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Primarias en el PSOE El voto oculto descuadra la estrategia de Díaz de anular a Sánchez y López con sus avales

La andaluza asume que el margen de error para ganar esta vez es mayor por la fractura del partido y buscará descabalgar a sus rivales antes de llegar a las urnas, recaudando unos 25.000 apoyos, el triple de los que necesita para ser candidata.

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Susana Díaz lanzó su candidatura a la Secretaría General del PSOE este domingo, 27 de marzo. EFE/José Manuel Vidal

Las primarias del PSOE tienen dos momentos clave: el primero es la recogida de los avales necesarios para poder ser candidato a liderar el partido y concurrir a las elecciones internas propiamente dichas (un 5% del censo de militantes socialista, en torno a 9.000 firmas). El segundo es el momento de los casi 180.000 afiliados. Dada la fractura interna sin precedentes que vive el PSOE, y la crisis de identidad de izquierdas, acrecentada por la irrupción de Podemos, el margen de error para predecir lo que votarán los militantes es mayor que nunca.

De las tres candidaturas, los susanistas son los más experimentados en procesos congresuales, la propia Díaz tiene fama de saber contar bien el censo de delegados, para no llevarse un susto el día de la votación. Esta vez, sin embargo, la sevillana asume que entra en liza con un porcentaje de voto oculto que se escapa a su control (algunas fuentes del PSOE-A lo sitúan en el 35%, mayor en las federaciones más críticas). Esto explica los dos primeros movimientos de la presidenta andaluza en campaña: primero, hacer una exhibición de fuerza y unidad, rodeándose de toda la aristocracia socialista, desde Felipe González y Alfonso Guerra hasta los barones territoriales. El segundo paso es tratar de ganar las primarias en el primer momento clave: la recogida de avales.

Aunque sólo se necesitan 9.000 avales, Díaz quiere “abrumar” a sus adversarios con un número “exagerado”, entre 25.000 y 27.000

El número de avales es una primera criba que hace la dirección del partido para evitar que las primarias se llenen de candidatos espontáneos. Los avales son una expresión inicial de fuerza de los candidatos, arrojan un indicativo de lo que más tarde votarán los militantes, por eso el equipo de campaña de Susana Díaz ha puesto tanto empeño en la recogida de inicial de firmas. Porque aunque sólo se necesiten 9.000, la andaluza pretende “abrumar” a sus competidores con un número “exagerado” de avales, entre 25.000 y 27.000 avales, según fuentes de su entorno, tres veces superior a la cifra mínima. Será una ostentación de músculo orgánico, una prueba de la capacidad de movilización de Susana Díaz, apoyada por la mayoría de barones territoriales, las federaciones con más afiliados y, sobre todo, centenares de alcaldes y secretarios locales, que son los que mejor conocen las agrupaciones donde se acude a votar.

El exsecretario general del PSOE Pedro Sánchez, durante un encuentro con militantes en Ourense. /EFE

La presidenta andaluza quiere visibilizar en la recogida de avales “el enorme desequilibrio de fuerzas” que le separa a ella del resto de candidatos, Pedro Sánchez y Patxi López. El objetivo no es tanto asustar a sus oponentes y lograr que abandonen la contienda antes de llegar a las urnas -como logró en las primarias de las que salió proclamada como candidata única a liderar el PSOE andaluz- como el de generar un “factor imán o factor contagio”, que arrastre a los indecisos hacia la candidatura con más opciones de ganar. Y aquí es donde se visibilizan los temores de Díaz: la campaña de sobrexposición en las redes sociales, el apoyo casi unánime del aparato y el muestreo exhaustivo sobre la intención de voto de los afiliados, gracias, en parte a los alcaldes afines a la andaluza, no han despejado completamente las dudas acerca del voto oculto.

“Hay un rechazo generalizado a todo lo que tenga que ver con oficialismo que no controlamos”, admiten fuentes cercanas a la andaluza

“El margen de error es mayor que otras veces. Eso lo sabe ella y lo sabemos quienes estamos con ella”, dice un miembro de su equipo, que asegura que sus cálculos les son favorables, que sus números están muy por encima de los de Sánchez, pero que “la incertidumbre no está del todo despejada”. “Son unas primarias muy excepcionales, porque la situación de crisis interna que vive el PSOE es excepcional, y porque ahora hay un rechazo generalizado a todo lo que tenga que ver con oficialismo que no controlamos. Ahí está Donald Trump y el Brexit. Pero al final, al líder del PSOE no lo eligen los votantes, sino los militantes, y aquí hay mucha cultura de partido”, advierte un dirigente socialista andaluz.

