Este artículo se publicó hace 10 años.
Rosana Pastor: "Soy de Iglejón"
La actriz, diputada independiente de Podemos, asegura que “no hay fuerzas contrapuestas” en la formación. “En determinados círculos o en determinados territorios hay disparidad de opiniones, pero nada que apunte a una separación”.
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Delgada, menuda, dulce, Rosana Pastor (Alboraya, 1960) aparenta la fragilidad de la madre de Ana en La Herida, pero cuentan que tiene el coraje y la fuerza de Blanca, la miliciana de Tierra y Libertad que le regaló un Goya a la mejor actriz revelación.
Ha sido ochenta mujeres distintas en el cine, el teatro y la televisión. Y dice que “de todas beberá” para desempeñarse en el papel más complicado de su vida… si le dejan. Ya tuvo que echarle “corazón y cabeza” cuando el divorcio parlamentario Podemos-Compromís obligó a la candidata independiente de És el Moment a elegir entre Iglesias y Baldoví. Se quedó con el primero.
Ahora se niega a posicionarse entre este y Errejón: “Soy de los dos”. Como rechaza aventurar si se reeditará la coalición valenciana en caso de adelanto electoral. “No estamos en eso, sería desastroso”, afirma la segunda actriz en ocupar un escaño en el Congreso (sin de los Diputados, por aquello de la igualdad).
Tiene de teatro, pero no en el sentido que se vendió en el debate de investidura. El teatro es entrega, generosidad; es el arte de la empatía, de ponerse en el lugar del otro, de comunicar. En ese sentido, el teatro y la política están en el mismo lado: al servicio de la colectividad. Pero hablo del buen teatro y de la buena política…
Sí, sí. Algunos bastantes malos. Como decía Juan Mayorga: “El teatro es un arte político”. Teatro y política nacen en Grecia para interpelar y dialogar con la ciudadanía. Y eso no siempre pasa en el Congreso.
Estoy dispuesta a dar lo mejor de mí. El resto no está en mi mano.
Estoy convencida –y en Podemos estamos convencidos– de que hay que llegar a un acuerdo y de que hay margen para conseguirlo. Estamos deseando trabajar para mejorar las condiciones de una amplia mayoría. Hace falta valentía, voluntad y el convencimiento de que hay mucha gente que está esperando que un gobierno de progreso mejore sus condiciones de vida.
Nosotros vamos a trabajar en el Congreso, vamos a dialogar. Pero desde Podemos planteamos políticas distintas. Estamos por los intereses de un colectivo amplio, por los intereses de la ciudadanía. Y en Ciudadanos parece que están por defender los intereses de unas élites financieras, sociales y políticas.
Creo que la alcaldesa expresaba el sentir de un parte de la ciudadanía. El cansancio del “ahora nos sentamos”, ”ahora no”, “ahora acordamos con nuestros primos de Zumosol”. En ese sentido comparto el hartazgo de la ciudadanía, que también lo es de Podemos. Hay que sentarse pero desde la claridad; sin cartas en la manga, no sentarse a una mesa mientras se negocia en la habitación contigua a escondidas. Ya está bien de dar vueltas y marear la perdiz. Porque a veces parece que el PSOE no está convencido de querer un gobierno de progreso. Si lo quiere, tiene alguien al lado que se lo está ofreciendo desde el primer momento: el señor Iglesias.
No lo veo en esta legislatura. He llegado con mucha humildad. Tengo mucho respeto a la política porque creo que es una gran herramienta para construir una sociedad mejor. En esta legislatura no lo veo.
Las que vamos a impulsar desde el primer momento en Podemos. Trabajar por dignificar las condiciones de creadores y creadoras en todos los ámbitos y por hacer efectiva la bajada del IVA cultural que está matando la cultura y que no revierte en nada que apuntale una mejora social.
Soy de los dos. Soy de Pablo y soy de Iñigo. Son dos piezas fundamentales en Podemos. Son complementarios, imprescindibles. Como diría el secretario general de Podemos en la Comunidad Valenciana: ¡soy de Iglejón!
