios sociales pasa a la familia y pasan por tanto a las mujeres a modo de trabajo no remunerado”.

¿Cuánto tiempo y dinero se nos debe a las mujeres por el amor gratuito que se nos ha vendido teníamos que dar a la sociedad y que nunca se nos ha pagado?

No solo es cuestión de dinero, es también una cuestión de visibilidad y de poder. Pero no poder en el sentido masculino del término, sino poder en relación a la toma de decisiones, a disponer de un espacio en el que organizar y hacer las cosas de otra manera. En poder articular y ejecutar medidas y actuaciones que lleven a replantear nuestra sociedad y a nuestra economía de un modo diferente. Por tanto, la deuda es inmensa. Se suele hablar mucho del talento femenino, que se pierde porque el 60% de los egresados son mujeres y no estamos incorporadas en la misma medida al mercado de trabajo ni en los puestos de dirección que nos correspondería; pero se habla poco de que se desperdicia el talento cuidador de los hombres por la falta de corresponsabilidad.

¿El reparto del tiempo es el mejor sinónimo de igualdad?

Es uno de los mejores indicadores que podemos tener de igualdad, pero a mí siempre me gusta hablar de reparto de tiempos y de trabajos. Podemos tener una distribución igualitaria del tiempo pero, con independencia de ello, estar realizando trabajos muy segregados y remunerados y no remunerados. En esa segregación podemos estar en puestos distintos de responsabilidad y en distintos percentiles de renta y de salario. Hay segregación hasta en los trabajos domésticos y de cuidados, con los hombres asumiendo más cuidado “de calidad” y las mujeres más cuidado básico. Ellos juegan con los niños y nosotras limpiamos.

Esos repartos igualitarios influyen en el bienestar, especialmente en el de la infancia. ¿Si no somos conscientes de ello seguiremos siendo mera sociedad de consumo en lugar de responsable y democrática?

Sí, sin duda. Aunque establecer la vinculación que existe entre los usos del tiempo de los padres y el bienestar de los niños y las niñas puede parecer difícil, hemos venido estudiando esa relación y, desde luego, hay una influencia clara. Principalmente porque repartos de tiempos tan desiguales fomentan en definitiva un modelo económico y de participación en el mercado laboral de jornadas muy largas para los padres y sitúan el consumo por encima de disponer del tiempo y del bienestar. Y si avanzamos a un mejor reparto de horarios y de trabajos pues tendremos más tiempo para estar con las criaturas. Para el cuidado en general, a la vez que podremos diseñar mejor nuestros proyectos vitales y profesionales. Igualmente podremos educarles en una forma de vida menos consumista.

Reordenar el cuidado

"Necesitamos de esa implicación para avanzar hacia una organización social del cuidado, que no sea exclusiva de las mujeres, sino que sea una responsabilidad común"

Para Lina Gálvez Muñoz una sociedad corresponsable es sinónimo no solo de la riqueza contante y sonante sino también multimillonaria gracias al talento femenino no desperdiciado. Por eso, además de clamar por la corresponsabilidad de los hombres, considera clave que las instituciones públicas y toda la sociedad en general se impliquen. Y en ese todo entran las empresas, instituciones o sindicatos. “Necesitamos de esa implicación para avanzar hacia una organización social del cuidado, que no sea exclusiva de las mujeres, sino que sea una responsabilidad común. Si eso es así, a las mujeres se nos libera muchísimo tiempo para poder realizar proyectos de vida autónomos —al igual que hacen los hombres— y que estén en consonancia con nuestros deseos, formación y capacidad de trabajo. Si tenemos más tiempo, habrá muchísimas más mujeres en todos lados porque el talento está igualmente repartido, lo que no lo está son las oportunidades”.

Además la experta en historia económica y social considera que una sociedad feminista en la que las mujeres dejen de estar en precario es la mejor inyección para prosperar. “Todas las mujeres con recursos son más autónomas y disponen de más capacidad para hacer frente a las adversidades que les vayan viniendo. Va a tener más libertad, le va a permitir tomar decisiones con más libertad. Lo que sí es una mujer que va a ayudar a disminuir la pobreza, sobre todo, la pobreza infantil. Sabemos que cuando una mujer tiene recursos propios los revierte más en el bienestar de los hijos y de las hijas que si esos recursos son del marido o padre de la criatura”, comenta.

