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Negociaciones para la Investidura Dudas, miedos y discrepancias en el PSOE a 24 horas de saber si habrá nuevas elecciones

Algunos dirigentes creen que se debía haber trabajado más y mejor el pacto con Unidas Podemos. Hay incertidumbre sobre cómo responderá el electorado de izquierda. Pese a las encuestas, asusta ir a un escenario menos favorable y que surja un sector crítico contra Sánchez, ahora en silencio. Se valora la idea de los barones de un Gobierno conjunto a medio plazo

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La vicepresidenta del Gobierno en funciones, Carmen Calvo (c), la número dos del PSOE, Adriana Lastra (d) y la ministra de Hacienda en funciones, María Jesús Montero (i), a su llegada hoy martes al Congreso de los Diputados para asistir a la reunión con Unidas Podemos en la tratarán de llegar a un acuerdo que lleve a la investidura de Pedro Sánchez.- EFE/Luca Piergiovanni

El próximo martes, en torno al mediodía, el líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, comunicará al jefe del Estado el posicionamiento de su partido ante un segundo intento de investidura de Pedro Sánchez. Si nada cambia hasta ese momento, Iglesias informará al rey de la abstención de sus 42 diputados, lo que hace inviable que el candidato socialista sea elegido presidente del Gobierno. Y, en torno a las 20.00 horas de ese mismo martes, Sánchez confirmará que no acudirá a una tercera investidura fallida, dando lugar a la repetición de las elecciones generales el próximo 10 de noviembre.

Ante este escenario, el más probable aunque nadie se atreve a descartar sorpresas de última hora (Iglesias sigue pensando que el último segundo Sánchez cederá al Gobierno de coalición que propuso en julio), al PSOE le han empezado a temblar las piernas. Hay dudas, miedos y discrepancias en el partido ante el evidente riesgo de ir a una repetición electoral, cuando se podría formar Gobierno la próxima semana.

Las discrepancias que se lanzan en privado por varios dirigentes, ya que ahora nadie quiere debilitar la posición de Pedro Sánchez en público, es que se debería haber trabajado más y mejor el acuerdo con Unida Podemos. Las negociaciones exprés emprendidas en julio y en septiembre no han ayudado a buscar fórmulas, cesiones o explorar en profundidad otras vías alternativas. Es cierto que la inmensa mayoría de dirigentes del PSOE no quieren un Gobierno de coalición con Unidas Podemos, y quieres apostaban por esta vía se han visto defraudados por la actitud de esta formación y, en especial, de Pablo Iglesias.

Sin embargo, no faltan algunas voces que opinan que tampoco está escrito que ese Gobierno conjunto sea ingobernable o que los dirigentes de la formación morada sean “anti-sistemas” que van sólo con la idea de dinamitar el Ejecutivo en pocos meses. “Además, quien decide el Consejo de Ministros es el presidente. Si eso fuese así, los cesa y que se vayan a la oposición”, comenta a Público uno de los pocos miembros de la dirección socialista que no ve tan traumático un Gobierno de coalición.

Aunque son minoría, algunos dirigentes socialistas no ven tan traumático un Gobierno de coalición

Pero estas opiniones son claramente minoritarias. La mayoría del partido cree que, por culpa de Unidas Podemos, se ha instalado un clima que hace imposible ese Gobierno conjunto planteado en unas bases de desconfianza, de vigilancia al otro o con la premisa de que sólo el partido morado tiene la esencia de las políticas de izquierda, algo que ofende mucho a los socialistas.

La propuesta de Iglesias, a la inversa

Por ello, el Gobierno de coalición -salvo giro del imprevisible Sánchez de última hora- está descartado. y sólo se está valorando y tiene algunos adeptos la fórmula propuesta por algunos barones, de ofrecer a Unidas Podemos la entrada en un Gobierno conjunto a medio plazo, una vez que se hayan restablecido puentes de confianza. Es decir, la última propuesta de Iglesias pero a la inversa: primero Gobierno en solitario y si hay un clima de colaboración y entendimiento incorporar a miembros de Unidas Podemos al Consejo de Ministros más adelante. No obstante, el núcleo duro del presidente rechaza también esta fórmula.

En cualquier caso, las vías de comunicación para negociar otras propuestas están ahora rotas. Iglesias ya llamó a Sánchez y, según fuentes de su entorno, no tiene intención de volver a hacerlo. Por su parte, Sánchez parece que dejó claro en la conversación del jueves que no tiene ninguna intención de reunirse con el líder de Unidas Podemos, a no ser que renuncie al Gobierno de coalición.

Pero el escenario electoral, asusta. Pese a las encuestas favorable a los socialistas se teme una desmovilización de la izquierda. Hay riesgo de que se repita un mapa político como el actual, pero también hay riesgo de que las fuerzas de izquierda retrocedan. Un escenario en el que Sánchez no mejore los resultados del 28 de abril y no pueda formar Gobierno despertaría a un amplio sector crítico con el secretario general, que está resignado y silencioso desde que el líder socialista ganó las primarias y las elecciones.

Quienes conocen bien al PSOE saben que ese sector crítico sigue ahí, que las heridas sólo se han cerrado en público, y que en las federaciones siguen existiendo amplios sectores de militancia que no comparten la línea política del secretario general del PSOE.

A quienes se les plantea esta posibilidad la niegan, y responden que peor lo tendrá Iglesias si aún baja de los 42 diputados que tiene ahora, como le pronostican todas las encuestas. Pero nadie niega que exista esa posibilidad y que las urnas el 10 de noviembre dibujen un escenario peor que el que los socialistas tienen ahora.

El miedo, sobre todo, está en la desmovilización y en perder el relato de lo ocurrido estos meses, aunque en este último aspecto el PSOE está cargando el argumentario. Culpabilizará a Unidas Podemos de que no haya un presidente socialista por segunda vez, y recordará que en 2015, esta posición, ya supuso que gobernara la derecha. Pondrá en valor que Sánchez no quiere ser presidente a toda costa y apuesta por la estabilidad; no depender de los independentistas -se remarcará que en el actual Parlamento para ganar las votaciones se necesita a ERC-, y un Gobierno cohesionado y que funcione. Y se llamará al voto útil de izquierda para que el PSOE tenga una mayoría más amplia.

Esas bazas son la principales que ya manejan los socialistas de cara a unas elecciones inciertas cuya campaña, salvo sorpresa en el último minuto, empezará el próximo martes. Otra cosa será que les funcione.

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