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Cómo detectar a los ladrones de tiempo

Te contamos cómo detectar a los ladrones de tiempo para que no te roben ni un segundo

Todos sufrimos el acoso de los ladrones de tiempo, pero las horas duran lo mismo para todo el mundo. Sin embargo, hay personas que saben quitarles el máximo partido, de manera que les resultan más provechosas y productivas. Muchos se preguntan cuál es su secreto, y lo cierto es que solo tiene dos claves: una buena organización y una buena gestión del tiempo.

Y es que la mayoría de las veces, los minutos se escapan de las manos por aquellas cosas que nos entretienen o que nos demandan atención sin ninguna urgencia, así que saber gestionarlas resulta fundamental para que no suceda. Hoy te contamos cómo detectar a los ladrones de tiempo para aprender a sacar el máximo partido al tuyo.

Desmotivación

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Los ladrones de tiempo, esos comportamientos o distracciones que nos apartan de hacer lo que queremos o debemos, se clasifican en dos categorías: internos y externos. Los internos son aquellos que nos afectan a nosotros mismos por nuestra forma de ser o por nuestras circunstancias personales. De tal modo, identificarlos depende de ti y de que seas sincero contigo mismo.

Uno de los ladrones de tiempo internos más frecuentes es la desmotivación. Si ese trabajo no te interesa, no te sientes recompensado, crees que no se te valora en tu entorno laboral o personal, o estás hastiado, deprimido o apático, la desmotivación hará mella en ti. Como resultado, pospondrás actuar y dejarás que pase el tiempo sin hacer nada, con la vista perdida en la pared o lamentándote de una forma u otra. Para corregirlo, pasa a la acción, pide ayuda si lo necesitas e intenta solventar los problemas y adaptarte a la situación en la medida de lo posible. Ello contribuirá a que te centres y vuelvas a aprovechar las horas.

Mala organización

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Otros de esos ladrones de tiempo internos son la falta de organización y el desorden. Si tienes tu escritorio hecho un desastre, no has invertido tiempo clasificando archivos o agrupando correos o números de teléfono, facturas de casa, apuntes del cole y similares, cuando los necesites perderás el tiempo buscándolos como loco y, sin duda, te llevará mucho más localizarlos que si hubieras invertido un minuto en tenerlos en su sitio.

Dejar todo para última hora, posponer las tareas que más pereza o mayor malestar te provocan o pasar el tiempo tomando café con los compañeros o atendiendo asuntos personales en el horario laboral son otros de esos malos hábitos que contribuyen a que las horas se escapen y, al final, no hagas lo que tienes que hacer. La mejor manera para que esto no te pase es usar una agenda y priorizar tareas. Empieza siempre por las que menos te apetezca afrontar y así el resto del día estarás más relajado. El tiempo te cundirá mucho más.

Malos hábitos

Entre los malos hábitos que contribuyen a robarnos el tiempo, se encuentra el trasnochar con frecuencia y no comer de forma saludable. Si estás fatigado o estresado y has dormido fatal te será muy difícil concentrarte, así como si no te alimentas de manera adecuada y no haces un poco de ejercicio.

Por otro lado, también es necesario aprender a decir no sin sentirte culpable y a delegar. Asume que ni en tu casa ni en tu trabajo puedes encargarte de absolutamente todo. Prioriza y solicita ayuda si es necesario para aprovechar bien el tiempo y no dejar de hacer lo verdaderamente importante.

Interrupciones digitales

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Sin duda, los ladrones de tiempo externos son los más frecuentes y todos tenemos que combatir con ellos cada día. Tan habituales resultan que es posible que ni siquiera te hayas dado cuenta de la cantidad de tiempo que te roban. ¿Te has parado a pensar cuántos minutos pasas contestando al Whatsapp o mirando las redes sociales a lo largo del día para cosas que no son necesarias ni imprescindibles en tu vida personal o en tu trabajo? Seguro que te sorprende si lo haces.

Y es que algunos de los mayores ladrones de tiempo de nuestros días actúan a través de nuestros dispositivos móviles y ordenadores. Lo primero que tendrás que hacer para combatirlos es quitar el sonido de las notificaciones que no requieren una atención instantánea: chats de simples conocidos o de grupos de amigos, grupos de familia, avisos de tiendas, redes sociales, correos de suscripciones… Deja solo las alertas más importantes por si pasa algo y silencia todo lo demás.

Acostúmbrate a ser tú el que decida cuándo tienes un momento para revisar los mensajes, memes, chistes y videos que te mandan a lo largo del día, de paso que vas en el metro, mientras te tomas un café o cuando no tengas nada más prioritario por hacer. Recuerda que si pasa algo grave y se necesita localizarte, seguro que te llamarán por teléfono.

Y por lo que respecta al correo electrónico, divide sus entradas en urgentes o importantes y deja las demás en otra lista, para que no te veas completamente agobiado por un montón de publicidad o avisos insustanciales. En el trabajo, acostúmbrate a consultar el correo cada hora y media o cada dos horas para que no interrumpir lo que estás haciendo.


Visitas y llamadas inesperadas

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En el trabajo, si realizas tareas de oficina o ejerces alguna profesión con atención al público, controla las visitas que recibes y organízalas en tu agenda. Esto tiene que ver tanto con los clientes de un despacho como con los comerciales de una tienda o con los visitadores en una clínica. Marca la fecha y la hora y no permitas que te interrumpan la labor al menos que no se trate de algo urgente. Esos mismo sucede con las llamadas. Filtra las importantes, al igual que haces con el correo electrónico o los mensajes.

Recuerda que, en todo caso, es necesaria una media de un cuarto de hora para volver a concentrarse en una tarea después de que te hayan interrumpido, así que imagina qué cantidad de tiempo te hacen perder a lo largo del día estas distracciones si no las gestiones adecuadamente.



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