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Protestas en Catalunya Sanitaris per la República, las brigadas ciudadanas que atienden heridos entre balas de goma, barricadas y cargas policiales

Hablamos con el fundador de la asociación, Màrius Pallarès, nacida para atender manifestantes durante las movilizaciones independentistas en caso que haya accidentes. Explican las consecuencias de los operativos policiales durante los últimos días de protesta después de la emisión de la sentencia contra los líderes independentistas.

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Imagen de un grupo de voluntarios de Sanitaris per la República durante la concentración de los CDR el pasado 17 de octubre./ CCMA

La semana de protestas desatadas contra la sentencia del 1-O, marcada por fuertes cargas policiales y disturbios a la calle, ha hecho emerger el papel de unos actores que, hasta ahora, habían pasado más o menos desapercibidos. Llevan chaleco amarillo, casco, y una bandera con un logotipo de una cruz sanitaria con la senyera. “Surgimos para cuidar al Pueblo”, dicen a su Twitter. Son los Sanitaris per la República, que han conseguido notoriedad social y aprecio entre amplias capas de la población a causa de la marea de intervenciones que han hecho a pie de calle en medio de escenas de brutalidad policial.

“Todo empezó el 1 de octubre. Yo estaba en una de las mesas de un colegio de mi municipio, Rubí. Durante la jornada fuimos viendo las cargas y se me generó mucha frustración: no podía atender a nadie”, explica Marius Pallarès, enfermero de neurorehabilitación en el Instituto Guttmann, y fundador y presidente de los Sanitarios por la República. Desde entonces, Pallarès decidió llevarse material sanitario a cualquier manifestación para dar echar un cable en caso de que fuera necesario.

En marzo de 2018, durante las protestas ante la delegación del Gobierno español en Barcelona por la detención del expresidente Carles Puigdemont en Alemania, un policía le abrió la cabeza a un señor de un golpe de porra. En aquella ocasión, el enfermero iba preparado para atenderlo: “Enseguida se sumaron una médico y un par de sanitarios más. Se nos hizo muy evidente que, si estuviéramos más visibles, podríamos haber atendido unas veinte personas en vez de una”, puesto que los servicios de Emergencias no siempre pueden acceder al epicentro de las movilizaciones.

Dicho y hecho, Pallarès buscó ayuda por las redes sociales, que ya se han convertido en un motor indispensable para organizar las movilizaciones. Contactó con perfiles de Twitter del universo digital independentista de aquellos que cuentan los seguidores por centenares de miles, para pedir como crear un avatar, un logotipo y aprender todo lo necesario para moverse digitalmente. La iniciativa convocó un grupo de 30 personas a la plaza Sant Jaume de Barcelona el 27 de septiembre de 2018, cuando el sindicato policial Jusapol hizo una marcha en apoyo al operativo policial contra el 1 de octubre y varias organizaciones hicieron contramanifestaciones. Desde entonces, Sanitarios ha conseguido registrar hasta 700 voluntarios y aseguran tener la capacidad de movilizar entre 300 y 400 profesionales en una jornada de protestas como las que se han vivido los últimos días

Las balas de goma no solo impactan en los ojos

“Esta ha sido una de las semanas más duras de mi vida”, asegura Pallarès. Sobre todo el viernes, explica: “Hemos visto sufrir nuestro pueblo exageradamente”. El enfermero relata las imágenes que tuvieron que presenciar muchos de los voluntarios, como por ejemplo algunos ojos destrozados -cuatro personas han perdido un ojo por culpa de los proyectiles disparados por los antidisturbios, muy probablemente balas de goma de la Policía Nacional-o jóvenes sin dientes por los impactos: “Muchos de nosotros hemos tenido crisis de pánico y hemos necesitado atención psicológica. Estamos experimentados en atender personas después de cargas policiales, pero esto era casi un clima prebélico”, afirma el enfermero, que estuvo atendiendo manifestantes en plena Vía Laietana el día de la huelga general del pasado 18 de octubre.

