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Negociaciones para la Investidura La intrahistoria de las negociaciones: el Gobierno de coalición que nunca existió

Sólo durante unas horas Unidas Podemos tuvo esa posibilidad en sus manos, que dejó escapar al plantear una contrapropuesta que el PSOE consideró inaceptable. La decisión de Iglesias de asumir el veto de Sánchez para estar en el Consejo de Ministros fue lo que obligó a los socialistas a hacer la oferta de un Gobierno conjunto que nunca quisieron. 

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El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, con el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, en su encuentro en el Palacio de la Moncloa tras las elecciones del 28-A. POOL MONCLOA/Fernando Calvo

El Gobierno de coalición nunca existió. Para ser más exactos, sí existió durante unas horas, las que pasaron entre la propuesta del PSOE de ofrecer a Unidas Podemos una Vicepresidencia y tres ministerios; y la respuesta apresurada de la formación morada de no aceptarla y de pedir más áreas de actuación y clarificar las competencias. Ahí acabó cualquier posibilidad de Gobierno conjunto.

Porque la realidad es que ni el líder socialista, Pedro Sánchez, ni la mayoría del PSOE quiso nunca un Gobierno de coalición con Unidas Podemos. Fueron los propios errores estratégicos de los socialistas los que les llevaron a asumir esta posibilidad como inevitable, hasta que los propios errores estratégicos de Unidas Podemos “salvaron” a los socialistas de un fórmula de gobernabilidad en la que nunca creyeron, ni nunca quisieron.

Pedro Sánchez siempre fue partidario de la última propuesta que han hecho los socialistas en septiembre. Un acuerdo programático, acompañado de un pacto parlamentario, y con algunos dirigentes de Unidas Podemos en Instituciones del Estado, para que se visualizara tímidamente que la formación morada también era copartícipe de la gobernabilidad.

La férrea posición de Unidas Podemos de seguir pidiendo un Gobierno de coalición le llevaron a Sánchez a dar un paso más, y ofrecer la incorporación de independientes vinculados a esta formación política al Gobierno “pero nunca dirigentes de esta partido”, decían por aquel entonces. De ahí no iban a pasar.

Pero Iglesias siguió “erre que erre” con el Gobierno de coalición. Y, entonces, desde ese laboratorio mágico de ideas que es La Moncloa, conducido por el más que sobrevalorado Iván Redondo, se planeó la fórmula de aceptar el Gobierno de coalición si Pablo Iglesias no estaba en el Consejo de Ministros. Había el convencimiento de que el “ególatra” dirigente de la formación morada no iba a asumir el veto y, por tanto, los socialista ya tenían cómo justificar que no hubiera Gobierno conjunto. Ese era el objetivo real.

Sin embargo, los ingeniosos planes del Gobierno se derrumbaron cuando Iglesias sorprendió a todos diciendo que asumía no estar en el Ejecutivo. Con esta decisión, el líder de Unidas Podemos hasta Incumplía el propio mandato de sus bases, que habían votado en la consulta interna que no aceptarían vetos de los socialistas, algo que también tuvo en cuenta La Moncloa para hacer oferta pensando que, por ello, Iglesias no la podía aceptar.

A Sánchez y al PSOE se les vino el mundo encima. Tenían que llevar a dirigentes de Unidas Podemos al Consejo de Ministros y, encima, aceptar exigencias como una vicepresidencia con el nombre de Irene Montero y ya no poner más vetos a otros dirigentes de ese partido.. Estaban entre la espada y la pared por su propia estrategia, y en una situación más que complicada.

El peligro de Irene Montero

Con tensiones internas y distintos puntos de vista, finalmente el PSOE se vio obligado a ceder y alumbró una propuesta para un Gobierno de coalición poniendo encima de la mesa una vicepresidencia y tres ministerios, y hasta cediendo el área de Igualdad. Para muchos dirigentes del PSOE aquello era un grave error y una oferta más que generosa. Unos decían que Unidas Podemos les arrebataría “los viernes sociales” y que, además, tener a Irene Montero de vicepresidenta era más peligroso que tener a Iglesias. “Irene es muy buena. Se hace con la imagen del Gobierno y eclipsa totalmente a Calvo”, se comentaba en las filas socialistas. Pero ya no había otro camino. El órdago de vetar a iglesias y perderlo no tenía otra salida: asumir el Gobierno de coalición.

Cuando se recibió la contrapropuesta de Podemos, el PSOE puso fin al Gobierno de coalición

Lo que no sospechaban los socialistas es que Unidas Podemos quisiera dar otra vuelta de tuerca. Su respuesta a la propuesta del PSOE con una contrapropuesta en la que pedían más competencias, más ministerios y más áreas de actuación hizo respirar a la cúpula del PSOE contraria a esta fórmula, y más cuando recibieron el documento de “propuestas/exigencias” que ponía la formación morada para un Gobierno de coalición. Ahí se acabó para siempre el Gobierno de coalición y el PSOE ya tenía su justificación. Dicen que en La Moncloa se frotaron las manos al ver el documento e, incluso, alguien exclamó: “¡Pero,,, qué torpes han sido!”·.

La decisión estaba tomada. Sánchez no se movería un ápice de la propuesta hecha y, si Unidas Podemos la rechazaba, ya era toda su responsabilidad. El PSOE creía que había cumplido con la petición de Unidas Podemos al ofrecerle un Gobierno de coalición y, en su opinión, nadie iba a entender que una formación con 42 diputados rechazara una Vicepresidencia y tres Ministerios, y más con las formas despectivas con las que se negó a llevar estas áreas de Gobierno.

Algunos importantes dirigentes del PSOE, que de verdad apostaban por un Gobierno de coalición, creyeron hasta el final que Iglesias estaba jugando a forzar más para conseguir mejorar la propuesta, pero que en el último momento la iba a aceptar, aunque fuese desde la misma tribuna del Congreso. Se equivocaron.

Desde ese momento, nunca más se barajó en el PSOE el Gobierno de coalición, y ni hasta aquellos que lo proponían defienden ahora volver a abrir esa posibilidad, por lo que ganaron la partida los que nunca quisieron esta fórmula, entre ellos, el propio Pedro Sánchez.

Por todo ello, en pocos minutos se rechazó el jueves la última propuesta de Pablo Iglesias de un Gobierno de coalición temporal. No se iba a dar el más mínimo margen. No habrá Gobierno conjunto ni temporal, ni a medio plazo. Otra cosa ya será lo que pueda pasar tras el 10 de noviembre, si hay elecciones y si se vuelven a repartirse las cartas de forma similar.

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