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Unión Europea El coronavirus: una oportunidad inesperada para pedirle más a la Unión Europea

El choque entre los países del sur y el norte en la última cumbre sobre los coronabonos ha hecho correr ríos de tinta en todo el continente que cuestionan la existencia de una verdadera solidaridad europea. Lejos de debilitar al proyecto europeo, la polémica podría a politizar el debate europeo y llevar a los españoles a ver que Europa también son ellos.

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. REUTERS/Francois Lenoir/Pool
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. REUTERS / Francois Lenoir / Pool

Para bien o para mal, la expansión de la crisis del coronavirus está haciendo que en todo el continente se hable más que nunca de Europa. Si bien la primera reacción de muchos gobiernos fue la de cerrar fronteras y limitar la exportación de material sanitario a otros países (algo prohibido en el mercado único), los líderes de los países de la Unión Europea se han visto ya tres veces en cumbres telemáticas desde que comenzó al crisis y la respuesta de las instituciones europeas está comenzando a llegar, a pesar de que Bruselas tiene competencias muy limitadas en sanidad y trabajo.

Con lo que muchos se quedarán, sin embargo, es con las peleas entre los gobernantes del Sur contra los del Norte por el asunto de los coronabonos. Y, sobre todo, con la imagen de Giuseppe Conte y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, plantándose en la mesa virtual de los líderes europeos si Alemania y, sobre todo, Holanda, no cedían a mutualidad la emisión de deuda común, de un tipo u otro, para salir del bache. 

En un tono dramático, el primer ministro italiano ha llegado a decir que este es un reto sin precedentes, que la estructura europea puede perder su razón de ser para la gente y que estamos en un punto crítico de la historia de Europa. ¿Será verdad? En realidad, lo que varios expertos consultados por Público apuntan es que, si los países de la Unión Europea gestionan bien la crisis en conjunto, el europeísmo puede salir incluso reforzado.

"El debate de los coronabonos sobre la presencia o ausencia de una solidaridad europea puede servir para desarrollar un europeísmo mas critico", afirma Alberto Alemanno, profesor de Derecho en la Escuela de Estudios Superiores de Comercio de París (HEC Paris). "Se está produciendo un debate público en la esfera pública europea. El debate en España es el mismo de Alemania, Suecia, Holanda, Italia y Grecia. Eso es muy positivo para todos los que piensan que Europa es la solución a problemas de la naturaleza del Covid-19".

Algo que para Alemanno se ve reflejado en el hecho de que el ministro de Finanzas holandés, Wopke Hoekstra, se vio presionado a reconocer su falta de empatía con los países del sur en la televisión RTL Z de su país, después de haber sugerido en las semanas anteriores que algunos países no habían ahorrado lo suficiente durante las vacas gordas y que por eso piden ayuda a Europa. "Demuestra como lo que estamos viviendo es un momento histórico de la aceleración de la europeización de los debates nacionales", concluye Alemanno. "Es un momento de la verdad para el proyecto europeo".

En la misma línea, los rifirrafes europeos tienen el riesgo de generar un europeísmo más "cínico", según Ignacio Molina, investigador del Real Instituto Elcano y profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid. Si la crisis se gestiona mal a nivel europeo, eso podría provocar un distanciamiento afectivo en muchos españoles, pero no hasta el punto de crear una bolsa mayoritaria de euroescépticos que pidan la salida. Ahora bien, si evitamos caer en el cinismo, una actitud más pragmática que sopese las ventajas y desventajas de las decisiones europeas "no es necesariamente mala", en opinión de Molina, pues generaría un europeísmo más maduro. "Quiero ser más protagonista, más crítico, y exigir que España influya como Estado, junto a otros como Italia, para cambiar las cosas"

La politización del debate podría incluso contribuir a la europeización, ya que esa actitud más exigente haría ver a muchos que Europa "también somos nosotros", prosigue Molina. "No todo lo que viene de Europa tiene que ser siempre bueno. Me siento europeo, pero no eurobeato, soy exigente con Europa. Igual que soy muy exigente con mi ayuntamiento, mi comunidad autónoma y con el Gobierno del Estado. Hasta ahora lo veíamos como algo no criticable, ajeno".

Los datos corroboran que los españoles, al igual que muchos otros europeos, piden una respuesta europea más potente frente a los problemas comunes. El 84% de los españoles creen que los países europeos deberían colaborar más entre ellos tras la crisis del coronavirus, según una encuesta de YouGov publicada este viernes por El País y un grupo de medios de varios países europeos. Pero no solo son los españoles. La mayoría de italianos, polacos, alemanes e italianos también apoyan una respuesta más coordinada de los países de la Unión Europea.

¿Spexit? No, gracias

Lo que está claro es que hasta ahora, críticos o acríticos, los españoles están entre los más europeístas del continente. El 86% decía sentirse ciudadano de la Unión Europea en el último eurobarómetro de noviembre. El dato en todo el bloque es del 70%. "En España no hay base para euroescepticismos", zanja el presidente del Movimiento Europeo en España, Francisco Aldecoa. "La vuelta al nacionalismo, al intergubernamentalismo, sería un suicidio".

Pero, ¿podría un desencuentro por la respuesta al coronavirus azuzar el euroescepcitismo en España? Todos los expertos consultados coinciden en que no. La diferencia con los británicos, que optaron por salir de la UE con el apoyo del 51,9% de la población, es que los españoles no ven a la Unión solo como una transacción, sino que existe un sentimiento afectivo de pertenencia, según Molina. "Identificamos la España democrática con Europa. Los ingleses no". Una idea, indica, que ya se refleja en la célebre frase de Ortega y Gasset: "España es el problema, y Europa la solución". En el debate por el brexit, en cambio, el mantra de los británicos era salir de la UE para "retomar el control". Una idea de Europa totalmente opuesta a la española o a la alemana, que también se encuentra en el continente con la mejor versión de sí misma.

Un buen espejo donde mirar qué puede pasar con el sentimiento europeo tras la emergencia del coronavirus es la reacción de Grecia ante el triple rescate de la UE, que estuvo a punto de sacar al país del euro. Paradójicamente, los griegos apoyan más la moneda única que otros países como Francia o Italia. El 60% cree que es algo bueno, un dato solo ligeramente inferior a España. La fragilidad que se puede sentir durante una crisis puede precisamente hacer ver que fuera de la UE hace mucho frío. Que aunque sea imperfecta, es mejor que estar solo.

Los expertos consultados advierten además de que hay que quitarle hierro al asunto de las disputas de la última semana. El dramatismo del italiano Conte advirtiendo sobre un momento de la verdad sobre la unidad de Europa, y las palabras fuertes de los holandeses contra el derroche del sur, se explican en clave de política nacional. En Italia, alrededor del 60% tiene intención de votar a partidos euroescépticos como la Lega de Salvini, el Movimiento Cinco Estrellas o los Hermanos de Italia. En Holanda, el 16% afirma votar a la ultraderecha, con un fuerte discurso anti inmigración y receloso del sur. En un momento de crisis, muchos tienen razones para sobreactuar.

Al fin y al cabo, que haya disputas políticas y que el ciudadano se pregunte para qué sirva la Unión Europea no tiene por qué ser malo. En un mundo en el que Europa es cada vez más pequeña en proporción al resto, encontrar soluciones comunes parece inevitable. Y hacerlo de manera crítica parece una buena idea para que avance una sociedad democrática.

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