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Memoria histórica El tiempo como refugio: el reloj de Pamplona que salvó la vida de Enrique Cayuela en julio de 1936

El abogado, procedente de una familia adinerada pero de izquierdas de Pamplona, consiguió huir a Francia tras esconderse tres meses en el hueco del reloj de la estación de autobuses de la ciudad. Aunque él nunca ocultó la historia, en la ciudad navarra los hechos han pasado desapercibidos hasta que un libro, centrado en la figura de su hermano Natalio, los ha recuperado.

El tiempo como refugio: el reloj de Pamplona que salvó la vida de Enrique Cayuela en julio de 1936
En la imagen Enrique Cayuela, el último de todos mirando la foto de derecha a izquierda.   Fondo Zaragüeta / Museo de Navarra

Enrique Cayuela Medina sabía que en Pamplona no habría guerra. Allí triunfó el levantamiento militar desde el 19 de julio, un fatídico día que tan solo fue el inicio de cuatro décadas de represión. Conocido en la sociedad pamplonica por su militancia primero en Acción Republicana y después en Izquierda Republicana, además de pertenecer a una familia liberal y pequeñoburguesa, tenía que escapar de la represión franquista que al poco tiempo de iniciarse la contienda le acabaría arrebatando a sus dos hermanos, Natalio y Santiago. Tuvo una idea que le salvó la vida: se escondió durante tres meses en el hueco del reloj de la estación de autobuses de la ciudad que le vio crecer, pero también marcharse para nunca regresar.

La noche era peligrosa. Las sacas de madrugada o los paseos al alba no pasaban desapercibidos para alguien tan significado. Enrique encontró su refugio en apenas un metro de ancho, largo y alto, ya ocupado por una maquinaria de relojería. Cuentan que solo subía cuando caía la noche, y que se tumbaba en el suelo para evitar que se viera su silueta tras el cristal del reloj. Las manecillas seguían girando noche tras noche, día tras día, hasta que llegó el indicado para cruzar la frontera hacia Francia. Huía de Navarra, donde el levantamiento no obtuvo resistencia, pero no de España. Regresó. Primero a Catalunya y después a Valencia; un tiempo en el que prestó sus servicios como abogado primero y después como juez al Gobierno republicano. Cuando las cosas empeoraron y el levante estaba a punto de caer, se fue. Se exilió con su mujer, María Luisa Arzac, y sus tres hijos. Retornaron a Francia. Siguiente parada: Chile.

El tiempo como refugio: el reloj de Pamplona que salvó la vida de Enrique Cayuela en julio de 1936
Foto del reloj de Pamplona. Luis Wenstein Cayuela

"Enrique Cayuela llegó a ser secretario interino en el Ayuntamiento de Pamplona durante toda la Segunda República. El mismo 19 de julio, estando Mola en la capitanía general de Pamplona, se instaura el estado de guerra y detienen a más de cien personas, entre ellos a Santiago, su hermano pequeño", introduce Eduardo Martínez, historiador y autor del libro Y el tiempo se detuvo. Natalio Cayuela. Osasuna y justicia (Txalaparta, 2021). Natalio, el otro hermano, permaneció en su casa. Pensaba que no había hecho nada malo, y que pronto liberarían a Santiago. Craso error por su parte. Enrique fue algo más avispado y aunque también se quedó en casa se percató pronto de que no solo eran detenciones, sino también disparos no muy lejos de su casa.

Según Martínez, existen dos versiones sobre lo ocurrido: que se escondiera tres o seis meses en el reloj para evitar la misma suerte que sus hermanos. El historiador se decanta por la primera opción, pues eso significaría superar "los peores meses de la Guerra en Navarra, cuando se llevan a cabo la mayor parte de los fusilamientos, entre julio y septiembre de 1936", en sus propias palabras. Pero su familia no era la única que vivía en ese edificio reservado para el funcionariado de la Administración. "Creemos que algún vecino lo sabría porque él sí que subía y bajaba las escaleras. O hubo buena gente en el vecindario o no se querían meter en líos", agrega el escritor.

La derecha le persigue

Él sabía que sus hermanos ya habían sido fusilados por el bando sublevado. Santiago, detenido el 19 de julio con 25 años, y Natalio, detenido el 3 de agosto con 46: los dos liquidados el 26 de agosto junto con otro medio centenar de personas. "Esto impresiona en Pamplona porque han matado a los Cayuela, gente con cierto nivel adquisitivo, político y cultural", comenta Martínez. Pero no todos los Cayuela estaban muertos. Una cuarta hermana, llamada Josefina, y el protagonista de esta historia seguían con vida.

Tal y como afirma Martínez, los Cayuela aparecen en la prensa con el "Don" delante hasta mediados de julio. Eran una familia respetada, que participaba de forma activa de las organizaciones y asociaciones de la ciudad. Nadie se esperaba su final. Joseba Asiron, historiador y actual concejal en el Consistorio de Pamplona por EH Bildu, y antiguo alcalde de la ciudad, apunta que en las actas municipales del 8 de agosto de 1936, cuando Natalio y Santiago están detenidos y Enrique escondido, dos concejales de derechas preguntan al alcalde de aquél momento por la ausencia de Enrique. La cita textual es: "Están faltando al trabajo mientras otros derraman su sangre en defensa de la patria". Asiron termina la historia: "El alcalde les dice que tiene un certificado médico que exculpa las ausencias de Enrique, lo que es mentira, y al final aprueban la propuesta de estos señores, Beriain y Arribillaga, y se elabora una lista de quién está faltando al trabajo esos días, lo que se convertiría en una lista negra".

