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Rajoy regresa al Senado tras año y medio e insiste en su receta económica para "crear más empleo"

El presidente del Gobierno despacha la sesión con cifras de su anterior legislatura

Rajoy, durante su intervención en el Senado. EFE/Fernando Alvarado

MADRID.- Mariano Rajoy se encuentra cómodo en el Senado. Es normal, dispone de una comodísima mayoría absoluta desde diciembre de 2011. Y eso se nota. Ni las preguntas complicadas de esta tarde ni el verbo envenenado de Espinar, Vidal y Areces le han hecho mella, y eso que llevaba casi un año y medio sin pasar por esa situación –una sesión de control– en la Cámara Alta.

La frase de la tarde la ha pronunciado el portavoz del grupo parlamentario de Podemos, Ramón Espinar. “Nada nuevo bajo el sol”, ha proclamados tras conocer su primera respuesta a su pregunta sobre qué tipo de medidas iba a adoptar el Gobierno que preside para garantizar el sistema público de pensiones.

Pues bien, Rajoy se ha mostrado más Rajoy que nunca, tanto que parecía que no hubiesen pasado dos procesos de elecciones generales o que estuviese al frente de un nuevo Ejecutivo. Un viaje a los meses finales de su anterior mandato: lo mal que estaba España a nuestra llegada –ciertamente no mencionó la “herencia recibida”– con la letanía de cifras y conceptos que generaron la recuperación económica sin “ser rescatados”.

Los pensionistas que hay, lo que cobran de media, lo que perciben los nuevos jubilados que se incorporan al sistema, el mantenimiento de su poder adquisitivo, el crecimiento de empleo, lo bien que funciona la sanidad pública y el sistema educativo, ambos sin parangón en el resto del mundo, etcétera, etcétera...

Unos datos que frustraron un tanto a Espinar, quien debía tener ganas de mantener un debate más político que estadístico. Aún así, le rebatió con otras cifras sobre el vaciamiento de la hucha de las pensiones durante su gestión al frente del Gobierno, la precariedad de los empleos actuales y la pérdida del poder adquisitivo real de los pensionistas. “Ustedes reparten precariedad, no crean empleo”, ha sentenciado para cerrar su intervención. Previamente sugirió que “tal vez haya que reformar el sistema fiscal”, para garantizar ingresos procedentes de las grandes empresas.

Pero el caso es que Rajoy no ha cambiado de argumentos para responder al portavoz del grupo parlamentario socialista, Vicente Álvarez Areces (se estrenaba en esa función tras la defenestración de Óscar López), quien le ha interrogado sobre qué pensaba hacer su Gobierno para recuperar el gasto social que había cercenado en su último mandato.

“La clave, señor Areces, es la política económica que hemos seguido para crear empleo, que es la mejor política social que se puede hacer”, le ha respondido sin despeinarse. Y a continuación, más de lo mismo. Rajoy no se ha inmutado cuando Areces, un político avezado y con trienios de experiencia y aplomo, le ha recordado la tragedia social que viven uno de cada tres niños en España o los millones en riesgo de pobreza extrema al no tener ningún ingreso.

Y no ha habido ninguna forma humana de hacerle descarrilar de esa ruta, poyada en unos papeles que le han servido de guión para no perderse en el bosque estadístico con tanto dato positivo. De hecho, aparte de esa declaración de intenciones –la misma política para asegurar el crecimiento económico y el empleo-, Rajoy no ha hecho otro anuncio sobre qué senda seguirá.

Rajoy saluda antes de intervenir en el Senado. EFE/Fernando Alvarado

Sobre todo teniendo en cuenta que en esta legislatura no cuenta con la mayoría absoluta que le arropó en la pasada –el Senado, en estos términos, es casi anecdótico; lo que cuenta es el Congreso de los Diputados-. La sorpresa surgió en otra de las preguntas, que no tenía carácter económico.

El senador Salvador Vidal, portavoz del grupo parlamentario de ERC, un juez al que ayer el Tribunal supremo suspendió por tres años por haber escrito lo que se interpretó como un borrador para una constitución de una Catalunya independiente, le preguntó sobre si consideraba que la vía judicial era la adecuada para resolver el proceso soberanista catalán.

Vidal, que cometió el error de ponerse como ejemplo de judicialización de la voluntad independentista de un sector de la sociedad catalana, le recriminó que su actitud fuera previsible al sostener el principio de legalidad como el único para solucionar el contencioso en Catalunya. “Pues si era previsible mi respuesta, ¿por qué me ha formulado la pregunta?”, le ha respondido Rajoy.

A partir de ahí, el presidente del Gobierno ha convertido en un asunto personal el caso de Vidal para contestar las denuncias sobre el empleo de la justicia para resolver el proceso soberanista, basándose en informes de prestigiosos organismos internacionales. “Sin ley no hay democracia”, ha proclamado Rajoy. “La libertad no se juzga”, ha clamado a su vez el parlamentario de ERC, ayudado por unos carteles que han mostrado sus compañeros de grupo. En resumen, el presidente del Gobierno no ha abierto ningún resquicio ni aportado solución innovadora al contencioso catalán.

Rajoy se ha marchado rápidamente, sin duda saturado por el atracón que se ha dado este martes en la Cámara Alta: antes de someterse a las tres preguntas de rigor –en esta instancia cada interviniente dispone de siete minutos frente a los cinco que se marcan en el Congreso de los Diputados–, Rajoy ha asistido a partir del mediodía a una reunión del grupo parlamentario popular y luego ha almorzado con los miembros de su dirección. Así ha compensado su larga ausencia del Senado.

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