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Series Veronica Mars, tan cínica y genuina como siempre 15 años después

TNT estrena en España la cuarta temporada de la serie creada por Rob Marshall con Kristen Bell en el papel de una detective adolescente (ahora adulta) tan genuina como cínica.

Fragmento de la serie Verónica Mars./TNT

Década y media después de su estreno en Estados Unicos, esta detective que dio sus primeros pasos en la profesión de Sam Spade y Jessica Jones cuando aún estaba en el instituto estrena su cuarta temporada en TNT esta noche a partir de las 22:30 horas. Cada martes, un nuevo episodio.

Veronica Mars, la serie, nunca fue lo que parecía en un primer momento. Como su personaje central -una chica mona y popular vestida de tonos pastel a la que un revés convierte en una mordaz marginada con chaqueta negra-, la ficción creada por Rob Marshall siempre significó y representó más de lo que aparentaba: una de adolescentes en el instituto. Por eso cuenta con una legión de fans capaces de poner dinero de su propio bolsillo para financiar una película por el simple hecho de disfrutar de un nuevo caso de esta detective cínica y pragmática en la pantalla. Por eso, en medio de la abundancia actual de títulos y el empeño de algunos por los revivals sin sentido, el regreso de Veronica (Kristen Bell) siempre es recibido como una buena noticia.

¡Volver a Neptune y encontrarse con los Mars y con Logan Echolls (Jason Dohring) es algo así como viajar al lugar donde uno se crió y reencontrarse con los amigos de entonces, ponerse al día de cómo les han ido las cosas en los años de pérdida de contacto y descubrir que todo se mantiene igual, que la relación sigue siendo la misma aunque nosotros y ellos hayamos cambiado/evolucionado como consecuencia de la edad. Todo el mundo tiene un amigo especial con el que da igual el tiempo que haga que no se coincide, la sensación siempre es como de haberse tomado un café ayer. Esa es Veronica Mars.

La primera temporada se emitió en 2004. Antes del estallido del #MeToo en la ficción, ella ya tenía mucho que decir y lo dijo. En el instituto, hija de un exjefe de policía defenestrado reconvertido en detective abandonado por su mujer, amiga de una joven de alta cuna aparecida muerta en circunstancias sospechosas y exnovia del hermano de la muerta. Con todo eso encima -más alguna cosa más que conviene reservar como sorpresa para quienes no hayan tenido el placer de ver la serie en su día-, Veronica tenía dos opciones: hundirse en su propia desgracia o convertirse en una tipa dura. Optó por lo segundo. Cambió de amigos, de vestuario, de actitud y, armada con su inseparable cámara de fotos y su olfato, se convirtió en la ayudante perfecta de su padre como detective privado. Al servicio de otros alumnos al principio, a lo largo de las tres temporadas anteriores y la película que vino después se sacó un dinero extra nada despreciable.

Fragmento de la serie Verónica Mars./TNT

En la que ahora se estrena en TNT, la cuarta, Veronica ya no es una adolescente, ni siquiera una universitaria. Han pasado 15 años. Sigue unida al que al final se convirtió en su novio de toda la vida, Logan Echolls, y con un título de derecho bajo el brazo que no tiene intención de usar ha vuelto a Neptune, una ciudad costera de California donde la tranquilidad brilla por su ausencia. Acostumbrada a enfrentarse a varias investigaciones a la vez y a todo tipo de adversidades -uno de esos casos antiguos fue su propia violación-, esta vez los problemas se le acumulan en la puerta del despacho. Por un lado está el tema económico. Por otro, hacer frente a un criminal que ha colocado una bomba asesinando a cuatro personas en la época de más movimiento. Las vacaciones de primavera -Spring Break las llaman en USA- son temporada alta en Neptune y las calles y playas de la localidad están llenas de jóvenes universitarios desenfrenados deseando pasárselo bien. Hasta que estalla una bomba en uno de los hoteles.

Con ese suceso como detonante de la cuarta temporada, Rob Marshall promete dar a los fans de Veronica Mars ocho episodios de una hora de duración en los que se condensa toda la esencia de esta serie, lo que la hace tan especial y única. El primer capítulo, facilitado por TNT antes del estreno, es una pequeña píldora de ello. Eso, unido a algunas buenas críticas que ha recogido al otro lado del charco, donde se estrenó este verano en Hulu, nada hace pensar que vaya a defraudar. Por otro lado, ¿cuándo ha defraudado Veronica? A los fans, probablemente nunca. Los críticos son otra cosa.

De lo poco visto antes del estreno de hoy lo que se puede decir es que dos de los grandes pilares de la serie, Kristen Bell y la química entre ella y Enrico Colantoni se mantienen inmutables. Ella sigue como siempre y en esta temporada se atisba que quizá haya llegado el momento de hacer frente a todos esos traumas que ha ido arrastrando y acumulando en entregas anteriores. Es hora de madurar y para ello, para dar el salto a la siguiente etapa, resulta imprescindible y sano soltar lastre. Ya en el primer episodio se apunta hacia ese camino. En cuanto a las escenas que comparten padre e hija, continúan siendo de las mejores. Y ese juego que mantienen ambos le da un toque de humor extra, pero también sentimental, ya que Keith (Colantoni) arrastra las consecuencias del accidente del final de la película.

Fragmento de la serie Verónica Mars./TNT

En cuanto al resto de regresos, del reparto original lo hacen Wallace (Percy Daggs III), Weevil (Francis Capra), Dick (Ryan Hansen), Vinnie Van Lowe (Ken Marino) y Cliff McCormack (Daran Norris). Cada uno en un punto distinto de su arco vital y no todos ellos aparecen en el primer capítulo. Como tampoco hace acto de presencia el personaje al que interpreta J. K. Simmons, que siendo quién es, promete ser una gran adquisición. En cuanto a las tramas, además de las más sentimentales como la relación de los Mars y la de Veronica con un Logan reformado y parece que mucho más centrado pero con el mismo encanto de siempre, cabe destacar que de la central del atentado se desprenden otras que pueden proporcionar tanta acción como locura. Por un lado el cartel mexicano y, por otro, el congresista.