No, no hay lío. Y hablo desde fuera, como alguien que concurrió a las elecciones como independiente. Podemos es una formación en la que existe el debate interno, que es rico, es democracia. Y eso es lo que hay en Podemos. No hay lío, no hay dos fuerzas contrapuestas. La gente está trabajando al unísono. Otra cosa es que en determinados círculos, determinados consejos ciudadanos, o en determinados territorios, haya disparidad de opiniones. Pero no hay nada que apunte a una separación.
Nosotros no estamos por el adelanto electoral.
No lo queremos ni lo planteamos. Y ahí me quedo anclada. No estamos pensando en el adelanto electoral ni planificando que haríamos si lo hubiera. Sería desastroso, no es lo que quieren los ciudadanos, no es lo que quiero yo y no es lo que quiere mi grupo parlamentario.
Sí. Éramos cuatro diputados de Compromís, cuatro de Podemos y yo, independiente. Quería ser diputada der las dos formaciones. Y así lo expresé a lo largo de la campaña electoral. La negativa de la Mesa a darnos grupo propio me supuso mucha tensión porque cualquier decisión que tomara iba a marcar mi trayectoria. Y no solo la mía. Escogí con la cabeza, evaluando las posibilidades que se abrían, y escogí con el corazón.
No me siento compañera de Rita Barberá. Es una señora que ha dejado mi comunidad y el Ayuntamiento de Valencia en una situación de expolio. Es una persona que, nombrada por Les Corts como senadora, ha declinado acudir a una sesión en la que le pedían comparecer. Y es una persona que está utilizando la política para esconderse. No me siento compañera. Estamos en lugares distintos con distintos intereses. El mío está en servir a la ciudadanía. El suyo, en servirse a sí misma.
Ni siquiera creo que compartamos peluquería. Pero desdramatizando, si me la encontrara le diría que Dimitir no es un nombre ruso. Y que respete a Las Cortes valencianas que la designaron senadora territorial. Que si le piden que comparezca, que comparezca. Y si no, que dimita, que tendrá más tiempo libre para ella y para ir a la peluquería, entre otras cosas.
En la del Congreso. La alfombra roja se quita y se pone. Es fina. Las del Congreso son alfombras tupidas, gruesas. Hay zonas en las que tienes la sensación de que se hunden bajo tus pasos. Habrá mucho más polvo, seguro.
¡En absoluto! Si me lo hubieran dicho no me lo hubiese creído jamás. Entro con muchísimo respeto. No puedo evitar, cada vez que lo hago, mirar los disparos de Tejero o mirar a la tribuna de invitados. Siempre recuerdo el día que estuvimos allí.
Por defender el derecho a la dignidad y a la vida de los refugiados que están vagando por Europa. Por negarme al TTIP, ese tratado que nos quieren colar sin que nos demos cuenta y que va a cambiar nuestras vidas. Y, sobre todo, por defender el bienestar de la cuarta parte de población que está en riesgo de exclusión, que linda con la pobreza.
Este papel es nuevo; no tiene concomitancias con ningún otro. Pero todos los personajes que he interpretado están en mí. De todos voy a beber y todos van a salir. Sobre todo la fuerza de Blanca, mi personaje en Tierra y Libertad; su coraje, su valentía para defender lo que consideraba justo, su capacidad de estar codo con codo con sus compañeros, para abrirse al debate y para seguir en la lucha con las diferencias, los acuerdos y los desacuerdos.
No. Es muy difícil. Por los tiempos. Y porque si trabajas en teatro lo haces para espacios públicos como casas de la cultura o ayuntamientos; la incompatibilidad es absoluta. Donaré el salario de los compromisos que tenía adquiridos de antes, pero no puedo compatibilizarlo. La política exige mucho
Por nadie. Ahora lo he dejado todo por defender lo que defiende Podemos, por defender la política del bien común y los intereses de la ciudadanía. Se puede conseguir un cambio a mejor… y allí estaremos.
Es verdad. Me acerqué para que me dejara verla y las dos estuvimos de acuerdo en que la podíamos mejorar; no es que yo le hiciera repetir. Además, el episodio encendió la chispa de una buena relación entre nosotras.
Hemos tenido 24 años de señora Barberá. Son las primeras Fallas con otro aire, más abiertas, participativas. Me prometí a mí misma que, cuando el cambio ganase el Ayuntamiento de Valencia, me vestiría de fallera. El otro día me estuve probando un traje de mi sobrina. Y no lo descarto, aunque no sé si tendré ocasión.
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