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Cinco técnicas para soportar el trabajo en el periodo estival

La oficina medio vacía, el aire acondicionado a tope, la ciudad somnolienta y sin fútbol ni Supervivientes. No hay nada de qué hablar, porque ni siquiera hay con quién hablar. Casi hasta echas de menos a tu compañero tóxico

Así es el verano, una época extraña a nivel laboral que nos exige grandes dosis de planificación, adaptación y flexibilidad para mantener un nivel aceptable de productividad. A continuación, exponemos cinco técnicas para soportar el trabajo en el periodo estival.

Planifica para evitar el síndrome prevacacional 

5 técnicas para soportar el trabajo en el periodo estival
Gente en la oficina trabajando. Fuente: Unsplash

¿Cómo?, ¿también hay un síndrome prevacacional, además del postvacacional? Sí, y puede que lo estés sintiendo justo en el momento de leer estas líneas. Veamos. Responde a esta serie de preguntas:  

  • ¿Estás intentando cerrar un montón de asuntos laborales antes de las vacaciones de verano? 
  • ¿Percibes que estás trabajando más horas y con más intensidad de lo habitual para cerrar esos temas pendientes? 
  • ¿Tu jefe te está pidiendo un último esfuerzo para concluir un proyecto antes de las vacaciones? 
  • ¿Has asumido nuevas responsabilidades o tareas para cubrir a compañeros ausentes?
  • ¿Estás alternando el trabajo con la planificación de las vacaciones? 
  • ¿Estás convirtiendo la planificación de las vacaciones en nuevo trabajo
  • ¿Sientes que estás a punto de alcanzar tu nivel de saturación laboral y que no aguantas ni un minuto más trabajando? 
  • ¿Piensas y anticipas recurrentemente un evento relacionado con las vacaciones? 
  • ¿Te sientes especialmente irritado con el trabajo? Es decir, más irritado de lo que te sueles sentir por norma.

Si la mayoría de las respuestas son afirmativas, bienvenido al club, tienes síndrome prevacacional, una suerte de desbarajuste emocional y físico como consecuencia de la falta de planificación, el exceso de carga de trabajo, la falta de relativización aplicada al trabajo y nuestra tendencia a mortificarnos con cualquier alteración de la rutina laboral. 

5 técnicas para soportar el trabajo en el periodo estival
Mujer apoya su cabeza sobre el portátil. Fuente: Pexels

Si quieres evitar el síndrome prevacacional deberás planificar adecuadamente tus tareas laborales previas a las vacaciones sorteando los recurrentes escollos de esta época del año. Esta planificación debe ser elaborada con sentido común y ateniéndose al tiempo disponible. Porque si te pones el doble de las tareas habituales, o no las completarás adecuadamente o supondrán una elevada carga de intensidad y, con ello, estrés. Recuerda: no se trata de hacer más, sino de hacerlo bien. Que a veces se nos olvida para qué trabajamos. 

En este sentido, y teniendo en cuenta el ritmo de trabajo propio del verano, siempre es recomendable dejar las tareas más complicadas para la primera parte del día, fase en la que, por regla general, somos más productivos. Y a partir de ahí ir rebajando la intensidad hasta el final de la jornada. Por cierto, rebajar la intensidad no es mirar el móvil o el vuelo de una mosca, es seguir trabajando, pero con menor intensidad. 

Si quieres completar tu tesis sobre el vuelo de la mosca o mandar un meme súper gracioso a tu grupo de WhatsApp usa los descansos que, en verano, pueden ser más frecuentes, aunque también más cortos, para que se adapten al tiempo disponible. 

Con todo, lo más importante a nivel de planificación para evitar el síndrome prevacacional es no caer en la tentación de cerrarlo todo antes de irte. Sobre todo, repetimos, si ese cerrar todo supone trabajar mucho más de lo habitual.

Primero, porque lo más probable es que cerrarlo todo no sea sinónimo de cerrarlo bien. Segundo, porque el trabajo continuará ahí cuando vuelvas. No sufras, la vida sigue después de las vacaciones. Y el trabajo, también. No te preocupes que surgirán nuevos temas que cerrar en cuanto vuelvas a la oficina: es un círculo vicioso, nunca se cierra todo definitivamente, ni en el trabajo ni en ninguna parte.  

Olvídate de las vacaciones 

5 técnicas para soportar el trabajo en el periodo estival
Un hombre trabajando en la playa. Fuente: Depositphotos

La segunda técnica para soportar el trabajo en el periodo estival es, justamente, olvidarse del periodo estival. No se puede estar en dos sitios a la vez. No puedes trabajar y tomar el sol al mismo tiempo. La playa estará ahí cuando llegues, no te mortifiques. No se va a ir a ninguna parte, aunque Fernández ya esté allí, bajo la sombrilla. No te va a quitar el sol, por muy acaparador que sea. 

Pensar de forma recurrente en las vacaciones en los días previos a que estas lleguen no suele ayudar a trabajar mejor ni aumenta la motivación. Al contrario, distrae más y puede aumentar la abulia o la irritabilidad con respecto al trabajo. Porque, claro, casi todos vamos a preferir una sangría en el chiringuito que un café aguado a pie de obra.   

¿Por qué un 12 de febrero o un 7 de noviembre no estamos distraídos pensando en la playa? Porque las vacaciones no están la vuelta de la esquina. Pues lo mismo un 7 de julio. Abstráete de las vacaciones, ya llegarán. Ya las disfrutarás cuando lleguen. 


