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Aprende a decir gracias


Hace algunas décadas, John Fitzgerald Kennedy, 35º Presidente de EE.UU. nos decía que ‘Debemos encontrar tiempo para detenernos y dar las gracias a todas aquellas personas que hacen que nuestras vidas sean diferentes’. Unos años atrás, el Premio Nobel de Literatura William Faulkner nos sorprendió al escribir que ‘La gratitud es una cualidad parecida a la electricidad: debe producirse, descargarse y agotarse para poder existir’.

Para nuestro bienestar es importante experimentar sentimientos de gratitud, pero también es imprescindible saber dar las gracias a tiempo y con la intensidad necesaria a quienes así consideramos que lo merecen.

¿Por qué damos las gracias?

Algunos psiquiatras identifican la gratitud como un estado emocional agradable que aparece cuando una persona siente que ha recibido un resultado o favor. Este beneficio es valorado subjetivamente como positivo y tiene su origen en una fuente o sujeto externo.


El agradecimiento será más intenso en la medida en la que se interprete que el bien no ha sido necesariamente merecido, ganado o buscado por quien lo recibe. Según los investigadores, en la actitud de agradecer conviven sentimientos y sensaciones agradables con una noción de alcanzar un ‘mérito inmerecido’.

La conducta de ‘dar las gracias’ implica la estima del bien recibido, el aprecio por las personas que nos han favorecido y también un deseo variable de corresponder a quienes nos han ayudado, sin estar obligados a ello. En definitiva, se trata de transmitir emociones positivas de reconocimiento, con gestos, palabras o acciones.

¿Cómo nos afecta la gratitud?

En los primeros años de nuestra vida, la palabra ‘gracias’ se encuentra casi siempre entre las diez primeras que aprendemos a pronunciar por la influencia expresa de padres, madres, familiares y educadores. Esta prioridad está en gran parte inspirada por la sabiduría popular y la tradición, según criterios de valor moral, cortesía, corrección social y urbanidad. En nuestra cultura no está bien visto ser desagradecido, aún en los casos en los que el favor recibido no nos satisfaga con plenitud.


No expresar agradecimiento genera casi invariablemente algún rechazo social en nuestro entorno, aunque esta circunstancia tenga lugar en situaciones intrascendentes, como cuando nos ceden el paso en la puerta del metro o nos atienden con amabilidad en un centro comercial.

Una buena parte de los estudios realizados desde los ámbitos de la Neurociencia, la Psiquiatría o las Ciencias del Comportamiento coinciden en subrayar que las personas que habitualmente sienten y expresan la gratitud hacia los demás refieren:

  • Mayores niveles de bienestar.
  • Mejores relaciones sociales.
  • Más elevadas cotas de resiliencia en momentos traumáticos.

No se trata de relaciones causales, pero sí de correlaciones significativas en la mayor parte de las investigaciones publicadas. El hábito de ‘dar las gracias’ parece ayudar a las personas a lograr y mantener estados emocionales de ‘felicidad’.

Cerebro y gratitud

Gracias

No son muy abundantes los trabajos de investigación científica realizados para relacionar los comportamientos y sentimientos de agradecimiento con nuestro sistema nervioso, desde la óptica de la Neurociencia.


Así, se ha relacionado la gratitud con distintas áreas cerebrales, muy especialmente con la corteza prefrontal medial. También se han encontrado vínculos con la amígdala, el giro temporal inferior derecho, la corteza frontoparietal izquierda, la corteza temporal superior derecha y la corteza cingulada anterior.

Tal vez los datos más llamativos hallados nos revelan que la práctica de ejercicios reales de agradecimiento puede impulsar cambios en zonas de la corteza cerebral relacionadas con las recompensas, como es el caso de la corteza prefrontal ventromedial. Otro trabajo destacaba que la aplicación de estimulación transcraneal con corriente continua en esta área cerebral era capaz de modificar los niveles de gratitud de las personas participantes en la investigación.

Aunque resta mucho por investigar al respecto, las conclusiones publicadas hasta la fecha parecen apuntar a que el agradecimiento podría estar funcionalmente relacionado con las áreas cerebrales que tienen que ver con las recompensas, la satisfacción y las llamadas emociones ‘positivas’.

¿Podemos aprender a ser agradecidos?

La importancia de aprender a perdonar
La importancia de aprender a dar las gracias

Ya hemos visto que la gratitud es un estado emocional, acompañado de sentimientos y comportamientos. Todo ello puede ser susceptible de modificación o mejora, hasta el extremo de lograr cambiar cómo, cuándo y con qué intensidad damos las gracias a los demás. ¿Podemos aprender a ser más agradecidos? La respuesta es sí, aunque para ello tendremos que aplicar nuestra voluntad y contemplar dicha transformación personal como un objetivo que nos aportará satisfacción y nos permitirá gozar de relaciones sociales más fructíferas en todos los ámbitos de nuestra vida. Para lograr este propósito, aportaremos unos sencillos tips de fácil ejecución:

  • Expresa a diario tu agradecimiento a las personas muy cercanas, aunque sea con pequeños gestos o expresiones verbales. Comienza por tu pareja, tu familia o con quienes convives. Extiéndelo poco a poco a otros círculos sociales.
  • No te quedes sin dar las gracias cuando te abren una puerta o simplemente te acercan un vaso de agua. Comienza diciendo ‘gracias’ por las acciones más pequeñas que te beneficien.
  • Prueba a decir ‘gracias’ mirando a los ojos y con una sonrisa en tu rostro.
  • Ensaya diferentes maneras de agradecer, con distintas expresiones verbales y no verbales. No des las gracias de forma rígida o robotizada.
  • Toma un cuaderno y escribe cada semana cosas de mayor o menor importancia  por las que te sientas agradecido, aunque no lo hayas expresado hasta ahora: por ejemplo, el cariño de tus padres, el apoyo de tu pareja, la ayuda de tus compañeros de trabajo o la lealtad de tus amigos. No te olvides de las pequeñas cosas de cada día. A partir de ese momento, intenta transmitir esa gratitud de vez en cuando.
  • Anota en ese mismo cuaderno cada noche las ocasiones en las que has sentido agradecimiento a alguien y si lo has expresado o no de forma explícita. ¿Has dado las gracias?

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