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Quiénes son los tres zaragozanos de La Nueve a los que el Ayuntamiento de Zaragoza homenajea

El consistorio nombra por unanimidad hijos predilectos a Martín Bernal, Antonio Navarro y José Borrás, que años después de exiliarse al acabar la guerra civil participaron en la liberación de París, la captura del alto mando alemán y la toma del Nido de Águilas de Hitler, entre otras operaciones.

El zaragozano Martín Bernal, calderero de profesión, anarquista por decisión y torero de vocación, con varios compañeros durante la campaña de liberación de Francia.
El zaragozano Martín Bernal, calderero de profesión, anarquista por decisión y torero de vocación, con varios compañeros durante la campaña de liberación de Francia. CEDIDA/Familia de Martín Bernal

"Han sido parte viva fundamental, no siempre narrada pero esencial, para que hoy vivamos en democracia en casi toda Europa", señaló Fernando Rivarés, portavoz de Podemos en el Ayuntamiento de Zaragoza, que la semana que viene nombrará hijos predilectos de la ciudad a título póstumo a tres republicanos de la ciudad que en la primavera de 1944 participaron en la liberación de París de la ocupación nazi. "Fueron tres de los pocos protagonistas de la liberación de la capital francesa en la Segunda Guerra Mundial", anotó.

La propuesta, que se materializará en un acto oficial el próximo día 9 de octubre, en los prolegómenos de unas no fiestas del Pilar que tienen un programa oficial de 250 convocatorias, salió adelante por unanimidad, lo que incluyó el voto favorable de los dos concejales de Vox, tras un breve debate [en el video, a partir del minuto 13:40] que terminó con el apoyo del pleno al listado de homenajeados propuestos por el alcalde y por los seis grupos municipales.

"Todos los hijos predilectos lo son de toda Zaragoza. Eso muestra la diversidad y las diferencias abismales que hay en la ciudad, en la que podemos llegar a acuerdos", añadió. El año pasado, PP, Cs y Vox rechazaron la propuesta de ZeC (Zaragoza en Común) para nombrar hijo predilecto a Fernando Simón, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad.

El galardón póstumo para Martín Bernal, Antonio Navarro Beamonte y José Borrás como "integrantes de la División Leclerc y de La Nueve" es uno de los escasos reconocimientos oficiales que se han rendido en España (menudean en Francia), y el primero en la capital aragonesa, a los competentes de la legendaria compañía de republicanos españoles que, tras perder la Guerra Civil y pasar por los campos de concentración de Argelia, se enrolaron en el ejército de Liberación Nacional Francés y participaron en la campaña iniciada con el desembarco de Normandía.

La segunda guerra en tierra extraña de los republicanos

La Nueve, la única compañía del ejército de De Gaulle en la que el castellano era la lengua vehicular, estaba integrada en la Segunda División Acorazada del general Leclerc. Hubo otras unidades formadas por españoles en las fuerzas aliadas, aunque ninguna se labró una reputación del calado de esta.

Fundada con 144 españoles entre sus 160 miembros, de los que solo 16 salieron ilesos de la contienda mundial, entre ellos Navarro y Bernal, tenía a su mando al capitán Raymond Dronne, que había vivido en Burgos durante su juventud, y se encuadraba en el Tercer Batallón, el del comandante Joseph Putz, un comunista francés que durante la Guerra Civil se enroló en la brigada internacional conocida como La Marsellesa, con la que luchó en los frentes de Madrid, Aragón y Guadalajara.

La Nueve tardó en llegar a Francia, donde desembarcaron a principios de agosto, si bien tras la batalla de Ecouché se situaron como avanzadilla de las tropas aliadas. Como tal, fueron los primeros en entrar en París la madrugada del 24 de agosto de 1944 y en liberar su ayuntamiento, con la lógica sorpresa de los parisinos, que esperaban a franceses y estadounidenses, y, pocas horas después, en sitiar el hotel Meurice, en el que se refugiaba el alto mando nazi.

Tenían experiencia: para algunos de ellos era la segunda guerra en la que participaban, aunque para la mayoría era en realidad la tercera. Era el caso de Bernal, que se había alistado en la Legión Extranjera para combatir al Áfrika Korps de los nazis en ese continente antes de pasar al Cuerpo Franco de África.

