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Venezuela Maduro y Guaidó exhiben fuerzas mientras la crisis se enquista

La ayuda humanitaria protagonizará el próximo capítulo del duelo.

Una multitud asiste a un acto del Gobierno del presidente Nicolás Maduro el sábado, 2 de febrero de 2019./ EFE

Santi piñol

Caracas se divide entre su este opositor y su oeste tradicionalmente chavista. Ayer los seguidores de Juan Guaidó desbordaron el Paseo de las Mercedes en una gran movilización que destilaba optimismo y la sensación de que tan solo falta un empujoncito para que Maduro tire la toalla. Y así sería si fuera cierto lo que clamaban asistentes y líderes en sus parlamentos. Los detractores de la revolución bolivariana tienen el convencimiento de ser el 90% de la población y aseguran que en las fuerzas armadas únicamente los altos cargos mantienen su lealtad, y que además esta se debe a sus privilegios económicos. “Vete a ver la otra manifestación y verás que poca gente”, decía una señora que vestía la camiseta blanca y la gorra de Venezuela características de la oposición.

Pero en la Avenida Bolívar del oeste de la capital también había concentrada una gran multitud, vestida de rojo, para conmemorar el vigésimo aniversario de la toma de posesión de Hugo Chávez y mantener el pulso a una oposición envalentonada. El chavismo hizo ayer un gran esfuerzo para exhibir músculo después de la discreta capacidad de convocatoria que tuvo cuando intentó contrarrestar la autoproclamación de Guaidó el pasado 23 de enero.

Destacados dirigentes oficialistas llevaban días recorriendo el país para confirmar el apoyo de los militares y levantar la moral de su base. Buena parte de la gente que ayer asistió venía de fuera de Caracas como demostraban los más de 60 autocares aparcados en los alrededores de la manifestación. Además, algunos de ellos admitían haber venido obligados. “He venido porque si no no me cambian la casa. En realidad quiero que se vaya Maduro”, afirmaba una joven que aseguró que le habían dicho que no podría beneficiarse de un programa social de vivienda si no asistía, algo que asegura que los cabecillas chavistas locales controlan a través de listas en las que deben firmar en la misma marcha.

Algo que se detectaba en la falta de entusiasmo de quienes decidieron pasar el rato sentados en la acera sin prestar atención al discurso de Maduro ni a los cánticos y eslóganes de los más convencidos. Al ser preguntado, un hombre de mediana dijo que vino “por voluntad propia y ya”, expresando su incomodidad y temor a hablar con la prensa. Había también muchos trabajadores de empresas estatales y funcionarios que se agrupaban bajo pancartas con el nombre de la compañía. “Es nuestro único presidente y el pueblo está con él”, señalaba una señora en el comentario más alejado a las consignas oficiales que repetía sin parar. Estos lemas dicen que Guaidó es solo un mayordomo de Estados Unidos y que sus seguidores son unas pobres víctimas que se han dejado engañar por la propaganda internacional.

Las consignas opositoras se basan en creer a pies juntillas que el reconocimiento de Estados Unidos y los países de la Unión Europea es suficiente para poner de rodillas al chavismo y forzar la renuncia de Maduro. No les parece importar los daños que las sanciones económicas pueden causar si se mantienen en el tiempo. También minimizan la gravedad de una invasión extranjera y los intereses ocultos que encierren el apoyo internacional que reciban.

Guaidó descartaba ayer la posibilidad de que estallara una guerra civil en el país por la sencilla razón de que el “90% del pueblo quiere cambio y nadie a inmolarse por un dictador”. Es este convencimiento de los dos bandos lo que lleva a enquistar la crisis, que cada vez se va complicando más. Después del reconocimiento de países y de los intentos para que el ejército abandone a Maduro, el siguiente duelo llegará a través de la ayuda humanitaria.

Ciudadanos venezolanos participan en una manifestación en contra del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. EFE/Alberto Valdés

Ciudadanos venezolanos participan en una manifestación en contra del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. EFE/Alberto Valdés

Pulso por la ayuda humanitaria

Desde que se autoproclamó presidente Guaidó lleva días prometiendo que introduciría ayuda humanitaria en el país para hacer frente al desabastecimiento de productos básicos como comida y medicinas. Algo que la sufrida población venezolana espera y lleva pidiendo desde hace tiempo.

El líder opositor quiere usar esta ayuda humanitaria como herramienta para volver a poner a prueba a las fuerzas armadas y desafiar el oficialismo. Guaidó anunció ayer que había armado una “coalición internacional” para el envío de esta ayuda y que en los próximos días se pondrían en marcha 3 centros de acopio: uno en Cúcuta (Colombia), otro en Brasil y otro en una isla del Caribe que no especificó.

La mercancía debe entrar por tierra y por mar (en el caso de la isla) y por tanto contar con el beneplácito de las fuerzas del orden para que autoricen la entrada. El problema es que el oficialismo rechaza esta ayuda porque la considera una “invasión encubierta” por miedo a que se pudiera entrar armas para la oposición.

Guaidó pretende usar la necesidad de la sociedad para desafiar la lealtad del ejército hacia Maduro. “Usted soldado tendrá la decisión de que esta ayuda entre o no”, afirmaba, al tiempo que anunciaba que la semana que viene se organizarían movilizaciones para ir a recoger la mercancía de ayuda humanitaria.

El siguiente capítulo en el duelo entre Maduro y Guaidó por quien manda en Venezuela tendrá como protagonista la ayuda humanitaria, que de facto será una prueba por ver quien de los dos controla las aduanas y los guardias fronterizos. La anómala situación de que vive ahora mismo Venezuela con dos políticos considerados presidentes por sus seguidores no es sostenible en el tiempo. Y cuantos más días pasen más difícil será resolver el problema de una forma pactada y civilizada.

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