Público
Público
Únete a nosotros

PSOE-PODEMOS Condenados a no entenderse: en la izquierda no se pasa el pelo de una gamba

La izquierda española se caracteriza desde hace tiempo por su dificultad para ponerse de acuerdo. Nada resume mejor esa situación que la frase que pronunció José Luis Ábalos, actual ministro de Fomento, en febrero: "La derecha traga con carros y carretas y en la izquierda no se pasa el pelo de una gamba". 

Publicidad
Media: 3
Votos: 3

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, en una obra del artista TVBoy en Barcelona. / EFE

El fracaso de las negociaciones entre PSOE y Podemos para formar Gobierno y, sobre todo, los argumentos utilizados en los reproches que unos y otros se han hecho para justificar la falta de acuerdo no son nada nuevo en la historia de las relaciones entre las fuerzas políticas de izquierda en España.

"La derecha traga con carros y carretas y en la izquierda no se pasa el pelo de una gamba", dijo el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, en enero cuando no hubo acuerdo para que Podemos apoyara el decreto sobre vivienda.

Esta vez el pelo de la gamba pueden ser las políticas activas de empleo o las competencias más o menos decorativas de una vicepresidencia, pero ¿hay alguna novedad? Lo cierto es que la izquierda española –no solo la española, pero especialmente– se ha caracterizado desde hace tiempo por su dificultad para ponerse de acuerdo.

El antifranquismo y la transición

Durante la dictadura, socialistas y comunistas emprendieron sus propios caminos en la militancia antifranquista, con recelos y desconfianza entre ellos, ya que se responsabilizaban mutuamente de la derrota de la República.

En ese momento empezaron a acuñarse, como traslación, es cierto, de los postulados de una izquierda dividida en Europa, los viejos lugares comunes y, mientras unos acusaban a los otros de radicales y de estar a las órdenes de Moscú, los otros acusaban a los unos de haber traicionado los intereses de los trabajadores y de coquetear con los opresores.

Al final del franquismo continuó el enfrentamiento, con unos comunistas consolidados en la lucha contra la dictadura y apostando por una salida rupturista con el régimen, que vieron como casi de repente los socialistas se convertían en la fuerza hegemónica de la izquierda con un discurso más posibilista y alejado de la radicalidad.

Izquierda Unida y "la pinza"

Entre 1982 y 1996, con los socialistas en el Gobierno con cómodas mayorías, el espacio a la izquierda del PSOE jugaba un papel poco significativo, sobre todo por la crisis de los partidos comunistas en toda Europa.

En 1986 nace Izquierda Unida como intento de captar votos de la izquierda sobre todo después del cambio de discurso del PSOE respecto a la OTAN.

Las relaciones entre ambas fuerzas no eran buenas, ya que los socialistas, mayoría absoluta tras mayoría absoluta, no necesitaban apoyos y cuando en 1993 tuvieron que pactar buscaron a los nacionalistas catalanes y no a la federación de partidos que entonces dirigía Julio Anguita.

A partir de 1994 el debate político empezó a girar en torno a lo que se denominó "la pinza", una hipotética operación de derribo del Gobierno de Felipe González fraguada tras una cena entre José María Aznar y Julio Anguita en el domicilio del periodista Pedro J. Ramírez.

Anguita siempre desmintió la existencia de aquella "pinza" y consideró que se trató de una operación mediática de los socialistas para dañar a IU y recuperar votos por la izquierda.

En medio de ese clima de enfrentamiento, la izquierda perdió numerosas alcaldías, algunas tan importantes como la de Málaga, y el Gobierno de Asturias en las elecciones municipales y autonómicas de 1995. Sumaban mayorías pero no conseguían llegar a acuerdos.

La unidad de la izquierda... por un rato

En febrero del año 2000 el país se preparaba para la campaña electoral de las elecciones generales. Aznar ya llevaba cuatro años en el Gobierno y todos daban por hecho que lograría la mayoría absoluta.

Dos fuerzas políticas heridas: el PSOE de un Joaquín Almunia que tuvo que asumir a última hora el papel de candidato a La Moncloa por la renuncia de Josep Borrell que le había ganado en las primarias; e Izquierda Unida, con Francisco Frutos al frente.

Ambos sellaron un acuerdo para concurrir juntos al Senado y un pacto para llegar juntos a La Moncloa. En el escenario del Palacio de Cristal de Arganzuela no había carteles, no había siglas, PSOE e IU se presentaban en igualdad de condiciones.

Los malos resultados hicieron que Almunia presentara su dimisión la misma noche del 12 de marzo; Frutos optó en septiembre a renovar como coordinador general de IU. Perdió por un solo voto frente a Gaspar Llamazares.

Y llegó Podemos

Con la idea de convertir la indignación de las protestas sociales del 15-M en cambio político, el 17 de enero de 2014 se presentó en Madrid Podemos; cuatro meses después, en las elecciones europeas del 25 de mayo, logró cinco escaños.

Podemos entró en la escena política con un discurso contra "la casta" y el "régimen del 78" (en ambos casos se incluía al PSOE en esos conceptos) que sacudió el tablero político: se llevó por delante a IU -ambos en candidatura conjunta desde 2016- y obligó a los socialistas a modificar su discurso.

Durante algún tiempo, incluso las encuestas así lo vaticinaban, estuvo sobre la mesa que el PSOE dejara de ser la fuerza hegemónica de la izquierda en España en favor de Podemos.

Tras las elecciones de 2015 su entrada en el Parlamento fue espectacular: 69 diputados y tercera fuerza política del país.

El partido sufrió internamente entre quienes estaban dispuestos a apoyar la investidura de Pedro Sánchez –que había pactado previamente con Ciudadanos– y la tesis mayoritaria defendida por Pablo Iglesias de quienes se negaban a hacerlo y apostaban por el sorpasso.

En 2017 la pugna interna entre quienes querían llegar a algún tipo de acuerdo con el PSOE y quienes se negaban a ello se resolvió en la Asamblea conocida como Vistalegre II en la que el número dos del partido Íñigo Errejón salió derrotado frente a Pablo Iglesias.

En aquel momento, una gestora dirigía el PSOE después de la dimisión de Pedro Sánchez por su negativa a facilitar la investidura de Mariano Rajoy. El entonces portavoz del órgano de dirección de los socialistas, Mario Jiménez, dijo tras la victoria de Iglesias que lamentaba la victoria del "pablismo-leninismo" y sentenció: "Había una oportunidad para definir un espacio común y eso ha volado".

Juntos desde la moción de censura

Tras la sentencia del caso Gürtel, el PSOE y Podemos deciden por separado que es momento de presentar una moción de censura contra el gobierno de Mariano Rajoy y, sorpresivamente, se logran los votos suficientes.

Pedro Sánchez se convierte en presidente del Gobierno con el apoyo "gratis" -como suele recordar Pablo Iglesias- de Podemos.

Las relaciones entre ambos partidos pasan por un momento dulce durante el último año, con Podemos apoyando el Gobierno de Sánchez (salvo en el caso del citado decreto de la vivienda) y con una campaña electoral en abril en la que PSOE y Podemos se presentan como dique ante la llegada de la extrema derecha.

Todo parecía ir en la misma dirección tras las elecciones generales, pero el escenario cambio tras los malos resultados de Podemos en las municipales y autonómicas.

El acuerdo de Gobierno, que todos daban por hecho, ha saltado por los aires porque entre los partidos de la izquierda siempre aparece el fatídico pelo de la gamba.

Más noticias en Política y Sociedad