Sanitaris por la República ha atendido unas 350 personas aproximadamente desde el inicio de las protestas -con la ocupación del aeropuerto del Prat durante el lunes 14, día lde la sentencia- hasta el cierre de este artículo, según explica el fundador de la asociación. Han visto desde primera fila cuáles son los estragos que provocan el armamento policial de dispersión: “El impacto de las balas de goma es proporcional a la distancia desde la que se disparan. Teóricamente se tiene que hacer contra el suelo para que rebote. Pero en Vía Laietana, por ejemplo, disparaban desde dentro de las furgonetas, a discreción y en plano horizontal”, relata Pallarés.

Afirma que no comparten nunca imágenes de las intervenciones para no dar material amarillento, pero no puede evitar explicar alguno de los recuerdos más duros para denunciar la magnitud de las lesiones: “Uno de los chicos que dejaron sin ojo, lo tenía hundido hasta el cerebro. Totalmente deformado”.

Desgraciadamente, las balas de goma no solo son peligrosas para la vista de los manifestantes. “Otro chico vino deprisa hacia un sanitario diciendo que le hacía mucho daño el pecho. Tenía un neumotórax por un impacto. Si no hubiera sido atendido deprisa, probablemente se habría ahogado en medio de la calle”.

Las balas de foam, por el contrario, son menos lesivas, pero el problema es el mismo si se disparan de manera negligente: “Teóricamente están diseñadas para inutilizar músculos grandes, y con mucha precisión. Si alguien te está tirando una piedra, disparas a las piernas y se le quedarán dormidas del impacto. Claro, cuando se dispara por encima de la cintura, es otra historia”. Un ejemplo claro es el de la manifestante que se encontraba en estado muy grave, operada después de sufrir un “traumatismo craneoencefálico" por un “proyectil policial” que todavía no se ha identificado. La joven se encuentra a la UCI y su pronóstico mejora.

En cuanto a los gases lacrimógenos, Pallarès ofrece su testigo como sanitario pero también como afectado: “Atendimos 55 personas por el gas y seis sanitarios, uno de ellos yo mismo. Provoca una sensación de picor increíble a todas las mucosas. Los ojos fabrican lágrimas sin cesar, quedan irritados, y cuando respiras te da sensación de ahogo”. Los más expuestos son aquellos que tengan algún tipo de “hipersensibilidad bronquial”, como por ejemplo los asmáticos: “Pueden tener una sensación de ahogo máxima y llegar a vomitar”. Como remedio, ellos mismos están utilizando una disolución de agua y el antiácido Almax, que aseguran está siendo efectivo.


Apoyo ciudadano en aumento

La cantidad de intervenciones les ha hecho ganarse los aplausos de los manifestantes que se arrancan cada vez que ven llegar un grupo de personas con chaleco amarillo. “A mí, sinceramente, me da vergüenza”, reconoce Pallarès. Una modestia que se suma a la “emoción y “el orgullo” por los sanitarios voluntarios, “los 500 inconscientes que entran dentro de las cargas”.

Este apoyo ciudadano ha tenido una traducción económica: el micromecenazgo que iniciaron ya supera los 17.000 € cuando habían pedido 3.500 inicialmente para comprar un desfibrilador: “En las manifestaciones masivas, hay gente mayor que sufre del corazón y nos iba bien. Claro, ahora compraremos desfibriladores para todas las secciones comarcales”. Además, hay quien también ha aportado dinero a través de la cuenta para donaciones que hicieron público a través de Twitter, unas aportaciones que han aumentado “drásticamente”, asegura el enfermero, y que han utilizado, por ejemplo, para repartir gafas para protegerse de los impactos de balas de goma entre los manifestantes.

Pallarès es ambicioso y, consciente que su proyecto está tomando impulso, le gustaría que Sanitaris se formara también a otros puntos del Estado: “El otro día vi las cargas a Madrid y en el País Vasco. Tendría mucho sentido”. Y no se queda aquí. También anima a otros sectores a seguir los pasos de estos trabajadores de la salud: “De alguna manera, podemos crear estructuras de Estado a partir de la gente. Nosotros, los sanitarios, nos hemos autorganizado al margen del Estado”. En efecto, define su asociación como “independentista, republicana, antifascista y feminista”, a pesar de que la ideología no se interpondrá en el momento de hacer atenciones: “Yo he intervenido a militantes de Vox y a un Mosso d'Esquadra. EN Sanitaris lo tenemos claro: si alguien se niega a hacer atenciones por ideología, lo echamos”.

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