El propio Asiron remarca que cada uno de los cuatro hermanos Cayuela Medina tuvo su importancia y relevancia. Natalio, el mayor, fue abogado y llegó a ser uno de los dos secretarios de sala en la Audiencia Provincial de Pamplona. "Su relevancia social también procede de su actividad en el equipo de fútbol del Osasuna, que consiguió llevarlo de tercera a segunda y después a primera división", completa el concejal. De hecho, esta historia se conoce ahora por el cumplimiento de los 100 años del mencionado club, creado en 1920. Martínez, el autor del libro, confirma que "al empezar a trabajar sobre el centenario vimos que había muchos represaliados entre los fundadores e integrantes de las juntas por sus ideas republicanas, socialistas o nacionalistas vascas". En realidad, toda la familia estaba muy vinculada al fútbol, con su nacimiento y desarrollo en Navarra desde primeros de siglo; y también en Gipuzkoa, con Pepe Arzac, cuñado de Enrique, jugador referencia del Real Unión, que también marchó al exilio con ellos.

Francia-Catalunya-València-Francia-Chile

Es difícil estar más cerca del tiempo de lo que lo estuvo Enrique, pero llegó la hora. Un coche le ayudó a pasar la frontera hacia Francia, aunque no está claro si un mugalari o un taxista, de las pocas personas que mantenían sus vehículos propios tras el estallido de la contienda y la requisa de los bandos. Con sus pies seguros en Biarritz, contactó con el resto de compañeros y esperó con su familia a ver cómo se sucedían los. Decidieron volver a España, pues la Guerra se alargaba. Entraron por Catalunya y se establecieron en Valencia. Esta capital mediterránea fue el enclave en el que los cinco, la familia al completo, pasaron sus últimos días. De ella marcharían a América, en concreto Chile, donde nacerían las siguientes generaciones que también tendrían que hacer frente a otros golpes de estado militares con tintes fascistas.

Luis Wenstein Cayuela es nieto de Enrique. Chileno de nacimiento, hace unos días por fin pudo ver dónde se escondió su antepasado de la barbarie fascista. "Él murió de tuberculosis en Chile y no lo conocí, pero la historia del reloj ha sido la historia de mi casa. Ahora he podido ponerle volumen a todos estos recuerdos que se me agolpan en el tiempo", relata el nieto a Público. Su biografía tampoco está exenta de exilios: "Mi madre, al igual que sus hermanos, los hijos de Enrique, eran gente muy comprometida con la política. Cuando llegó el golpe de Estado a Chile tuvimos que huir a Argentina, y allí tuvimos que vivir un nuevo golpe de Estado. Mi abuelo no lo llegó a ver, pero mi abuela, María Luisa Arzac, sí, y dice que se le venía todo encima porque recordaba lo ocurrido en España".

"Ver el reloj es hacer carne de todo lo que te han contado. Tener la evidencia de que todo era tal cual lo contaba la abuela ha sido muy fuerte", se explaya el nieto de Enrique, que también visitó el Ayuntamiento, el lugar de trabajo de su antepasado, junto con otro de sus hermanos. "Se tiene que saber lo dura que fue la guerra para que la gente vea que aquello no fue un juego, y que, en el fondo, la democracia es algo a cuidar y tarea de todos mantenerla", en palabras del propio Luis Wenstein. Del Ayuntamiento se desplazaron al Palacio de Navarra donde fueron recibidos por el equipo del Consejero de Justicia y después al Parlamento, el lugar de trabajo de su tío abuelo Natalio.

Desplante en el Ayuntamiento

La parada en la Casa Consistorial no fue todo lo agradable que podría haber sido, según manifiestan los concejales allí presentes. Navarra Suma, en la alcaldía, no realizó una recepción oficial, ni siquiera dispuso a alguien de protocolo para enseñar el edificio a los familiares de Enrique Cayuela. Se limitaron a conversar con ellos a puerta cerrada durante 45 minutos, tiempo en el que más de una decena de concejales y profesionales de la prensa tuvieron que esperar.

El tiempo como refugio: el reloj de Pamplona que salvó la vida de Enrique Cayuela en julio de 1936
El reloj en el Ayuntamiento. Luis Wenstein Cayuela

Según ha manifestado Xabier Sagardoy a Público, "este personaje fue un secretario del Ayuntamiento que tuvo que exiliarse con motivo de la Guerra, procedente de una familia con mucho arraigo en la ciudad, y su figura debe ser reconocida y reparada por las instituciones". En la misma sintonía se muestra y finaliza Asiron al afirmar que "la recepción fue una auténtica vergüenza, falta de consideración y respeto".

En un trabajo pionero en el Estado, el colectivo Osasuna Memoria organizó la visita de los Cayuela al Ayuntamiento en una jornada que incluía visitas al Archivo General de Navarra, Palacio, Parlamento y la casa del reloj. Por otro lado, este colectivo ha impulsado la publicación de otros dos libros más y, gracias a su investigación, el Gobierno de Navarra pudo organizar un homenaje institucional el pasado mayo a las familias de los osasunistas represaliados por el golpe de Estado de 1936.

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