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PP y Cs crisis La desconfianza mutua entre PP y Cs tensa sus ayuntamientos, pero no los rompe

Ambas formaciones dirigen conjuntamente trece ayuntamientos de más de 100.000 habitantes. A diferencia de los gobiernos regionales, en los ayuntamientos solo se puede cambiar un gobierno antes de tiempo con la moción de censura.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, el vicepresidente y portavoz, Ignacio Aguado, y la vicealcaldesa, Begoña Villacís. Fuente: Comunidad de Madrid
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, el exvicepresidente Ignacio Aguado, y la vicealcaldesa, Begoña Villacís. Fuente: Comunidad de Madrid.

El Partido Popular y Ciudadanos comparten la sexta planta del Congreso, donde ambas formaciones tienen ubicados los despachos de sus diputados y asesores puerta con puerta. Esta ubicación no es casual. Los de Pablo Casado se lo ofrecieron a los naranjas tras la debacle de las elecciones generales de noviembre, cuando pasaron de 57 a 10 escaños. Con este gesto, esperaban que la interlocución entre ambas formaciones fuera "aún más fluida" para fijar una "posición común" frente al Gobierno y proporcionar un mensaje de unidad y diálogo a la ciudadanía. En el PP no escondían sus intenciones: aspiraban a la fusión de todo el espacio a la derecha del PSOE.

La sintonía entre ambas formaciones ha ido a menos en los últimos meses, con posiciones encontradas respecto al decreto del estado de alarma y también fricciones claras en sus gobiernos compartidos, pero su relación ha dado un vuelco total en las dos últimas semanas, tras la moción de censura, finalmente frustrada, en Murcia, el adelanto electoral en Madrid y la opa hostil del secretario general del PP, animando a los cargos de Cs a unirse a las filas conservadoras, que se culminó tras fichar al ex secretario de organización de los naranjas, Fran Hervías.

Esa desconfianza se palpa desde las redes sociales, los medios de comunicación y también en los pasillos del Congreso, en los que dirigentes de ambos partidos no escatiman en palabras gruesas hacia el que sigue siendo su socio en dos autonomías, Andalucía y Castilla y León, y en decenas de Ayuntamientos. Esos pactos se alcanzaron en el año 2019, cuando Albert Rivera lideraba la formación, y quiso competir con el PP desde la derecha. Con esa estrategia, dio todo el poder territorial a un Casado que agonizaba.

Aparte de los dos gobiernos autonómicos compartidos, populares y naranjas dirigen conjuntamente trece ayuntamientos de más de 100.000 habitantes: Oviedo, Santander, Zaragoza, Alicante, Murcia, Granada, Málaga, Algeciras, Córdoba, Badajoz, Salamanca y Madrid, la joya de la corona de ambos partidos. En Córdoba y Badajoz se debe producir en el mes de mayo un relevo en la alcaldía, tras un acuerdo entre PP y Cs de que compartirían el mandato a partes iguales.

Ciudadanos tiene en su mano romper los ayuntamientos

A diferencia de los gobiernos autonómicos, cuyo presidente tiene la potestad de convocar un adelanto electoral siempre y cuando lo comunique en el Consejo de Gobierno, en los ayuntamientos no se pueden celebrar elecciones anticipadas. En este caso la única figura jurídica válida para cambiar un gobierno antes de tiempo es la moción de censura, por lo que Ciudadanos sería el único que podría hacer peligrar estos gobiernos mediante una alianza con el PSOE y otras fuerzas. Los naranjas ya han dicho que no lo harán, pero el PP está intranquilo.

Fuentes de la dirección de ambos grupos admiten a Público que hay una tensión latente que podría desembocar en ruptura. En el PP aseguran que están "muy enfadados" con Ciudadanos por romper el pacto de gobierno en Murcia y sacan pecho del transfuguismo de los tres diputados de los naranjas en la región que les han permitido conservar el gobierno. "Lo que ha hecho Arrimadas es una deslealtad, no nos podemos fiar de ellos", aseguran voces cercanas a la portavoz del grupo, Cuca Gamarra.

Por su parte, en Ciudadanos denuncian que hay una operación orquestada desde el PP para hacerles daño en un momento de máxima debilidad, con bajas y dimisiones en cadena. Algunas de ellas, como la del senador Fran Hervías, para pasarse ipso facto a las filas del Partido Popular. El número tres de facto en la época en la que Rivera lideraba el partido, anunció que dejaba su acta en la Cámara Alta para unirse al equipo de Teodoro García Egea. Hervías aprovechó su rol de 'fontanero' en el partido —encargado de la coordinación entre la dirección de Madrid y el resto de territorios— para incentivar que los cargos naranjas de la formación se fugaran al PP.

Las bajas y dimisiones agudizan la crisis de Cs

Hervías era hasta la pasada semana senador de Ciudadanos por Andalucía, donde sigue ejerciendo cierta influencia. También en la Comunidad Valenciana, en la que su mano derecha, el también senador Emilio Argüeso, controla una parte importante del grupo en Les Corts. El propio Argüeso anunció esta semana su salida de Ciudadanos, junto con la de su compañera de escaño Ruth Goñi, aunque ningún de ellos quiere renunciar al acta.

Los de Arrimadas se quedarán sin grupo propio en la Cámara Alta y podrían perder 179.360 euros de subvenciones para el partido, el 56% de sus ingresos. En la Cámara Baja, la diputada Marta Martín también ha anunciado su salida y ya son dos las renuncias, tras la del miércoles de Pablo Cambronero. Al contrario que el diputado por Sevilla, ella sí entregará el acta, por lo que Cs podrá mantener nueve diputados al reemplazarla por el abogado alicantino Juan Ignacio López Bas. Martín era la única diputada del grupo que había repetido en todas las legislaturas desde el año 2015.

La dirección de Cs está visiblemente molesta por este goteo de bajas y dimisiones. En el equipo de Arrimadas han pedido, sin éxito, a los dos senadores y al diputado que dejen sus escaños. Temen que otros cargos municipales y autonómicos sigan su mismo camino y comprometan, todavía más, sus gobiernos con el PP.

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