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Rusia, China, clima y migración: los puntos cardinales de la brújula de la OTAN para la próxima década

Los 30 aliados aprueban en la cumbre de Madrid el concepto estratégico. Su predecesor establecía hace 12 años que una agresión a territorio aliado era poco probable. Un escenario que ha cambiado por completo con la guerra en Ucrania.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg (d), el presidente de Estados Unidos, Joe Biden (c), y el primer ministro de Reino Unido, Boris Johnson (i), durante la primera jornada de la cumbre de la OTAN que se celebra este miércoles en el recinto
El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg (d), el presidente de Estados Unidos, Joe Biden (c), y el primer ministro de Reino Unido, Boris Johnson (i), durante la primera jornada de la cumbre de la OTAN que se celebra este miércoles en el recinto de Ifema, en Madrid. Lavandeira Jr / EFE

"Nos hemos reunido en mitad de la crisis de seguridad más seria desde la Segunda Guerra Mundial". Este ha sido el pistoletazo de salida de una cumbre de la OTAN que ha rubricado el concepto estratégico, una especie de brújula geoestratégica que desglosa las amenazas, prioridades y retos de la seguridad del área euroatlántica de cara a la próxima década.

La OTAN selló su hoja de ruta previa en 2010 en Lisboa. Era un mundo marcado por la crisis financiera global y que vivía a cuatro años luz de la anexión rusa de Crimea. Punto canalizador que marcó el inicio del fin en la relación de Occidente con Rusia. "La región euroatlántica está en paz y la amenaza de un ataques convencional en territorio aliado es bajo", señalaba la declaración.

"La región euroatlántica no está en paz. La Federación rusa ha violado las reglas que contribuían a un orden de seguridad europeos predecible. No podemos descartar la posibilidad de un ataque contra la soberanía y a la integridad territorial de la Alianza", recoge la cocinada en la capital española.

De Lisboa 2010 a Madrid 2022 han pasado las primaveras árabes, una crisis de refugiados, el aumento imparable de China, una ola de atentados yihadistas en Europa, el avance de fuerzas populistas y de ultraderecha y el regreso de la guerra a suelo europeo. El miedo y la sensación permanente de amenaza e inestabilidad están haciendo mella en las sociedades occidentales. Y todo ello ha tenido un efecto inmediato en cómo Europa y Estados Unidos miran a la arquitectura de seguridad del Viejo Continente.

La OTAN define a Rusia como una amenaza

En el texto de 16 páginas rubricado este miércoles por los 30 aliados, la OTAN define a Rusia como una amenaza; a China como un desafío por primera vez en su historia; e incluye la crisis climática y los flujos migratorios como nuevos retos de cara al futuro. Desde el inicio de la guerra en Ucrania, en Bruselas –sede de los cuarteles generales y de las instituciones europeas- se ha sucedido sin cesar el mensaje de que el mundo es progresivamente "peligroso", "volátil" y "competitivo". Y todo ello se ha materializado en el concepto estratégico que ha visto hoy la luz.

El cambio de tono, la dureza del lenguaje y el aumento de la militarización se aprecia a través de la lupa de los dos documentos sucesivos. La mirada de la OTAN al resto del mundo ha sufrido en apenas 12 años un cambio tectónico. En Lisboa, los por entonces 28 países integrantes del mayor foro militar del mundo pusieron el foco en "prevenir crisis, gestionar conflictos y estabilizar" lugares inestables en cooperación con la ONU y con la UE. Bajo el nombre de compromiso activo, defensa moderna, abanderaba el objetivo de conseguir un mundo libre de armas nucleares, aunque dejaba claro que sus miembros no renunciarían a este arsenal.

La radiografía que devuelve el documento actual poco tiene que ver. El mundo está "en disputa y es impredecible"; "Rusia ha acabado con la paz"; "la amenaza del terrorismo es persistente"; "el avance del autoritarismo pone en riesgo nuestros intereses y valores" son algunas de las referencias que ponen de relieve el aumento del tono belicista y de confrontación que impera en el mundo de 2022.

El Concepto estratégico en cuatro compases

La Alianza Atlántica nace en 1949 bajo el paraguas del Tratado de Washington bajo las cenizas de la Segunda Guerra Mundial y con el objetivo de hacer frente al músculo militar soviético. Siete décadas después, mira a Rusia, China, la crisis climática o la migración irregular como los principales retos para su estabilidad.

Rusia. No fue hasta 1991 hasta cuando aprobó su primer Concepto Estratégico que buscaba dar razón de ser a su existencia en el tablero de ajedrez internacional post-Guerra Fría. 73 años después, la contención a Rusia ha revitalizado una OTAN que se encontraba en "muerte cerebral" y "obsoleta". En definitiva, que no encontraba su lugar en el mundo.

En 12 años, Moscú ha pasado de ser un socio estratégico para asentar la "paz, estabilidad y seguridad" a ser catalogado como la "mayor amenaza"

La guerra de Ucrania le ha dado esa razón de ser. En 12 años, Moscú ha pasado de ser un socio estratégico con el que colaborar para asentar la "paz, estabilidad y seguridad" a ser catalogado como la "mayor amenaza". El fondo y las formas sobre cómo la OTAN proyecta la relación presente y futura ha sufrido un cambio de 180º con la agresión a Ucrania. Hace una década el gran foco de atención pasaba por una desescalada nuclear en el territorio europeo, hoy nadie se atreve a descartar un ataque de este alcance.

China. También por primera vez, la OTAN constata por escrito que ve a China como un desafío para sus "valores, seguridad e intereses". Unas referencias que tienen el sello de Estados Unidos, quien suma años instigando a sus aliados para que adopten una postura más firme con el gigante asiático. Pekín se cuela así en la órbita de una OTAN que afea sus "ambiciones y políticas coercitivas" y su "falta de transparencia en el torno a su desarrollo militar". En el marco de la guerra en Ucrania, los de Xi Jinping han mantenido una postura muy ambigua que los europeos no le han perdonado. "Nos acordaremos de todo aquel que no esté junto a nosotros en este momento de la historia", ha advertido Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea, en numerosas ocasiones.

Crisis climática. La lucha contra el calentamiento global es la patata caliente de nuestros tiempos. El Green Deal estaba llamado a ser el buque insignia de la actual legislatura europea, pero la batalla verde en los pasillos de Bruselas se ha visto empañada por la pandemia o la guerra en Rusia, que han monopolizado buena parte de las energías y fuerzas europeas. Ahora es la OTAN la que busca surfear las consecuencias de este temporal desde el punto de vista militar. Otro "primera vez". La crisis climática amenaza con alterar las misiones o cadenas de suministro de una Alianza en creciente poderío militar. Y Jens Stoltenberg, su secretario general, llama ya a los aliados a proporcionar equipamiento y entrenamiento a las tropas ante situaciones de temperaturas extremas.

Migración. España ha sido uno de los países que más ha peleado por incluir en el texto una alusión a los "flujos migratorios irregulares" como otro de los desafíos de la próxima década. Los líderes autoritarios de Bielorrusia, Marruecos o Turquía han utilizado a refugiados y personas migrantes como armas de presión y chantaje a la UE. España está especialmente preocupada por esta cuestión. A sus puertas cuenta con una olla en ebullición: regiones como el Sahel son cada vez más inestables, la tensión Argelia-Marruecos no tiene visos de amainar y la crisis alimentaria que está provocando la falta de salida de grano desde Ucrania anticipan un gran éxodo que tendría como destino inicial el sur de Europa.

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