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“Un referéndum de independencia es el mejor instrumento para resolver el futuro político de Catalunya”

Jordi Sánchez está a punto de cumplir un año al frente de la Assemblea Nacional Catalana (ANC), una de las entidades claves en la movilización independentista de los últimos años.

Jordi Sánchez presidente de la Assemblea Nacional Catalana (ANC).

MARC FONT

BARCELONA.- Jordi Sánchez está a punto de cumplir un año al frente de la Assemblea Nacional Catalana (ANC), una de las entidades claves en la movilización independentista de los últimos años. Tras la reciente asamblea general del movimiento y a la espera de confirmar si optará o no a continuar en el cargo, Sánchez recibe a Público para hablar del estado actual del proceso soberanista.

Aunque se muestra convencido que el Estado español no permitirá un referéndum de independencia, defiende que esta es la mejor opción para resolver el conflicto político catalán, desmarcándose de la vía que propone el gobierno de Junts pel Sí.

El pasado domingo la ANC celebró su asamblea general. ¿Cuál es su balance?

El balance es positivo. Ha servido para dos cosas. Una para hacer este acto casi litúrgico de encuentro de la gente más activa de la ANC en todo el país. Y, segunda, la asamblea tiene como función fijar criterios y marcar la hoja de ruta para los próximos 12 meses. Y esto se hizo bien. Se aprobaron algunas enmiendas y ahora tenemos muy claramente la renovación de un horizonte que luego tenemos que concretar con las actuaciones a lo largo del año.

Las bases corrigieron algunas apuestas del secretariado y, por ejemplo, dejaron claro que no quieren lista única independentista si se repiten las elecciones españolas.

Alguien, y probablemente externo a la ANC, quiso poner el acento en el debate sobre lista única sí o lista única no, cuando en ningún momento la planteábamos. El precedente que tenemos es el 20 de diciembre, cuando no la propusimos por varias razones que siguen vigentes. Entendíamos que esto tenía mucho más sentido en unas elecciones plebiscitarias, como las del 27 de septiembre, que en las estatales. Dentro del mundo independentista hay varias sensibilidades sobre como encarar unas elecciones al Estado e incluso hay quien cree que no se debe concurrir.

“Son los partidos los que tienen que decidir como concurrir a las elecciones estatales, pero desde la ANC les pedimos que haya una unidad de acción de los independentistas”

También quisimos dejar muy claro que no eran una segunda parte del 27-S, sino unas elecciones que respondían a otra lógica. Nadie pensaba en una lista única, sino en buscar la máxima confluencia y unidad, porque la unidad es el ADN de la ANC. Todo el debate anterior, sobre todo el mediático, originó una serie de enmiendas que quisieron clarificar la posición. Son los partidos los que tienen que decidir como concurrir, pero desde la ANC pedimos que haya una unidad de acción en las instituciones del Estado.

Además se rechazó cambiar el método de elección del presidente y que fuera escogido directamente por las bases, la opción que usted prefería.

En la ANC los socios cada año eligen al secretariado y después éste escoge a los cuatro cargos orgánicos, que son secretaría, tesorería, presidencia y vicepresidencia. Hace un año se dio la circunstancia que la persona que fue elegida presidente, que fui yo, no había obtenido el máximo número de votos por parte de los socios y algunos medios lo interpretaron como un elemento de manipulación por parte del secretariado. Pero el secretariado cerró filas para recordar que tanto la vicepresidencia como la presidencia requieren dos terceras partes de los votos para ser elegidos y yo fui elegido en la primera votación, algo que no ocurrió con otros cargos. El secretariado no tuvo dudas. El debate reapareció hace algunas semanas. Y el socio lo que hizo fue clarificar el escenario y dijo que el sistema que tenemos es el que queremos. Yo había dicho que era razonable que el socio quiera votar directamente a la persona que lo representa. A mi me parece una buena praxis. Y esta opción tuvo más votos a favor que en contra, pero requería una mayoría cualificada del 65% para ser aprobada, que no consiguió.

