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Memoria Histórica La revista antifascista para mujeres que llamaba a hacer la revolución estando guapas

El boletín 'Mujeres Antifascistas Españolas' lo editaba la Unión de Mujeres Españolas, comandada por Dolores Ibárruri 'La Pasionaria'. En él se mezclaba la información sobre el Partido Comunista y la movilización política con consejos sobre cómo cambiar pañales o depilarse las piernas. 

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Página del primer número de 'Mujeres Antifascistas Españolas'. / Ministerio de Cultura

"¿Todavía estás así? Esta pregunta hará tu marido si llega a casa y te encuentra desarreglada. Después de una dura jornada de trabajo, procura ofrecerle el espectáculo agradable de una mujer cuidadosa de ella misma. Estas menudencias embellecen la armonía de un hogar. 'Mujer compuesta quita al novio de otra puerta'".

El mensaje de este párrafo podría llevar a pensar que ha sido sacado de alguna de las publicaciones vinculadas a la Sección Femenina de la Falange Española, fundada y dirigida por Pilar Primo de Rivera desde el año 1934 y hasta la muerte del dictador. Famosa por sus mensajes con alta carga machista que apelaban a las mujeres a mantenerse relegadas al ámbito de lo privado y a cumplir con la función tradicionalmente asignada a ellas de ser buenas esposas –traspasando los límites de la sumisión– y buenas madres. Sin embargo, la realidad es más bien distinta.

Las palabras citadas pertenecen al número 11 del boletín Mujeres Antifascistas Españolas, publicado en el mes de julio de 1947 en París. No es, además, la única ocasión en que dicho boletín lanza un mensaje parecido a sus lectoras. "El encanto de la mirada, de la sonrisa, de la figura hacen de las mujeres las criaturas más perfectas de la Tierra. Pero una mujer con todos estos encantos, ¿sería de verdad mujer si le faltara la aureola de su cabellera?", inquiría el número 21 de junio de 1948. Y de nuevo se repite una fórmula similar a la apertura de otro artículo:

Número 29 de 'Mujeres Antifascistas Españolas'. / Ministerio de Cultura

"'¿Cómo quiere usted que sea coqueta?', me decía una joven obrera. 'Mis manos están estropeadas, mis uñas negras y no puedo hacer nada para tenerlas arregladas. En cuanto a mi cara, me arranco la piel a fuerza de frotarla por las noches, y así y todo nunca la tengo limpia'. Le contesté que era su deber hacer lo posible por conservar sus encantos femeninos y estos son los pequeños consejos que le di".

Este último fragmento se publicaba en el primer número del boletín, inaugurando su fundación en el mes de noviembre de 1946. Mujeres Antifascistas Españolas nacía en el seno del exilio español a Francia, cuando este ya empezaba a adoptar tintes de mayor asentamiento, después de una época oscura marcada fuertemente por los campos de concentración de refugiados y una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Lo hacía concretamente de la mano de la Unión de Mujeres Españolas (UME) en Francia, organización subordinada al Partido Comunista Español (PCE). A cuya cabeza se encontraba un nombre conocido: Dolores Ibárruri La Pasionaria. Famosa Acompañada de su secretaria personal, la periodista Irene Falcón. 

El objetivo de la UME era claro, pretendía generar un entorno colectivo que aglutinase a las mujeres republicanas emigradas a la raíz de la instauración de la dictadura franquista, ya fueran militantes del PCE o no. Así, el boletín buscaba conseguir movilizar al mayor número de mujeres posible en pro de la lucha antifranquista, extendiéndose también a la promoción de la conciencia antifascista internacional.

Número 21 del boletín. / Ministerio de Cultura

Para ello, entre sus páginas, apelaba en concreto a las mujeres como tales, al contrario de lo que sucedía con otras publicaciones de la izquierda en la época que carecían de ese enfoque hacia un público exclusivamente femenino. "La construcción identitaria emprendida por la UME es múltiple y compleja, puesto que se trataba de dotar al colectivo de una identidad que era a la vez de género, política y también nacional", explica la investigadora Mercedes Yusta en el artículo Identidades múltiples del exilio femenino : la Unión de Mujeres Españolas en Francia .