El zaragozano que arrestó al comandante nazi de París

El zaragozano Antonio Navarro fue, junto con el sevillano Antonio Sánchez y el extremeño Antonio Gutiérrez, uno de los tres soldados españoles que encañonaron y retuvieron al comandante Dietrich von Choltitz y a sus ayudantes mientras llegaban los oficiales franceses que los arrestarían formalmente.

La periodista Evelyn Mesquida, la primera en recuperar la memoria de esta unidad en su trabajo La Nueve. Los republicanos que liberaron París, ubica a los tres zaragozanos en ella, aunque algunos historiadores cuestionan que Navarro fuera uno de sus integrantes.

"La Nueve llegó hasta el hotel, aunque luego ordenaron La Once, otra compañía del mismo cuerpo, que rodeara la zona, y parece ser que fueron miembros de esta última los que arrestaron al alto mando alemán", señala la periodista Pilar Barranco. Bernal también participó en esa escaramuza.

En cualquier caso, fuera de una o de otra, el homenaje se hace extensivo a todos los republicanos zaragozanos que liberaron la capital francesa, ya que se dirige a los integrantes de La Nueve y de la División Leclerc. "Todos eran de las tropas de Leclerc que entraron en París", añade.

Navarro libraría otra guerra tras la mundial, ya que volvió a España con el maquis, en el que era conocido como el Comandante Navarro. Moriría fusilado en 1947 en Santa Eulalia de Gállego (Huesca), donde fue capturado después de resultar herido en un tiroteo con la Guardia Civil. Sus restos fueron exhumados en junio de 2011.

El coloso de Torrero que liberó París como sargento

Mientras apenas hay documentación sobre Borrás más allá de los testimonios recogidos por Mesquida, sí se conoce con bastante detalle la peripecia de Martín Bernal, el calderero anarquista de Torrero (aunque nacido en Garrapinillos) que en su juventud había sido novillero con el apodo de Larita II.

"Era un coloso de mirada clara y gesto tranquilo", lo describe Mesquida, en referencia a su semblante y su altura, ya que medía 1,80. Tras la guerra fue condecorado "por hacer frente a un enemigo muy superior, ocasionar numerosas bajas y conseguir salvar a un compañero herido", recoge la periodista.

Bernal, que llegaría a tener el rango de sargento en La Nueve, huyó de Zaragoza tras la sublevación militar de julio de 1936. Con 24 años, y militante de la CNT, se unió a la Columna Ascaso, una de las milicias libertarias que salió de Barcelona con la intención de liberar Zaragoza en los primeros días de la guerra.

Antes de llegar a Francia vivió la disolución del Consejo de Aragón, el primer (y efímero) gobierno libertario de la historia; se integró en las tropas regulares de la Segunda República, con las que luchó en Teruel, entre otras batallas, y, tras acabar la guerra como prisionero, logró fugarse en septiembre de 1939 y cruzar media España a pie para, tras cruzar el Pirineo, ser detenido por la Gendarmería. Unos días después firmaba en Tarbes su ingreso en la Legión Extranjera, con la que peleó contra los nazis en África.

El reencuentro con su hermano cinco años después

Martín Bernal fue uno de los 70 miembros de La Nueve que el 24 de agosto de 1944 liberaron el Ayuntamiento de París. Eso ocurría unas horas antes de que, ya el 25, acabara comandando la toma de la central telefónica de esa ciudad tras resultar herido el teniente Antonio Granell. Al día siguiente comandaría el Resistencia, uno de los cuatro vehículos de la compañía que escoltaron a De Gaulle en el desfile de la victoria.

Meses después, en mayo de 1945, y tras haber resultado herido en cinco ocasiones a lo largo de la guerra, participó con su sección de La Nueve en la operación que culminó con la toma del Nido del Águila, la residencia de montaña de Hitler.

Después de la guerra, Bernal se estableció como zapatero en las afueras de París con su hermano Paco, con el que se reencontró en esa ciudad tras cinco años sin tener noticias de él. Había estado internado en el siniestro campo de concentración de Mathaussen, liberado por las tropas aliadas el mismo 5 de mayo de 1945 en el que él intervenía en su última acción de guerra en los Alpes bávaros.

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