El 14 de mayo habrá elecciones al secretariado de la entidad. Todavía no ha confirmado si se presentará. ¿Qué hará?

El momento de comunicarlo será cuando se abra el calendario de presentación de candidaturas.

En la asamblea general también se decidió el formato de la movilización del próximo 11 de septiembre, que tendrá cinco localizaciones, una en Barcelona y cuatro más por decidir. ¿Pensaba que la del año pasado en la Meridiana sería la última manifestación masiva por la independencia?

“El proceso no se puede alargar eternamente, pero soy consciente de que todo esto es de una enorme complejidad”

No. En algún momento dije que me gustaría que fuera la última pero nunca he sido partidario de hacer declaraciones diciendo que seria la última y que luego proclamaríamos la independencia, porque soy consciente de que todo esto es de una enorme complejidad. Hay muchos factores y la gente debe tener muy claro que lo que estamos haciendo nos lleva a un escenario en el que es posible la independencia, pero no es simple. Y tampoco creo que la del próximo 11 de setiembre sea la última movilización, pero es verdad que el recorrido que nos lleva a una decisión final cada vez es más estrecho. El proceso [independentista] no se puede alargar eternamente. Todo el mundo sabe que esta no será una legislatura normal, no consumirá los cuatro años y esto significa que antes de acabar se tendrá que llegar al desenlace más importante del proceso. Seria deseable que llegue con el reconocimiento de una consulta por parte del Estado, pero de manera muy clara no veo ninguna ventana de oportunidad para que el Estado español la acepte.

A pesar de ello, el 20-D más de cinco millones de personas votaron a formaciones partidarias del derecho a decidir y de celebrar un referéndum y una de ellas, En Comú Podem, fue la ganadora en Catalunya.

Cuando me presenté como candidato al secretariado [de la ANC], mi objetivo era poner en valor el derecho a decidir y trabajar para ensanchar la mayoría partidaria de ello. Quiero decidir para construir un estado independiente, pero sigo manteniendo que nuestra solución sólo tendrá éxito si viene avalada por las urnas. Y es indudable que en este recorrido sé que hay sectores de la población que no son partidarios de la independencia como primera opción, pero si que son convencidos demócratas y saben que un conflicto como el que se ha expresado tiene que encontrar la acomodación en un plebiscito o en un referéndum. Aquí hay unas complicidades democráticas indiscutibles que debemos facilitar que se puedan concretar.

¿Se está fallando desde los partidos y las entidades independentista a la hora de tejer y fortalecer complicidades con estas formaciones autodeterministas no independentistas?

“El reto sigue siendo como canalizamos una salida a una demanda que el estado no reconoce”

Efectivamente ha habido un momento en el que el independentismo necesitaba reafirmarse, tener la certeza que contaba realmente con un suelo muy sólido y fue el 27 de septiembre. Es evidente que provocó un enfriamiento con unos espacios políticos que habían estado activos en el 9-N [la consulta independentista que se hizo el 9 de noviembre de 2014]. Hablo del mundo de ICV y sobre todo de los espacios emergentes, como los Comunes, que todavía no estaban pero que tienen una complicidad evidente con las formas democráticas que representa el derecho a decidir. Esta situación de distancia creo que ahora se está reconduciendo de manera razonable. El reto sigue siendo el mismo y es como canalizamos una salida a una demanda que el estado no reconoce. Y no es la independencia, sino la resolución de un conflicto político en el que una parte de la población quiere la independencia.

No está nada claro qué pasaría en un hipotético referéndum y los partidarios de la independencia insisten en la necesidad de ensanchar su base de apoyo. ¿Cómo?