O no, porque siempre está la opción, no lo olvides, de no tomar las vacaciones en verano, o al menos no fijar unas vacaciones demasiado largas. Hay quien trabaja mejor en este contexto veraniego ya que prefiere la soledad y relajación de la oficina. Por lo tanto, no te obligues a irte de vacaciones en verano, si no es lo que quieres.

Reduce y/o flexibiliza la jornada 

5 técnicas para soportar el trabajo en el periodo estival
Una mujer trabajando en la terraza de un bar. Fuente: Unsplash

La principal razón que provoca la pérdida de productividad del trabajo estival es el cambio de la rutina laboral que se debe, generalmente, a factores externos. Por ejemplo, cambios en la plantilla de trabajo por las ausencias de empleados de vacaciones, asunción de nuevas tareas para cubrir a esos ausentes, reducción (o aceleración) de las tareas para adaptarse al contexto vacacional de cada sector laboral, o la propia climatología.  

Por otro lado, están los factores internos, muchos de ellos ya descritos, como la desmotivación, la irritación, las frecuentes distracciones o el exceso de estrés. 

Teniendo en cuenta estos factores externos e internos, una forma de adaptación al nuevo contexto laboral es reducir y/o flexibilizar la jornada de forma que el trabajador pueda elegir en función de sus circunstancias personales, por ejemplo, en relación a las vacaciones escolares de sus hijos. Pese a las dudas que despiertan las jornadas intensivas, no siempre beneficiosas para todos los trabajadores, puede ser una buena solución para adaptar el ritmo de trabajo a los cambios que se producen en esta fase del año. 

Pero, atención, porque la jornada intensiva puede ser un arma de doble filo al intensificar el trabajo en un periodo más corto de tiempo, lo que aumentaría el estrés. En este sentido, sería más adecuado ofrecer una jornada flexible y que cada trabajador la organice como mejor le venga.

No hay que olvidar que la jornada intensiva no debería justificarse como desconexión por la gran carga de trabajo del resto del año: ningún trabajador debería tener carga excesiva de trabajo en ninguna época del año —entendiendo excesiva por «inasumible»— que justifique una obligatoria fase de desconexión. Es un nuevo círculo vicioso: trabajar por encima de lo que uno debe y puede para, literalmente, derrumbarse en vacaciones.

Organiza el espacio de trabajo

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Espacio de trabajo. Fuente: Unsplash

No es tema baladí la organización del espacio de trabajo como técnica para soportar el trabajo estival. Los cambios en la temperatura y en las condiciones ambientales que conlleva el verano provoca alteraciones físicas en los trabajadores, ya sea por la elevada temperatura y humedad o por las condiciones que provoca el aire acondicionado que, en una oficina con muchas personas, nunca deja contentos a todos.  


Así que analiza tu espacio de trabajo e intenta adaptarlo a las circunstancias, alejándote de las ventanas y de las fuentes de calor o evitando permanecer en el lugar por donde sale el aire acondicionado. Así mismo, apaga todos los aparatos que no estés usando ya que son fuentes de calor y usa ventiladores como fuente extra para refrescar el ambiente, si es necesario.  

Por otro lado, también puede ser una buena época para optimizar la mesa de tu espacio de trabajo que ha ido acumulando papeles a lo largo del tiempo. Si en la base de tu montón de papeles están los documentos de un proyecto cerrado en 2015… es hora de hacer limpieza. Ver el escritorio ordenado y acicalado también es un soplo de aire fresco

Relativiza y desconecta 

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Una persona descansando en una casa rural. Fuente: Pexels

Si eres de los que siempre está quejándose (con la boca pequeña) de que el trabajo no le deja tiempo para nada, responde a las siguientes preguntas con sinceridad. ¿Realmente tu trabajo requiere tanta atención, tanto tiempo de dedicación? ¿No será que en el fondo disfrutas de no tener tiempo, de sentirte imprescindible, de que tu trabajo sea «tan relevante» que no te deja tiempo?  

Si tu relevante trabajo no te deja nunca tiempo para nada porque eres imprescindible y el mundo deja de girar cuando estás de vacaciones, es normal que te cueste desconectar y que mientras te estés yendo de vacaciones ya estés sufriendo con el número infinito de responsabilidades que tendrás que asumir a la vuelta. Eres carne de cañón del síndrome prevacacional, del síndrome postvacacional y de todos los síndromes laborales existentes y por descubrir. 

Pero si realmente pretendes trabajar bien en verano (y en cualquier otra época del año) deberás entender que no, que no eres imprescindible en tu trabajo, porque nadie lo es, que nunca tienes tiempo para nada porque no quieres tenerlo y que tu trabajo no es tan relevante como crees, porque ninguno lo es. 

Deberás aprender a relativizar antes de que sea demasiado tarde, antes de que tu concepto de trabajo como fin último del individuo te acabe engullendo y toda tu vida, incluida la no profesional, se acabe convirtiendo en un «trabajo» analizado bajo criterios laborales como el rendimiento o la productividad. 

Por último, deberás aprender a desconectar, porque buena parte de los trabajadores que se llevan su labor a casa, a las terrazas, al gimnasio o a la playa —y que no pueden dejar de hablar de sus trabajos ni haciendo submarinismo— confunden responsabilidad con egolatría, esa suerte de obsesión de que todo gira en torno a uno mismo… y a su trabajo. Si logras desconectar, cuando vuelvas, trabajarás mejor. Y ese el objetivo final de cualquier trabajo: hacerlo lo mejor posible.



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