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Rajoy no se siente aludido por la sentencia del TC que anula la amnistía fiscal

La nueva portavoz socialista, Margarita Robles, asegura que el presidente del Gobierno no tiene fuerza moral para reclamar a los ciudadanos que paguen sus impuestos.

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, durante su intervención en la sesión de control al Gobierno hoy el Congreso de los Diputados.A la derecha, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. EFE/Kiko Huesca

JUAN ANTONIO BLAY

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se ha mostrado esta mañana de miércoles en la sesión de control al Ejecutivo en el Congreso de los Diputados en su estado más genuino, más puro. Esto es, nada de lo que sucede a su alrededor es competencia suya y, en consecuencia, no tiene por qué verse afectado.

Por ejemplo, la amnistía fiscal decretada en 2012 y que el Tribunal Constitucional ha declarado inconstitucional hace unos días. "Conviene recordar que qué estamos hablando", ha empezado a decir al ser interrogado por ese asunto espinoso. "Lo que el tribunal Constitucional ha declarado inconstitucional es el medio utilizado, el decreto-ley no haberlo hecho con un proyecto de ley".

Quién le ha preguntado ha sido Margarita Robles, la nueva portavoz del grupo parlamentario socialista, que se ha estrenado en estas lides desde el escaño reservado al líder de la oposición apenas 24 horas después de ser nombrada. Robles, magistrada de profesión, se ha comportado con formas un tanto rígidas y alejadas de un debate de este tipo, sin duda presionada por ser novicia en este cometido.

Pero ha sido dura en el fondo al leer varios pasajes de la sentencia del alto tribunal, en concreto aquella que alude a que el decreto-ley “supone la abdicación del Estado” para garantizar la contribución equitativa que manda la Constitución a la hora de pagar impuestos. "¿Con qué fuerza moral va a pedir a los ciudadanos que contribuyan a la carga fiscal", ha preguntado a su interlocutor.

Rajoy no se ha dado por aludido y poco le ha faltado para decir que la amnistía fiscal no había sido cosa suya. Y por si quedaba alguna duda ha asegurado que se hizo por recomendación de la OCDE y, además, se ha ingresado dinero "cosa que con su amnistía fiscal de 1991 no, facilitando la conversión en pagarés opacos".

El estreno de la nueva portavoz de la bancada socialista no pasará a los anales del parlamentarismo, pero Margarita Robles apunta maneras en cuanto al rigor de sus planteamientos, muy alejados de los golpes de efecto que tanto gustan en este tipo de rifirrafes de una sesión de control. Otras personas en esa posición tardaron un tiempo en cogerle el tranquillo a este trámite, tal vez el más ágil del parlamentarismo español.

Pero enfrente está Rajoy, quien fiel a su idiosincrasia "pasa" de los asuntos en los que no se siente cómodo; y por supuesto se llama a andanas. Ha ocurrido con la pregunta del portavoz del grupo vasco del PNV, Aitor Esteban, quien también le ha preguntado por otra sentencia, esta del Tribunal de Derechos Humanos sobre el caso Atutxa.

El portavoz vasco, tras recordar las descalificaciones que recibió de personas como Acebes y el portavoz Hernando o el hecho de que ETA quisiera asesinarla, ha sido muy concreto: "¿Piensa usted manifestar un desagravio?". Pero Rajoy ha respondido como si hubiera escuchado llover. Ni desagravio ni nada que se le parezca. "Sentencias del Tribunal de Derechos Humanos ha habido muchas", ha resumido para justificarse.

Con Joan Baldoví, que sencillamente le ha expuesto un decálogo de razones por las que debería dimitir, Rajoy ha estado un tanto displicente e irónico. "Pues no coincido con usted. Debo seguir por responsabilidad, por tener el respaldo de 137 escaños y después de haber superado una moción de censura. Utilice usted, ya que no tiene que gobernar, sus cuatro diputados con un poquito más de altura e inteligencia".

De nada ha servido que Baldoví, que también se estrenaba en preguntarle al presidente del Gobierno, le haya recordado el aumento de independentistas en Catalunya por culpa de su gestión, el caso Gürtel y su declaración ante el tribunal que lo juzga, su incumplimiento del déficit o las reprobaciones a miembros de su Gobierno. Nada, Rajoy se ha quedado incólume. En estado puro.

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