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Cínicos, de Ayuso a Tellado: así ha sido el programa de Marina Lobo

Madrid--Actualizado a
Hay semanas en las que la actualidad parece escrita por un guionista cínico, de esos que no creen en nada salvo en el giro final. Y ahí aparece Marina Lobo para recordarnos que, aunque el panorama sea desolador, todavía hay quien no se traga el decorado. "Cínicos" es el título del segundo programa de esta temporada de Hasta el coño de, y pocas veces un título ha descrito mejor a quienes dicen representarnos.
En este segundo episodio, Marina Lobo comienza disparando contra el comportamiento de la derecha española, arrancando con el repaso de Silvia Intxaurrondo a Miguel Tellado, que esquivaba preguntas como si fueran multas del ORA, y dejando un zasca de regalo a Alberto Núñez Feijóo. Desde ahí, el programa conecta con la doble vara de medir: cuando las protestas eran en Ferraz o Torre Pacheco no eran "violencia política", pero ahora sí lo son si son propalestinas; cuando una bandera palestina no pasa en el Estadio Santiago Bernabéu, pero las de Ucrania entran sin problema.
Y por si faltaba descaro, Isabel Díaz Ayuso defendiendo a Israel con el argumento de que "fueron los primeros en llevar a una mujer trans a Festival de la Canción de Eurovisión". En tiempos de discursos huecos, recuerda Marina, preguntar con firmeza es el acto más revolucionario. El segundo bloque profundiza en la negativa del Partido Popular a reconocer el genocidio en Gaza pese al dictamen de la Organización de las Naciones Unidas.
Mientras Ester Muñoz dice que "no le compete a la ONU decidir lo que es genocidio", José Luis Martínez-Almeida afirma que "no hay genocidio" y Feijóo habla de "masacre inadmisible" pero sin nombrarlo, Ayuso blanquea a Netanyahu con referencias LGTBI mientras recorta derechos en Madrid. Marina recuerda que incluso Mariano Rajoy apoyó en 2012 el reconocimiento de Palestina, y que hasta Felipe VI ha pedido ahora un Estado palestino viable.
El PP, dice, se ha vuelto filólogo: parece preocuparle más si la Real Academia Española acepta la palabra genocidio que los 65.000 muertos. El cierre del programa viaja a Estados Unidos, donde la "segunda era Donald Trump" ha cambiado las reglas del juego: criticarle cuesta el empleo, mientras pedir ejecuciones en televisión no acarrea ni un parpadeo.
Marina denuncia la suspensión "indefinida" de Jimmy Kimmel tras ironizar sobre la frialdad de Trump al hablar del asesinato de Charlie Kirk, mientras figuras como Brian Kilmeade siguen en antena pidiendo matar personas sin hogar sin consecuencias. No es “libertad de empresa”, concluye, es autoritarismo: cuando la sátira se castiga más que el odio, ya no se trata de televisión, sino de silenciar a quien se atreve a reírse del tirano. Entre tanto cinismo, Hasta el coño de vuelve a recordarnos que el periodismo no está para decorar el poder, sino para incomodarlo. Marina Lobo despide el programa dejando claro que, aunque intenten censurar la protesta, diluir las palabras o prohibir la risa, siempre habrá quien mire de frente.
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