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Puñaladas y ráfagas en el juicio de Gürtel

Las defensas de los acusados disparan y bajan al lodo en busca de la nulidad del caso sobre la trama de corrupción que operó durante una década dentro del PP, mientras el banquillo se crece ante la ofensiva del 'número dos' de la organización

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Francisco Correa, entre Pablo Crespo y Luis Bárcenas, en el juicio de Gürtel. EFE/Chema Moya


MADRID.- El juicio a la primera época de la organización Gürtel se reanuda este miércoles con el final del interrogatorio de Pablo Crespo, ‘número dos’ de la trama, que ha optado por negarlo todo y cuestionar la validez de las pruebas que le incriminan porque los documentos que le exhiben en la pantalla no son los originales.

El interrogatorio de Crespo ha iniciado una nueva etapa en el juicio. La primera fase se centró en los ‘arrepentidos’. El más destacado es el líder de la trama, Francisco Correa, quien admitió la mayoría de los hechos de los que le acusa la Fiscalía para reducir su condena, tras un giro radical de su estrategia después de años negando cualquier relación con esta corrupción.

Correa confesó que entregaba las comisiones del 2 y 3% pagadas por empresarios a cambio de adjudicaciones públicas a Luis Bárcenas en la sede central del partido. Y llegó la primera puñalada: la defensa del extesorero del PP intentó desacreditarlo a causa de una depresión que había padecido. Su defensor contraatacó para probar que esta enfermedad ocurrió en 2009, cuando fue detenido.

La puñalada auguró el estilo de esta nueva fase, que se ha presentado en el juicio de manera bronca, de bajar al lodo y donde los abogados van a degüello. Es el momento de los acusados que rechazan los delitos.


La estrategia defensiva de Crespo, y su abogado, Miguel Durán busca la nulidad. El acusado niega la validez de los documentos, tiene una memoria pésima y su interrogatorio es interrumpido por su letrado que apela a una supuesta vulneración del derecho de defensa, mientras pide a su defendido que no conteste porque la pregunta de la fiscal está relacionada con otro sumario del caso.

El ‘número dos’ de Gürtel ha cambiado su versión respecto a la realizada en la fase de instrucción. No la admite, porque dice que declaró tras tres días encerrado en un calabozo "peor que las mazmorras de la Edad Media". 

La defensa de Crespo se centra en que es ahora, en el plenario, cuando debe probarse todo. Pero hay precedentes de que un tribunal puede optar por la versión más verosímil y compatible con las pruebas aunque sea la realizada en la fase de instrucción. Esa fue la opción que tomó en 2012 la Audiencia de Sevilla al dictar la sentencia del asesinato de Marta del Castillo, donde uno de los autores del crimen aportó hasta seis versiones distintas.

Las ráfagas de Miguel Durán levantan al banquillo del resto de acusados, que se crece ante la ofensiva de Crespo. Incluido a Luis Bárcenas, el extesorero del PP quien parece que seguirá la línea de rechazar todo hasta lo inevitable, como es que será interrogado por la fiscal Concepción Sabadell por sus cuentas en Suiza, cuyas autoridades habrían autorizado a utilizar la documentación en el juicio.

Los lances jurídicos reiterativos cansan al tribunal. Su presidente, Ángel Hurtado, llegó a recordar a Crespo que era un acusado y no el abogado defensor de ninguna de las personas sobre las que le interrogaba la fiscal.

Después de Crespo declararán los otros empleados de Correa. Un interrogatorio clave será el de José Luis Izquierdo, el contable, presentado por el líder como una persona que se limitaba a anotar lo que le decía y que argumentará fallos de memoria para acogerse bajo el paraguas de la confesión de su jefe.

También declarará Isabel Jordán, la "gran profesional" que se gastó “300.000 euros en bolsos”, según Correa, por cobrarse un porcentaje de una sociedad en disputa. O Álvaro Pérez, el Bigotes, el delegado en Valencia sentado en el banquillo quien dice no saber qué pinta ahí, por el mero hecho de que sus iniciales aparezcan en un listado. Al parecer, cobraba en metálico porque estaba embargado.

Después de los empleados llegarán las declaraciones de los políticos acusados de embolsarse mordidas, comisiones de la trama o de participar en sus negocios. Entre ellos está Luis Sepúlveda, exmarido de Ana Mato, aupado a la alcaldía de Pozuelo de Alarcón (Madrid) con dinero de la trama y que fue agasajado por Correa con el famoso Jaguar que la exministra no vio en su garaje. Nueve millones de pesetas costó el lujoso coche, factura que conservó el máximo responsable de Gürtel "para mirarla".
 
La declaración de Bárcenas se producirá a mediados de noviembre. El exgerente y extesorero del PP llegó a acumular en cuentas en Suiza 48,2 millones de euros. La fiscalía cree que ese dinero pudo proceder de comisiones de Gürtel y de apoderarse "como mínimo" de casi 300.000 euros de la caja B del PP.

Los defensores guardan sus mejores armas para otra nueva fase que comenzará entonces: el interrogatorio de los testigos y de los peritos, incluido el agente 81067, que participó en las escuchas a los detenidos en la cárcel mientras hablaban con sus abogados e interrogó a Pablo Crespo blandiendo "la LECrim" (Ley de Enjuiciamiento Criminal) en la mano, según este acusado.

La expectación pública crecerá con los testigos políticos, los exdirigentes del PP Francisco Álvarez Cascos, Ángel Acebes, Rodrigo Rato, Javier Arenas y Jaime Mayor Oreja. Fueron propuestos por la defensa de Bárcenas para que expliquen las funciones que ejercía el extesorero y la organización de las campañas electorales financiadas con dinero negro del Grupo Correa. Al líder de la trama no le gusta que el caso se llame Gürtel; él prefiere que lleve su nombre "en español". 

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