Algunas fuentes estiman el voto oculto en un 35% del censo de militantes, aunque oscila por arriba y por abajo de esa franja, en función de las federaciones. Susana Díaz, experta en contar censos de delegados y medir mucho sus apoyos antes de un proceso congresual, se ha dedicado precisamente a esta tarea en los últimos meses, mientras el resto de España se preguntaba si daría o no el paso hacia Ferraz. A base de muchas reuniones y conversaciones telefónicas, y de designar a un coordinador de campaña en cada territorio donde se acumulan muchos votos, ella y su mano derecha, el secretario general de Presidencia, Máximo Díaz Cano, han estrechado el margen de error todo lo que han podido. Queda un espacio sin definir, eso que llaman voto oculto, y que puede darles un susto si al final se inclina hacia la candidatura de Pedro Sánchez.

Los militantes indecisos serán el objetivo de la campaña. Pueden ser decisivos en algunos territorios, sobre todo porque Díaz ya ha hecho sus cálculos contando con que tendrán enfrente un sector crítico que en Andalucía, la federación clave por el número de militantes (45.500, un 25% del total), históricamente nunca ha bajado del 30%. Es más o menos lo que sumaron los apoyos de Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias en Andalucía, en las últimas primarias en las que Susana Díaz movilizó a los suyos a favor de Sánchez. La sevillana recaudó el 74,88% de avales para el madrileño, mientras que el vasco se quedó con un 14,04% y Pérez Tapias un 11,07%.

Patxi López en un acto este domingo en Cantabria / EFE

Cuando, Díaz movilizó a los suyos a favor de Sánchez, en las pasadas primarias, recaudó el 74,88% de avales

En julio de 2013, el PSOE de Andalucía celebró unas primarias para elegir a un nuevo secretario general, en sustitución de José Antonio Griñán, que pronto iba a delegar la presidencia de la Junta en Susana Díaz. La sevillana, entonces consejera de la Presidencia, partía como favorita, e hizo ostentación de fuerza en la recogida de avales: se necesitaban 6.860 firmas para ser candidato (entonces un 15% del censo), y ella presentó 22.000 apoyos, aplastando psicológicamente a su rival, el exconsejero Luis Planas, que no logró reunir las firmas necesarias.

Díaz se proclamó candidata única a las primarias del PSOE, venció sin oponentes y por abrumadora mayoría. “Entonces la estrategia no fue abrumar con una montaña de avales, sino anular al otro”, dice un socialista crítico con la sevillana. Los sanchistas han defendido, sin éxito, que en estas primarias se fije no sólo un tope mínimo de avales, sino también un tope máximo, para evitar que los aparatos estén tan encima de los afiliados en sus territorios.

Nunca hasta ahora se había escuchado dentro del PSOE la denuncia de que muchos militantes votan coaccionados o presionado por sus líderes locales, de que si el sueldo de un socialista depende de una Diputación provincial, por ejemplo, el presidente de dicha Diputación tiene garantizado el aval de la persona a la que da de comer. Hasta ahora, las denuncias de clientelismo siempre han llegado desde fuera, habitualmente usadas por el PP, que históricamente ha acusado al PSOE andaluz de llevar 40 años gobernando en Andalucía gracias a una amplia y tupida red clientelar.

Nunca hasta ahora se había escuchado dentro del PSOE la denuncia de que muchos militantes votan coaccionados o presionado por sus líderes locales

En estas primarias, que representan una fractura interna sin precedentes dentro del PSOE, se empiezan a escuchar esas denuncias de puertas para adentro, de socialistas que ocuparon cargos de importancia en el partido o en las instituciones, y ahora no los ocupan. Son quienes critican que el que ostenta el poder institucional, el que reparte puestos de trabajo, puede obligar a avalar a un candidato en concreto, una denuncia durísima que obviamente reprochan a Susana Díaz, presidenta de Andalucía, y a todos los barones territoriales que la respaldan.

Los sanchistas, sin embargo, advierten de que la victoria en avales no siempre se ha traducido en una posterior victoria en votos. Porque aunque el aval sea presionado, el voto es secreto. El exministro y expresidente de Castilla-La Mancha, José Bono, fue el candidato que presentó más avales, con diferencia, en el Congreso de 2000, pero luego fue José Luis Rodríguez Zapatero quien obtuvo más votos de la militancia (nueve más) para convertirse en secretario general del PSOE. Lo mismo le ocurrió años atrás a Joaquín Almunia, otro aspirante del aparato que entró en primarias con un abrumador respaldo de avales, recogidos en las federaciones clave, las mismas que ahora apoyan a Susana Díaz: Andalucía, Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana y Extremadura. Al final la decisión era de los militantes y estos votaron mayoritariamente al candidato outsider, Josep Borrell, que obtuvo el 54,9% de apoyos frente al 44,67% de Almunia.

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