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5 preguntas para saber si eres una persona autoexigente

Te formulamos algunas preguntas para saber si eres una persona autoexigente, además de darte algunos consejos para convertir ese rasgo de tu personalidad en toda una virtud.

Los individuos con grandes dosis de autoexigencia pueden tener algunos problemas a la hora de adaptarse a los cambios e imprevistos, puesto que necesitan tener todo bajo control y que los planes salgan perfectos. De hecho, esa obsesión por la perfección, en vez de ser una virtud, se convierte en un defecto cuando no se aprende a gestionarla adecuadamente.

Para saber si tienes que hacerlo, vamos a formularte cinco preguntas para saber si eres una persona autoexigente, además de darte algunos consejos para que, si lo eres, conviertas este rasgo de tu personalidad en una virtud por medio de una autoexigencia constructiva.

¿Tus expectativas son siempre exageradas?

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Uno de los problemas que suelen tener las personas autoexigentes es que se ponen el listón demasiado alto. Las expectativas resultan tan exageradas que resulta muy difícil, cuando no imposible, cumplirlas. Sobre todo, teniendo en cuenta que la mayoría de las veces estamos condicionados por las circunstancias que nos rodean.

De tal manera, si no se consiguen las expectativas, en vez de analizar la situación con objetividad, se cae en la frustración y el enfado, porque es uno mismo el que se echa la culpa de no conseguir el objetivo propuesto. Por ejemplo, es imposible que saques el curso académico con sobresalientes si tienes una enfermedad grave o que logres ser antes de los 25 años un empresario de éxito si, además de tu valía, no tienes un apoyo económico de tu familia detrás.

Así que ponte metas realistas en función de tus circunstancias y, si las cosas no salen como tenías planeado, no seas duro contigo mismo por ello. La capacidad de adaptación es una de las virtudes que vale la pena trabajar, puesto que es señal de evolución, madurez e inteligencia.

¿Te criticas de manera autodestructiva?

La autocrítica resulta fundamental para crecer y evolucionar, pero no toda crítica es beneficiosa. Cuando alguien está obsesionado por la perfección y no consigue lo que quiere, suele hablarse a sí mismo de manera negativa, utilizando lenguaje peyorativo e insultándose: Soy idiota, nada me sale bien, la culpa es mía

Lo primero que has de recordar es que para aprender es necesario cometer errores, siempre y cuando saquemos de ellos una lección. Así que tropezar y caer para luego levantarse y seguir adelante resulta imprescindible para mejorar y crecer.

Háblate con respeto. Acostúmbrate a mirar cada fracaso como una oportunidad y no te dediques a echarte la culpa porque las cosas fallen si no tienes nada que ver o poco podías hacer al respecto, puesto que en ocasiones ni siquiera habrán salido como querías por factores externos.

¿Ejerces presión sobre ti mismo?

autoexigente
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Las personas autoexigentes se presionan a sí mismos hasta unos niveles que terminan estando estresados aunque la situación no lo requiera. Su lenguaje está lleno de expresiones como: Tengo que hacer esto, debo encargarme de aquello, solo si hago yo las cosas salen bien, tengo que ocuparme de todo

Esa actitud conduce a que no sepan delegar ni motivarse. Automotivarse no es darse órdenes sino infundirse ánimos para alcanzar los objetivos realistas que nos propongamos, ya sea a base de premios o por medio de palabras de ánimo.

Empieza por cambiar tu lenguaje y adopta expresiones del tipo: Me gustaría hacer esto, si me da tiempo hoy me ocupo de esto otro, a ver si para el viernes puedo tener listo este tema

Te sorprenderá comprobar cómo este cambio de actitud te ayudará a priorizar los asuntos de los que tengas que ocuparte. Organízate en función de la urgencia y del tiempo y no por la exigencia constante de tener que hacer todo ya, perfecto y cuanto antes. Hay cosas que pueden esperar, ¿para qué te presionas a ti mismo si nadie lo hace para que las hagas y no son para nada urgentes?


¿Menosprecias tus propios logros?

Las personas muy autoexigentes tienden a sentirse insatisfechas. Nada está bien si no está perfecto, los méritos no tienen valor si no se consiguen al 100 por cien… y con esa actitud menosprecian los logros que consiguen. No les vale un notable en los estudios ni quedar terceros en una carrera ni ser elegidos segundos en un equipo de trabajo…, lo cual termina afectando a sus relaciones personales y a sus hijos, sobre los que ejercen la misma presión.

Todo ello conlleva a que tengan tendencia a ver el vaso medio vacío, perdiéndose el disfrutar de las cosas que consiguen y valorarse adecuadamente. Si no consiguen relativizar y ser más objetivos ante las cosas que sí consiguen pueden terminar con una autoestima muy baja que genere otros problemas.

Felicítate por el trabajo bien hecho y si has superado algún miedo o alcanzado alguna meta que te suponía un serio problema, prémiate. Puede ser comprarte algo, pero también dedicar un rato a tu afición favorita, acercarte hasta ese museo al que dices que nunca tienes tiempo de ir o pasarte la tarde paseando por el parque. De lo que se trata es de que valores el trabajo bien hecho y lo disfrutes.

¿Le quitas horas al sueño por buscar la perfección?

Vuelta a la rutina
Autoexigente

Las personas con una autoexigencia destructiva terminan agotadas. Son capaces de quitarse horas de sueño para seguir una y otra vez a la búsqueda de una perfección, como si se les fuera la vida en ello, y cuando no lo hacen, terminan con problemas de insomnio por no saber desconectar.

En un mundo en el que estamos rodeados de responsabilidades y conectados constantemente al teléfono móvil, somos nosotros los que hemos de aprender a priorizar las tareas, dejar tiempo para los nuestros y parar cuando es posible, sobre todo, para descansar y recargar las pilas o, en caso contrario, terminaremos enfermando.

Aprende a comunicarte de forma asertiva contigo mismo; establece y planifica tus objetivos de forma realista según tus posibilidades, tu capacidad y las circunstancias que te rodean; disfruta del proceso sin obsesionarte con las metas viviendo el presente; aprende de los errores y quiérete lo suficiente como para cuidarte. Con ello conseguirás una autoexigencia constructiva que se convertirá en una de tus mejores virtudes.



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