Un bienestar que aún es más inalcanzable cuando las mujeres llegan a la vejez. “Tenemos una construcción de estado del bienestar y fiscal que se basa en que el hombre es ganador de pan y la esposa es dependiente. Eso justifica que a la mujer se le pague menos salario a lo largo del ciclo profesional o que se hayan incorporado en menor medida al mercado de trabajo porque se supone que es auxiliar al marido. Aunque esto está cambiando para las próximas generaciones, todavía existe, no obstante, una brecha salarial muy grande que hace que las mujeres coticen menos y durante menos tiempo y con mayores intervalos, lo que hace que la brecha —el diferencial en pensiones—sea mayor. Además, muchas mujeres que no han tenido contribución, no son conscientes que el marido se desgrava por ellas y que, por tanto, parte de la pensión de él también es de ella”, recalca la consejera.

"Queremos avanzar hacia un permiso de maternidad y paternidad intransferible"

Gálvez añade que esta construcción social y fiscal precariza hasta situaciones de las que no somos conscientes pero que ahondan en la brecha salarial y en la pobreza femenina. “Todavía tenemos un sistema fiscal en el que la tributación individual no es obligatoria, en el que se sigue fomentando la tributación familiar. En otros países como Suecia, desde los años 70 es obligatorio tributar de manera individual, mientras que aquí todavía podemos elegir. Hay estudios muy concluyentes que demuestran que hay un desincentivo de participación del segundo proveedor familiar, sobre todo en el momento vital en los que se requieren otros recursos no económicos, como es el cuidado de hijos, que es en tiempo y en presencia. Cuando hay un sistema de fiscalidad común se desincentiva la participación del segundo proveedor familiar”, dice. Por eso para ella es básico disponer de pensiones no contributivas dignas que beneficien a las mujeres y especialmente a la generación que no estaba incorporada al mercado de trabajo o que lo hicieron sin que los empleadores les dieran de alta en la Seguridad social y, por tanto, sin cotizar. “También queremos avanzar hacia un permiso de maternidad y paternidad intransferible, en teoría también debería aplicarse a los hombres. Hay que cambiar el modelo completo y no colocar parches porque si no podemos estar siendo incongruentes. Pero para todo ello, se precisa revisar el mercado de trabajo y el reparto de trabajos por tiempos porque el sistema de pensiones está vinculado con todo esto”, añade.

¿Qué me dice de una realidad tan dura como la de que cada vez haya más mujeres que mueren solas y sin recursos?

Me parece doblemente dura porque refleja dos cosas principalmente: en primer lugar, unas pensiones injustas con las mujeres que no han cotizado, no que no hayan trabajado, y que las deja en la miseria y sin recursos para afrontar una vejez digna y; en segundo lugar, refleja lo poco valorados que están los cuidados en esta sociedad, cuando son esenciales y deben estar en el centro de las políticas públicas, y más cuando se trata de personas que, seguramente han dedicado su vida a cuidar de otros. Por otra parte debemos hacer una profunda reflexión acera del modelo de sociedad que tenemos, una sociedad muy individualista que está cambiando el alma de las personas y en la que no estamos dispuestos a devolver ese esfuerzo que durante muchos años esas mujeres hicieron para cuidar de los suyos.

Esta realidad responde a un sistema económico, social, fiscal y de pensiones completamente injusto, que es reflejo también de otras injusticias del pasado, como la no cotización del trabajo de las mujeres y la infravaloración de los cuidados. En una sociedad machista y patriarcal todo lo relacionado con estas está infravalorado.

¿A quiénes no les importa la igualdad retributiva qué les dice?

La desigualdad retributiva no es solo ya una cuestión de justicia social, sino que es una apuesta por una economía más sostenible y una sociedad más sana. Hay estudios que demuestran la relación entre la desigualdad de género y la pobreza infantil. Si las mujeres tienen una mejor posición política y social, se reduce la malnutrición de los niños, se mejora la tasa de participación escolar y favorece el acceso a los servicios sanitarios.

Necesitamos una sociedad en la que se dé un mejor uso del talento, más disposición a esforzarse y en la que haya una mayor correlación entre la remuneración y la formación y el esfuerzo de las personas. No puede ser que tengamos un sistema en el que hay un 60% de egresadas universitarias y que luego no tengan oportunidades en el mercado de trabajo. O que, desde el año 2001, haya más mujeres que hombres en edad de trabajar con estudios superiores y, en cambio, sigamos encontrando, de una parte, una brecha de participación en el empleo favorable a los hombres y, de otra, cifras de paro y temporalidad y parcialidad en el lado de las mujeres.

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