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Sentencia del Procés Xènia, Paula y Andrea, la historia de tres de las jóvenes presas los últimos días en medio de abusos y brutalidad policial

Hablamos con los abogados y el entorno de las manifestantes que se encuentran en la prisión de Wad-Ras, en Barcelona, después de ser detenidas durante las movilizaciones contra la sentencia del 1-O. Consideran desproporcionadas las medidas cautelares y denuncian numerosas negligencias y abusos durante las detenciones y el proceso judicial.

Agentes antidisturbios durante las protestas que se están produciendo ante la comisaria de la Policía Nacional de Via Laietana, en Barcelona. (ENRIC FONTCUBERTA | EFE)

Durante casi dos años, el movimiento independentista ha hablado de presos políticos sin cesar, desde que los nueve líderes independentistas fueron encarcelados por la celebración del referéndum del 1-O. A las puertas de la esperada sentencia del Tribunal Supremo, este concepto se tuvo que ensanchar: la Audiencia Nacional ordenaba la detención de siete activistas de los CDR acusados de terrorismo, en prisión sin fianza bajo las condiciones más duras que contempla el sistema penitenciario.

La reciente condena de hasta 13 años de prisión para los nueve ex consellers y líderes sociales hizo estallar las calles con movilizaciones masivas, disturbios y un goteo constante de protestas. De nuevo, la represión ha agrietado todavía más la herida: el saldo de las convocatorias es de 600 heridos, hasta 200 detenciones y 28 encarcelamientos sin fianza.

En este caso, los presos son personas jóvenes, que rondan los 20 años. Tres de ellas hace unos días que duermen en la prisión de Wad-Ras, en el barrio del Poblenou de Barcelona: Andrea (22 años), Paula (23 años) y Xènia (22 años), acusadas por delitos de atentado contra la autoridad, desórdenes públicos y daños. En medio de una calma tensa, hablamos con sus “grupos de apoyo”, las personas de su entorno que en pocos días han tenido que aprender cómo funciona la burocracia penitenciaria, gestionar abogados y, a la vez, recibir el golpe, y que son el único contacto entre las tres jóvenes y el exterior.

Detenciones entre las desbandadas de Via Laietana

“Estábamos en Via Laietana sin hacer nada. Literalmente, nos estábamos moviendo con la masa de gente, que se iba desplazando según atacaba la Policía Nacional”, explica Júlia Lostes, una de las amigas de Paula que se encontraba con ella en las movilizaciones el viernes 18, el día que la detuvieron. “Entre cuatro y cinco furgonetas de la policía empezaron a hacer un carrusel. De repente bajaron. Todo el mundo empezó a empujar y correr. Fue entonces cuando la perdimos”. Eran las 18.30 h de la tarde. Poco después, el grupo de amigos de Júlia pudo reagruparse, pero Paula no aparecía. Dos horas más tarde decidieron llamar a todos los hospitales de Barcelona, pero tampoco la encontraron. Hasta las 8.00 h de la mañana del sábado no supieron que la habían detenido.

Durante aquellas horas, Paula se encontraba en la comisaría de la Verneda de la Policía Nacional. Es allí donde, según explica su abogada, Norma Pedemonte, pasó las peores horas de la jornada. Comenta Pedemonte que, cuando Paula estaba en comisaría, los policías nacionales recibieron la noticia de que un compañero suyo se encontraba en estado grave: “Fue entonces cuando empezaron a posarse violentos”.

Un Policía Nacional en la comisaría de la Verneda: “¿Qué estáis buscando, un muerto? Si hay un muerto no será en nuestro bando” 

Según relata la abogada, los policías entraron uno de los detenidos donde se encontraban ellas y lo apalearon. Mientras lo registraban, cayó un cúter al suelo. “Paula no recuerda si hizo algún comentario o si simplemente un policía le vio la cara, pero un agente cogió el cúter y se acercó a ella a una distancia de menos de un metro abriendo y cerrando la hoja”. “¿A ti qué coño té pasa?”, decía el agente según explica Pedemonte, mientras Paula repetía que no había hecho nada. “¿Qué estáis buscando, un muerto? Si hay un muerto no será en nuestro bando”.

