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Voto joven Nuevos votantes: los partidos desdeñan a 1,6 millones de ‘huérfanos’ políticos

Más de 1,3 millones de jóvenes y 300.000 extranjeros nacionalizados accederán por vez primera al voto en unas elecciones generales en la próxima convocatoria sin que las formaciones se afanen por ganarse su apoyo.

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Más de un millón y medio de ciudadanos estrenarán su derecho al voto en unas
elecciones generales en la próxima convocatoria

Más de un millón y medio de ciudadanos estrenarán su derecho al voto en unas elecciones generales en la próxima convocatoria, cuya fecha pronostica para el próximo año la mayoría de los analistas. Más de 1,3 millones son jóvenes que han ido cumpliendo los 18 años desde los últimos comicios, celebrados el 26 de junio de 2016, y a ellos se les suman los más de 100.000 extranjeros no menores que cada ejercicio obtienen la nacionalidad española.

Esa incorporación de nuevos votantes, a los que los partidos políticos apenas prestan atención, podría resultar clave en el tablero electoral español, en el que, como consecuencia del aumento de la esperanza de vida y el envejecimiento de la población, el grupo de votantes mayores de 50 años crece año a año. Solo en el primer año y medio de legislatura aumentó en 583.157 personas (de 16,8 a 17,4 millones), más de 90.000 de ellos octogenarios y nonagenarios.

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), entre finales de junio de 2016 y el primer semestre de 2019, cuando, en función de si el Gobierno de Pedro Sánchez logra o no sacar adelante los Presupuestos del Estado habrá ‘fechas libres’ para las elecciones, habrán cumplido 18 años 1.323.735 jóvenes de nacionalidad española que entonces tenían quince o más.
En caso de agotar la legislatura y posponer las elecciones generales a mediados de 2020, esa cifra se elevaría a 1.780.956.

A esa cifra de nuevos votantes hay que sumarle los alrededor de 100.000 extranjeros mayores de edad que cada año obtienen la nacionalidad española, lo que supondría entre 300.000 y 400.000 más en función de la fecha de los comicios para dar un volumen total de en torno a dos millones.

Un censo envejecido

Ese rejuvenecimiento del censo por el tramo joven contrasta con el envejecimiento que se da en los estratos de mayor edad, en los que los mayores de 50, de tendencias más conservadoras (más de la mitad de los mayores de 65 votó al PP en 2016, pasaron de 16,9 a 17,4 millones) solo en el primer año y medio de legislatura y supondrán prácticamente la mitad de los ciudadanos con derecho a voto, que fueron 35 millones en junio de 2016.

El peso electoral de los nuevos votantes jóvenes, un 5,7% del censo (uno de cada 17) cuyas preferencias se inclinan claramente hacia formaciones políticas recientes como Unidos Podemos y Ciudadanos mientras desdeñan mayoritariamente las opciones de PP y PSOE (solo un 5,4% se inclina por los conservadores), podría resultar clave para decidir el resultado de las elecciones.

Sin embargo, algunos factores apuntan a que su importancia será menor, ya que a la desmovilización característica de esas edades se le suma el escaso interés que muestran por ellos los partidos políticos, más centrados en otras franjas de edad, como los mayores de 65.

Desempleo, precariedad y abstencionismo

“Tienen mucha tendencia a la abstención. Uno de cada tres no vota y otro tercio está hecho un mar de dudas, y los que están decididos, aunque a menudo sin tener muy claro el sentido del voto, optan por formaciones más radicales, como Vox o Unidos Podemos, aunque también votan al PSOE y a Ciudadanos”, explica Paz Álvarez, analista del gabinete demoscópico Jaime Miquel y Asociados.

Coincide en el análisis con el politólogo Eduard Güell, para quien “tendrán una incidencia relativa, porque la participación política es muy baja a esas edades. Además, la agenda de los partidos está dirigida hacia colectivos más numerosos, como los mayores de 65 años”. “Si se sienten poco interpelados, aún van a sentírselo menos”, pronostica.

Los jóvenes han sufrido especialmente los efectos de la crisis y de las recetas para afrontarla, con escasez de empleo, bajos salarios y precariedad e, incluso, una extensión de nuevas fórmulas familiares como consecuencia del estrangulamiento de las posibilidades de emancipación. Y esas tendencias hacen que se encuentren “en peores condiciones de participar en la vida política”, explica Güell.

“Para participar políticamente de lo público se necesitan una serie de requisitos materiales entre los que se incluyen el salario y la vivienda”, señala. Esas carencias llevan a que “su máxima preocupación no sea participar en la política y que tiendan a posiciones de indignación”, anota.

Dos bloques diferenciados

La politóloga Cristina Monge, profesora de la Universidad de Zaragoza, pronostica, por el contrario, una mayor implicación de los jóvenes votantes. “Llegan en un momento de mucha politización y movilización y, aunque es un sector tradicionalmente poco activo, la abstención será menor de la que hubo hace dos convocatorias”, señala.

Monge y Güell coinciden en destacar la compartimentación y la ausencia de transferencias que se está dando entre el voto joven, hasta los 25 años, más cercano a las nuevas formaciones, y el de los mayores de 45 y de 50 años, más afín a PSOE y PP.

“Parece muy complicado que los jóvenes tengan como referencia a PP y PSOE, como lo es que los mayores vayan a optar por Unidos Podemos y Ciudadanos”

Apenas hay transferencia entre ellos en un momento en el que “las encuestas del CIS dejan clara la reafirmación del eje derecha-izquierda y el de la edad”, aunque “todo está muy igualado y es muy volátil. Las posiciones cambian de un día para otro”, lo que dificulta cualquier pronóstico.

“Parece muy complicado que los jóvenes tengan como referencia a PP y PSOE, como lo es que los mayores vayan a optar por Unidos Podemos y Ciudadanos”, explica, y queda por ver en qué grado los votantes mayores de los segundos en las últimas convocatorias mantienen esa opción o vuelven a los partidos tradicionales.

El corazón del electorado

Paralelamente, los partidos políticos, con excepciones como Unidos Podemos y Ciudadanos, apenas se dirigen a ellos. “PP y PSOE tienen tendencia a no perder el corazón de su electorado, y ahí no están los jóvenes”, apunta Álvarez, que destaca que los jóvenes “tienen más peso cuando se quiere lanzar un mensaje de renovación, en la imagen que dan los partidos en sus actos, que a la hora de cambiar el sentido del voto”.

En este sentido, Güell llama la atención sobre la renovación que han experimentado las direcciones y los grupos parlamentarios de los partidos tradicionales tras la irrupción de las nuevas formaciones. “Los candidatos y las caras visibles son jóvenes, gente de 30 y de 35 años, y eso es algo muy novedoso en España. Tanto Sánchez como Casado son mucho más jóvenes que el votante medio de su partido”, señala.

Sin embargo, no cree que eso vaya a cambiar el trabajo hacia los votantes de menor edad. “Va a haber una tendencia a proteger a grupos como los pensionistas y a dirigirse a ellos”, apunta.

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