Esta triplicidad es, posiblemente, lo que acabó generando una publicación de propaganda política algo estrambótica, en la que en una página se leían noticias sobre las compañeras apresadas ese mes en España o llamadas a sumarse a las acciones del Día Internacional de la Mujer o contra la guerra nuclear y, en la siguiente, recetas de cocina y consejos sobre cómo eliminar el vello de las piernas

La buena mujer antifascista

En parte, estas últimas secciones pretendían despertar el interés de las mujeres menos politizadas –algo habitual entre muchas de las exiliadas, que se habían visto en esta situación más por la implicación política de sus padres, maridos, hermanos e hijos que de la propia–, tal y como desarrolla Yusta, ofreciéndoles como reclamo una publicación femenina más que hablase de moda, belleza y cuidados del hogar.

Pero, por otro lado, tenía mucho que ver con la construcción de la 'buena mujer' que promocionaba el comunismo más ortodoxo: aquella que integrase lo que suponía ser una buena obrera y una buena militante, a la par que una buena esposa y una buena madre. La investigadora Alba Martínez en el artículo El otro exilio: memorias y vida cotidiana de las mujeres en el destierro republicano en Francia, remitiéndose a trabajos previos, pone el acento en que era precisamente Dolores Ibárruri quien "representaba el modelo de mujer luchadora, pero también el de madre tradicional española, sufridora y abnegada que se dedicaba al bienestar familiar al igual que se entregaba al Partido". 

Número 13 del boletín. / Ministerio de Cultura

'Cómo cambiar un pañal'

Mujeres Antifascistas Españolas poseía también otro rasgo distintivo. Entre sus principales reivindicaciones se encontraban algunas que poco habían despertado hasta entonces el interés de la izquierda, o que habían pasado de perfil entre sus prioridades subsumidas entre otras de carácter más clásicamente masculinizado, como los derechos laborales.

Dolores Ibárruri, 'La Pasionaria', en la portada del número 26 del boletín. / Ministerio de Cultura

La defensa de la infancia, sobre todo, se convierte en una de las banderas de la UME, que habla en su revista con perseverancia de cuestiones relativas al ámbito de los cuidados.

Aunque, eso sí, cayendo en una especie de círculo vicioso en el que para poner en valor las acciones de las mujeres en esta línea, les atribuye a ellas con su discurso la plena responsabilidad del trabajo de la prole. En el número 37 del boletín, en una de sus últimas publicaciones en mayo de 1950, la propia revista aludía que "para ser una buena madre, no basta con ser una buena 'mujer de su casa'; sé una buena ciudadana y lucha por que tu hijo tenga la seguridad del derecho a una vida feliz". En este sentido, cabe mencionar que Cómo cambiar un pañal es el título de otra lista de consejos que pueden hallarse en Mujeres Antifascistas Españolas

Memoria Histórica con perspectiva de género

Por supuesto, esto es muestra de que la realidad vivida por las mujeres plurales –dirigentes, intelectuales, obreras y toda clase de mujeres de a pie– que sufrieron las consecuencias de la represión franquista dista enormemente del modo en que pudieron experimentarla sus homónimos hombres.

Número 38 del boletín. / Ministerio de Cultura

Así, casi siete décadas después, los estudios sobre el exilio español y el papel desempeñado por los diversos actores de la izquierda tras la Guerra Civil (1936-1939) tienen ya asentados enfoques que tratan la problemática desde la perspectiva de género.

Algo que "ha permitido revalorizar otras formas de acción, en la guerra o la clandestinidad, e interpretar con nuevos ojos la participación política de las mujeres", como explica Mónica Moreno Seco –docente de Historia Contemporánea y directora del Instituto de Investigación de Estudios de Género en la Universidad de Alicante– en su artículo Las exiliadas, de acompañantes a protagonistas. Y cabe plantearse, entonces, cómo se articularán las iniciativas de memoria histórica en este sentido. Para no caer en discursos hegemónicos o de falsa neutralidad, y poder dar cuenta plena del pasado abriendo la puerta a construir una visión más feminista del futuro que devenga. Haciendo, también, una revisión crítica hacia la izquierda.