Esta es la imagen que también vio Xènia, tal como ya ha explicado su familia durante los últimos días. Su tía, Sara Riera, recuerda a este diario las negligencias que ya han denunciado, con el cansancio de tener que repetir el relato durante muchos días seguidos. Tal como muestran los videos que han corrido por las redes, a Xènia la cogieron agentes de la Policía Nacional en la calle Junqueras, colindante con Via Laietana, el mismo día de huelga general. La arrastraron al furgón y la pegaron dentro mientras gritaban: “¡Mátala, mátala!”.

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Las dos tuvieron que aguantar los comentarios vejatorios y machistas en la Verneda, mientras les hacían mirar cómo pegaban a otros detenidos. Los abogados denuncian que ninguna de las dos detenciones fue avisada “en el menor tiempo posible” al Colegio de Abogados, tal como establece la ley. “Si no comunican que estás detenida, no te pueden garantizar ningún derecho: ni el de defensa, ni el derecho a ser reconocido por un médico, ni te han leído el acta de derechos”, denuncia Pedemonte. 

Andrea, una de las primeras detenidas 

Por el contrario, Andrea fue detenida días antes, el martes al atardecer, justo cuando empezaban los días de disturbios. La detención se produjo durante las movilizaciones ante la Delegación del Gobierno español en Barcelona, como explica su abogado, Xavier Monge, miembro de Alerta Solidaria: “La arrancaron entre dos Mossos y la lanzaron al suelo en la zona de seguridad para reducirla bruscamente. Tuvieron que ponerle dos puntos a causa de la intervención”. En su caso, el traslado en furgoneta y la estancia en la comisaría del barrio de Les Corts fue más tranquilo: “Desde que salieron varias polémicas sobre maltratos en comisaría y desde que hay cámaras, los Mossos controlan más este tipo de episodios”.

A Andrea, el atestado policial la acusa de haber lanzado una piedra contra el cordón policial, un hecho que el abogado considera que no está suficientemente probado: “Es la versión de un solo agente que estaba trabajando cuando ya estaba oscuro, en medio del caos de las protestas, cuando hacía dos horas que le estaban lanzando objetos. Me cuesta pensar cómo puede reconocer de manera tan nítida esta persona”.

En cuanto al atestado policial de Paula, Pedemonte destaca que está firmado por dos policías nacionales que, según la jueza, recibieron la información por parte del agente que se encuentra en estado grave hospitalizado y que habría detenido a Paula: "Yo me pregunto cuándo han recibido la información sobre la detención. Dice la jueza que a la furgoneta, pero esto lo presume ella". 

Asignaciones irregulares de juzgados y pruebas falsas

Las irregularidades denunciadas por los letrados no acaban aquí. El sábado, Paula y Xènia fueron hacia la Ciutat de la Justícia para declarar. Durante el trayecto, los agentes advirtieron a Xènia sobre algunos objetos que, según afirmaban, le habían encontrado en el momento de la detención: una bola de petanca, balas de vidrio y llaves. “Qué bolas que llevas en la bolsa”, le decían dentro de la furgona. Ninguno de estos objetos era de Xènia, que se los encontró durante la vista como pruebas inculpatorias. Riera recuerda que la bola de petanca presentada contra Xènia es idéntica a la aparecida en las bolsas de seis detenidos, como también lo es el número de serie.

Norma Pedemonte, abogada: “Una semana antes de la emisión de la sentencia, estos delitos hubieran supuesto la retirada del pasaporte, como mucho”

Una vez llegaron a los tribunales, tocaba asignar juzgado de instrucción. La sorpresa para los letrados fue enorme cuando vieron que les correspondía el juzgado de instrucción número 31, dirigido por Beatriz Balfagón: “Cada día hay unos juzgados de guardia que son fijados durante todo el año. Según van llegando los detenidos, se asignan por orden numérico. De este modo la asignación es aleatoria y se garantiza la imparcialidad”, explica Pedemonte. Al llegar las dos jóvenes, era el turno de entrar en el juzgado número 30, pero Paula y Xènia fueron asignadas al 31: “Todo el mundo sabe que hay juzgados más progresistas y juzgados más conservadores. Cuando se hizo este cambio, los abogados nos quedamos alucinados”.