Es la gran pregunta. Nosotros hemos sido actores determinantes en ensanchar esta base social partidaria de la independencia. Se ha crecido mucho y hemos llegado a un 48% y en estos momentos seguir aumentando es más difícil. Los esfuerzos para convencer a gente que no se ha sumado tienen que ser mucho más grandes, porque ya hemos llegado a gran parte de la población. Hablamos de un colectivo de entre 350.000 y 450.000 personas, que el 27-S no apoyó a formaciones independentistas, pero que tampoco avaló a formaciones unionistas. Seria el espacio de personas que todavía no han tomado una decisión firme, el mismo que el 9-N optó por el sí-no. Tenemos la radiografía y sabemos que dentro de este mundo, en el que incorporamos a sectores sociales con una mirada muy diferente sobre la gestión de lo público, desde votantes de Unió Democràtica hasta todo el mundo En Comú, hay gente que está cerca de aceptar la independencia.

Tenemos que hacer tres cosas: dejar claro que este es un proyecto que sólo tiene viabilidad si la mayoría de la población lo avala, continuar explicando mejor y con cosas nuevas todos los motivos objetivos por los que la independencia es la única opción para imaginar una sociedad más próspera y más igualitaria, y que las instituciones hagan claramente opciones de gobierno y de políticas como si ya estuviéramos imaginando un país distinto. Si hay elementos de confrontación con el Estado que sean en ámbitos que ayudan al bienestar y al progreso individual y social, no con elementos de identidad.

¿La vía para decidir el estatus final de Catalunya cree que serán las elecciones constituyentes que prevé JxSí, el hipotético referéndum para avalar una futura constitución catalana u otra opción?

Si alguna lección tenemos que aprender desde el 2014 es que las cosas tienen que ser claras. Creo que la apuesta por la que tenemos que trabajar es que la respuesta tiene que ser sí o no a una pregunta clara e inequívoca como '¿queremos que Catalunya sea un estado independiente?'. El resto es una fuente de equívocos que no nos ayudará a avanzar con la claridad que necesitamos.

Es una vía distinta a la que propone el gobierno de Junts pel Sí.

Pero esto también se tiene que entender. Es una vía con la que todos tendrán que poner en revisión sus hojas de ruta, que al fin y al cabo están hechas para ayudar a caminar, ser permanentemente revisadas y adaptarlas a las circunstancias. Personalmente he creído siempre que la consulta es el mejor instrumento, es el que nos permite estar cohesionados. Y la independencia no puede ser interpretable. Creo que el estado tiene la obligación democrática y moral de facilitar esta consulta, pero si no lo hace la obligación de las instituciones del país es canalizar una solución inequívoca hacia esta dirección. Ya hemos hecho unas elecciones plebiscitarias y creo que los resultados fueron buenos. Ahora nos tenemos que acercar a una decisión final. Y gracias al embate democrático que hemos planteado y al posicionamiento favorable de Podemos, la cuestión de la consulta está encima de la mesa de todas la conversaciones políticas del Estado. Y cuando hablo de consulta no pienso en consulta sobre reformas constitucionales, sino en un referéndum de independencia.

La ANC tuvo un papel importante en la articulación de Junts pel Sí. Luego, varias de sus caras visibles dieron el salto a la política institucional a través de la misma formación. ¿Ha quedado anulado el papel de la entidad como tensor de los partidos?

“Que haya complicidades con nuestros representantes políticos no significa que desde la ANC les perdonemos su inacción”

Efectivamente la apuesta por las elecciones plebiscitarias y el apoyo a las formaciones que se comprometieron por la independencia tuvo como consecuencia que algunos espacios se alejaron de la ANC. Fue el caso de ICV. Pero fuimos coherentes con nuestro hoja de ruta. Pero no estoy de acuerdo en que ahora ya no apretemos a JxSí, porque son los nuestros. Durante las negociaciones para formar gobierno les apretamos y mucho y jugamos un papel determinante, con la exigencia de que bajo ningún concepto podíamos ir a unas nuevas elecciones. Personalmente cada uno podía tener sus preferencias sobre cuál tenía que ser la salida, pero en la ANC todos teníamos claro que no podíamos no llegar a la investidura. Y ahora les estamos apretando. Que haya complicidades con nuestros representantes no significa que les perdonemos su inacción.

