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Pablo Hasél ¿Quién y qué hay detrás de los disturbios?

Las protestas contra la detención de Pablo Hasél han hecho regresar de nuevo la confrontación entre la policía y los manifestantes en muchos puntos del Estado pero con especial intensidad en Catalunya. Los Mossos d'Esquadra apuntan a "grupos anarquistas italianos", mientras que los movimientos sociales hablan de heterogeneidad en la protesta.

Contenedor ardiendo durante los disturbios por el encarcelamiento de Pablo Hasél en Barcelona.   FOTOMOVIMIENTO / FLICKR
Contenedor ardiendo durante los disturbios por el encarcelamiento de Pablo Hasél en Barcelona. FOTOMOVIMIENTO / FLICKR.

El encarcelamiento de Pablo Hasél desató en diversas ciudades de Catalunya un nuevo ciclo de movilizaciones que con el paso de los días ha persistido en Barcelona. La respuesta contra la represión del rapero se vio tanto en la Universitat de Lleida, donde decenas de jóvenes rodearon a Hasél para resistir ante su detención, hasta en Girona, Tarragona, Vic, donde los concentrados destrozaron una comisaría de los Mossos d'Esquadra, o la capital catalana, lugar en el que la policía catalana respondió con disparos de balas de foam contra los manifestantes, mutilando el ojo de una chica de 19 años. De nuevo, Barcelona vive jornadas de disturbios, y las imágenes de las barricadas ya han circulado todos los medios. Más complejo es entender qué hay detrás del fuego, que cada vez está más presente en la protesta, y los motivos que están llevando a la juventud a salir a la calle con tanta persistencia.

"Hay generaciones que no han vivido otra situación que no sea la crisis. Son gente que no tiene nada que perder y mucho que ganar", apunta el antropólogo José Mansilla. Opina que hay un marcado componente generacional, ya que son los jóvenes los que "no han vivido otro mundo", el de las crisis de 2008 y la pandemia: "Estamos viendo un revival de lo que en el siglo diecinueve vivió la clase obrera, que no tenía futuro y que no tenía tampoco nada que perder".

También comparte esta diagnosis la portavoz de Arran, Adriana Roca, parte de la organización juvenil que ha dado apoyo abiertamente a las protestas de estos días: "Con un paro juvenil del 40%, tan pocas posibilidades para emanciparnos y encontrar una vivienda o con el malestar emocional y el impacto en la salud mental de la pandemia en los jóvenes, no sé qué sorprendente que los jóvenes estén en la calle".

El conseller de Interior de la Generalitat, Miquel Sàmper, describía los manifestantes causantes de los disturbios como grupos de anarquistas "violentos" y comunistas "combativos", valoraciones que hizo después que un grupo de manifestantes hiciera arder una furgoneta de la Guardia Urbana de Barcelona. Aunque lo cierto es que no hay un grupo político o plataforma concreta convocante y la participación es muy heterogénea: "Esto no es una novedad. También ocurrió durante el intento de desalojo de Can Vies [centro social ocupado de la ciudad], donde se juntó mucha gente distinta, o en las movilizaciones del 15-M". "Cuando hay movilizaciones tan masivas no se puede buscar un perfil que responda a todo el mundo. Habrá quien haya salido por pura rabia e indefensión, viendo las pocas perspectivas de futuro, y habrá quien está organizada y cada día para desahucios", analiza Roca, quien también apunta que Arran hace un llamado a la organización.

En paralelo, los Mossos d'Esquadra persisten en señalar la existencia de grupos anarquistas italianos implicados en las movilizaciones, y ya han detenido varias personas que vivían ocupando en la periferia de la ciudad. "Existen grupos autónomos y anarquistas que entienden que la combatividad es su forma de hacer, de crear su nueva sociedad", añade Mansilla, quien también cree que algunos independentistas participen de este modus operandi teniendo en cuenta "los límites de la institucionalidad" que se han visto durante el procés. "El independentismo canalizó el descontento de la crisis, pero no ha llegado a ningún lado. Y el descontento sigue ahí", dice.

Confrontación con la policía

Roca añade que esta confrontación entre los manifestantes y la policía es mucho más común en el día a día de la ciudad, en movilizaciones más pequeñas: "Hay desalojos con mucha confrontación y mucha brutalidad policial, y también estamos viendo como la policía abusa de jóvenes racializados. No es nada nuevo".

A pesar de ello, reconoce que los disturbios de Urquinaona marcaron un antes y un después: "Es un precedente importante. Miles de jóvenes perdieron el miedo a la policía". Si hay un denominador común en las dos protestas, es la denuncia hacia la represión, un clamor que ha conseguido sacar a la calle a grandes masas de gente en Catalunya: "Cuando metes en prisión un rapero por cantar verdades sobre la monarquía, cuando metes presa a gente por llevar a cabo un proceso de autodeterminación del pueblo… Cuando hay un nivel de violencia tan alto por parte del Estado, no es sorprendente que la calle se vuelva combativa", añade Roca.

Una perspectiva histórica

Si bien las movilizaciones de estos días no han sido canalizadas por ninguna organización concreta, el antropólogo cree que sí que beben de un poso histórico que caracteriza la ciudad, como ya se señaló durante las protestas posteriores a la sentencia del procés. "Barcelona es el único lugar del mundo donde triunfó una revolución anarquista durante el ‘verano anarquista’ de 1936".

Para Masilla, esto tiene una repercusión directa en las movilizaciones contemporáneas: "Quizás no ha tenido una continuidad orgánica, pero permanece en la memoria de la gente. Hay una forma de hacer, una forma de comunicar y de organizarse. De forma más consciente o inconsciente, hay una herencia de un movimiento anterior".

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