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Rajoy comienza a cantar los temas de la oposición a presidente

El candidato del PP no necesita sacar la chuleta en campaña, pues ya tiene bien aprendida la lección que repetirá hasta el 26-J. Antes de defender su gestión de la crisis durante un mitin en Torrevieja, visitó Santa Pola, donde conserva su plaza de registrador

El candidato del Partido Popular, Mariano Rajoy, durante el mitin electoral en Torrevieja. / EFE

MADRID.- Mariano Rajoy se siente como pez en el agua en las ciudades donde gobiernan las franquicias de Podemos. Antes de subir al estrado, los políticos y candidatos locales le allanan el terreno. Pasan la apisonadora sobre la −a su juicio− pésima gestión municipal y, aplastados los guijarros de Pablo Iglesias, el líder del PP emprende la segunda caminata de la jornada tras su paseo mañanero. Así evita que se le meta alguna china en el zapato.

En Torrevieja, donde un pentapartito aupó a la alcaldía a un verde que hasta recibió el visto bueno de Ciudadanos en la investidura, lo tenía a huevo. Si José Císcar, a la sazón presidente provincial del PP alicantino, definió la ciudad como la “cuna del turismo y de las habaneras”, el exalcalde Eduardo Dolón la calificó como “el ejemplo más claro de lo que puede suceder en este país”.

De llevar a escala nacional esa crítica al frentepopulismo de pueblo también se encargó la presidenta del PP valenciano, Isabel Bonig, quien dejó claro que “no lo queremos para España”. Aunque, entre la tierra que pisaba y la estratosfera que citaría después, hizo un alto en su comunidad, cuyo “Gobierno a la valenciana más parece un Gobierno a la venezolana”. En ella manda el socialista Ximo Puig gracias al apoyo de Podemos y Compromís, que según ella encarnan un “comunismo rancio y sectario” con rabo, cuernos e iPad.

Hubo poesía celestial: “Presidente, de Torrevieja al cielo, sin asaltarlo”, se desgañitó Bonig, hasta el punto de que entre “cielo” y “asaltarlo” parecía pedir un Strepsils a los de la primera fila. Y hubo poesía marinera: “Me merecía un retiro, pero en vez de venir a veros en barco tuve que dar un paso al frente para estar a vuestro servicio”, dijo un solícito José Manuel García-Margallo, quien aparcó a Rafael Alberti para cargar contra Iglesias, que para eso había venido. Se supone que, infelizmente, debió hacerlo en coche.

“Amenaza con disolver España y nuestra forma de vida”, advirtió el ministro de Exteriores en funciones, imaginándose a todo quisque vistiendo el chándal tricolor del difunto comandante Chávez. “Amenaza con llevarnos a un modelo como Venezuela”, insistió el candidato al Congreso por Alicante, al que hay que perdonarle lo del yate porque, en realidad, hubiese sido lo más práctico, pues el mitin tuvo lugar en el Real Club Náutico.

Rajoy, sin caballo, se presentó en Torrevieja como el Cid Campeador. En su noble tarea de reconquistar España, ayer inició la campaña electoral en el Madrid de Manuela Carmena y esta tarde visitó Santa Pola, gobernada por una socialista gracias al apoyo de Ciudadanos y otros tres partidos, incluida la marca blanca de Podemos. “El PP ganó las tres elecciones, pero ninguno de los que ganaron gobiernan porque el resto se unió en armónica coalición”, se quejó.

El candidato del PP no necesitó sacar la chuleta, porque ya se tiene muy bien aprendida la lección. Como buen y precoz opositor a registros, calca la consigna en cada intervención. Si no fuera por el atrezo de las embarcaciones, sería difícil saber si Rajoy estaba mitineando en Madrid, en Santa Pola o en Torrevieja. O repasando, ante el espejo del baño del hotel, un discurso en el que se repite hasta el interlineado. Si un día causase baja por gastroenteritis, la alternativa sería recurrir a un holograma y, a no ser que falle la megafonía, nadie se daría cuenta.

La prensa podría fusilar el mitin de ayer y volver a publicarlo hoy, previo cambio de la localización y las comparsas. Pero como la profesión no está para bromas, los plumillas prefieren sestear durante su discurso antes que imaginarse la pesadilla de la cola del paro, cosa seria. Para cubrir el expediente, unas cuantas frases apuntadas a duermevela: “Votar al PP es votar seguro”, “es lo más útil para evitar el extremismo”, “vamos a defender la educación concertada”, “hoy España no está amenazada de quiebra”...

El gran hit, sin duda, es éste: “El peligro es apostar por un Gobierno a la griega, por los que generaron la mayor crisis económica y por aquellos que no han gestionado nunca nada”. Con él, Rajoy mata tres pájaros de un tiro: Podemos, PSOE y Ciudadanos. Luego, en la cara B, algún mensaje en clave local (“Vamos a apostar por el agua y por una financiación autonómica sensata para atender los servicios públicos”) y tira p’alante.

Pero como el telediario marca el minuto, el líder popular vuelve a rumiar su visión de país, que tan bien funciona desde Covadonga hasta Granada. “La unidad de España, la soberanía nacional y la igualdad de los españoles no la toca nadie”. Un aviso para navegantes, entre los que no figura Margallo, que reforzó agitando el fantasma de la izquierda. “Ellos dicen que van a derogar todas las reformas del PP y yo sólo puedo pensar: ¿cómo es posible que alguien pueda equivocarse tanto?”.

Tampoco hay gatopardismo de Albert Rivera que valga. “En la vida, lo que funciona no se cambia, sino que se persevera. Hay que mantener la política económica”, advirtió Rajoy, quien conserva la plaza de registrador en Santa Pola. Luego, dio gracias a una concurrencia que ya tenía ganada de antemano y se despidió, no sin antes cantar el tema Problemas de los españoles, cuyo índice consta de los siguientes apartados: empleo, sanidad, educación y servicios sociales. Una pregunta que siempre cae y para la que Rajoy parece tener respuesta.