Tras la investidura de Carles Puigdemont, diputados de la CUP fueron muy críticos con su papel en las negociaciones y afirmaron que usted acabó con la transversalidad de la ANC.

Estas críticas existieron y no las he contestado públicamente y tampoco lo haré ahora. Lo haré en su momento, pero hay cosas que se han dicho que en absoluto son ciertas. Yo hago una propuesta que algún día publicaré y tengo la respuesta de dirigentes de JxSí y de la CUP y del propio president Mas. Todo esto lo tenemos que interpretar como una consecuencia de las grandes tensiones que se vivieron sobre todo desde Navidad hasta el día de reyes. Todos eran conscientes que estábamos en el precipicio. Nadie quería caer pero todos esperaban que el otro hiciera el gesto que evitara la caída. Y esto tensionó mucho. Pero yo tengo la consciencia muy tranquila.

Un tweet suyo del 3 de enero, justo cuando se supo que la CUP decidió no investir a Mas, levantó mucha polvareda.

El 27 de setiembre nosotros pedimos el apoyo para dos formaciones políticas, con el convencimiento de que el compromiso que habían adquirido se llevaría a la práctica. Y que si había necesidad de colaborar para obtener la presidencia se buscarían los mecanismos para hacerlo. Después de que JxSí dijera alrededor del 20 de diciembre que presentaba su última oferta [que mantenía a Mas como presidente] y que la CUP la rechazara, nosotros estábamos recibiendo quejas permanentes tanto de gente que votó a JxSí como de gente que votó a la CUP, que estaba enfadada. Y el 3 de enero creí que tocaba pedir disculpas a toda la gente que votó a JxSí o a la CUP y estaba decepcionada por su comportamiento.

Se interpretó como un ataque a una de las dos partes, básicamente a la CUP.

Una parte lo interpretó así. Pero también había sectores de JxSí tensionados porque se pedía que la necesidad de avanzar pasaba porque Mas no estuviera. Cada uno se queja de la parte que le toca. En diciembre, en una entrevista en El País dije que Mas no era imprescindible. En este proceso todos somos necesarios pero nadie es imprescindible. Y con esto gente de JxSi, particularmente los convergentes, se puso como una moto. Seguro que yo me equivoqué en muchos momentos, pero intentamos apretar a ambos lados. Pero creo que estas polémicas con la CUP y JxSí eran inevitables y la animadversión que haya podido recibir se entiende por la tensión del momento. Y lo que pasó en aquellos días ya se explicara en su momento, con los mensajes y los whatsapp, que están bien guardados.

Una de las etiquetas que le acompaña es la de ser próximo a Artur Mas, a diferencia de lo que pasaba con su antecesora, Carme Forcadell. ¿La comporte?

No, pero tampoco la tengo que desmentir.

¿Ni tampoco a alguien tan cercano a Mas como es David Madí [antiguo jefe de campaña de CiU e íntimo del expresidente]?

Pero es que tampoco esto es verdad. Yo conozco a David Madí de cuando estuvo en la Crida [un movimiento catalanista de los años 80]. Y él explica que cuando empezó a entrar en la vida política de partido yo le animé a hacer determinadas opciones y no otras que no eran las más sensatas. Tengo una relación cordial pero distante con él, nos vemos muy de cuando en cuando. Compartimos el objetivo final para el país [la independencia], pero no el modelo. A partir de aquí hay una literatura alrededor de esto desde que apareció la primera filtración de que yo podía optar al secretariado. Y viene de un sector político que ha querido condicionar mi presidencia como algo ligado a Mas desde el minuto cero. Pero los hechos demuestran que esto es absolutamente falso. No hay ninguna actitud mía que muestre que me he decantado por una parte u otra, yo he llevado un mandato del secretariado y cuando ha hecho falta he apretado a unos y a otros. Pero evidentemente como dirigente de la ANC he tenido contactos con Mas y con dirigentes de CDC, ERC o la CUP, como los tuvo Carme Forcadell.

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