Además, la letrada asegura que, cuando varios abogados de los detenidos fueron a recoger los atestados, la jueza, que pasaba por los pasillos de la planta, soltó un comentario perfectamente comprensible: "Barcelona la limpio yo poniéndolos a todos en la cárcel”. Todos los letrados de detenidos en las manifestaciones que pasaron por este juzgado lo declararon incompetente por incumplimiento de las normativas de reparto. La jueza dictó prisión preventiva para ambas jóvenes atendiendo la petición de fiscalía, una demanda que los letrados consideran desproporcionada: “Una semana antes de la emisión de la sentencia, estos delitos hubieran supuesto la retirada del pasaporte, como mucho. En estos casos, nunca se pide medidas cautelares”, considera Pedemonte.

Andrea corrió la misma suerte, pero días antes y por órdenes de la jueza Maria Eva Moltó, del juzgado de instrucción número 20. Xavier Monge califica de “barbaridad” la entrada a prisión de la joven: “Se trata de una absoluta arbitrariedad. La justificación de reiteración delictiva se basa en la convocatoria de otras manifestaciones. Estamos hablando de que deja en manos de un tercero la posibilidad que haya reiteración”. Añade, además, que ve una voluntad política en estos casos: “Que haya hasta 28 personas en prisión responde al clima político que vivimos y a la voluntad de enviar la gente a casa dando miedo”. 

Grupos de apoyo para enviar cartas a Wad-Ras 

Una vez trasladadas a prisión, los abogados ya trabajan para presentar los recursos y pedir que se ponga fin a la preventiva. Aseguran que las tres jóvenes han podido conocerse dentro del centro penitenciario. Quien también se ha activado son sus entornos, que han organizado tres campañas para pedir la libertad de las tres jóvenes a través de las redes sociales: “Andrea Llibertat”, “Paula Absolució” y “Xènia Llibertat”. Los tres recogen cartas para las presas y organizan movilizaciones pidiendo la libertad, como por ejemplo las concentraciones ante la prisión del pasado domingo o la manifestación en Caldes de Montbuí, municipio de dónde es Xènia. Sara Riera insiste que su sobrina ha tenido que parar sus estudios y su trabajo solo para manifestarse pacíficamente. 

Lo mismo ha tenido que hacer Andrea, que combina los estudios de Ingeniería Química con el trabajo de camarera, y que de aquí a pocos días tendría que empezar a hacer los exámenes de la universidad: “Está estudiando cómo puede con los apuntes que le pasan, pero le preocupa no llegar”, afirma Albert Jiménez, amigo de la joven. Jiménez, como el resto de amistades que forman el grupo de apoyo, defienden el derecho a manifestación de su compañera: “Nadie se esperaba la violencia con la que ha reaccionado el Estado. Lo hemos vivido con mucho dolor, es una situación de absoluta frustración”. A Andrea la acompañaban varios amigos de la Obrera, un centro social de Sabadell en el cual estaba implicada gestionando el gimnasio y la red de alimentos: “El espacio, ni siquiera es especialmente independentista, pero muchos fuimos a las movilizaciones para protestar contra el recorte de derechos”. 

Albert Jiménez, amigo de Andrea: “Nadie se esperaba la violencia con la que ha reaccionado el Estado. Lo hemos vivido con mucho dolor” 

Paula, por su parte, se había dado una tregua en los estudios, después de trabajar durante todo el verano en la Vall Fosca, en los Pirineos catalanes, donde estaba viviendo ahora: “Le gusta mucho la montaña y salir a hacer deporte. Ahora, en enero, se tenía que matricular en psicología en la UOC”, explica Júlia Lostes. También se trata de una persona comprometida socialmente, según explica su amiga: “Estuvo toda la semana yendo y viniendo de Barcelona a Lleida para participar de las protestas. Allí también detuvieron un amigo suyo, que salió en libertad”.

Su grupo de apoyo también defiende el derecho de Paula de haber asistido a la Via Laietana el día de la huelga general y denuncian la arbitrariedad de su detención: “No hace falta que hayas hecho nada porque se te lleven. Las detenciones son una herramienta represiva para ponernos el miedo en el cuerpo. A mí me ha afectado, me lo he pensado dos veces antes de bajar a la plaza Urquinaona, pero no quiero que en ningún caso usen la detención de mi amiga para desmovilizar a la gente”.