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Cómo les afecta a tus hijos la vuelta al cole

Estuches, pupitres, reencuentros y balance de aventuras veraniegas. Es la vuelta al cole, uno de los momentos más especiales del año tanto para los peques como para los padres. Pero, en esta ocasión, dejamos los atascos, la inflación y la conciliación aparte, y nos centramos en cómo afecta la vuelta al cole a los hijos. Porque tanto a nivel emocional como físico, la vuelta a la rutina de septiembre también es una prueba de fuego para los niños. 

El cansancio 

Cómo le afecta a tus hijos la vuelta al cole
Una chica descansa con un libro encima de la cara – Fuente: Unsplash

A pesar de que las alteraciones emocionales producto de la vuelta al colegio pueden deparar consecuencias más graves en los niños, la realidad es que el cansancio —físico y mental— es el principal enemigo de los peques en los primeros días de rodaje en el centro de enseñanza. Y la causa de este cansancio es obvia: un cambio de rutina que genera alteraciones en el descanso y en la organización de su actividad diaria. 

Lo más probable es que durante las últimas semanas no se hayan levantado a las 7 de la mañana. Y ahora toca hacerlo cinco días a la semana. Es normal que estén cansados y un poco desmotivados en las primeras jornadas. No hay que olvidar que pasar de estar buena parte del día jugando con los amigos, en la piscina, en la playa o en el parque, a meterse varias horas en un espacio cerrado en el que hay que respetar unas normas más o menos estrictas, no es plato de buen gusto para nadie. 

Para sortear este cansancio de la mejor manera posible conviene adaptar el patrón de sueño en los días previos al inicio escolar de forma que para el peque el cambio sea menos brusco. Tampoco viene mal reducir en la medida de lo posible las actividades extraescolares en los primeros días, para que el peque coja ritmo poco a poco. Al fin y al cabo, los niños no son tan diferentes a los mayores, también tienen síndrome postvacacional

Alteraciones emocionales 

Cómo le afecta a tus hijos la vuelta al cole
Un grupo de alumnos en clase – Fuente: Pexels

Al cansancio y al cambio de rutina se le pueden unir algunas alteraciones emocionales, poco relevantes en la mayoría de los casos, pero que tampoco conviene obviar. Así como nosotros nos irritamos fácilmente por tener menos horas de descanso de las recomendadas en la vuelta al trabajo, los niños también se alteran por la excesiva carga lectiva de los primeros días de cole. Esta irritación puede ir acompañada de ciertas alteraciones emocionales.  

Incertidumbre y miedo 

Los días previos al inicio del cole o durante las primeras jornadas, los niños pueden mostrar un alto grado de incertidumbre que puede venir acompañado de sensación de miedo. En la mente del peque se agolpan diversas preguntas que solo se resolverán tras pasar el periodo de adaptación. Nuestra labor como padres es contener la incertidumbre y el miedo tranquilizando al peque: nosotros creemos que la vuelta al cole “no es para tanto”, pero ellos sí lo creen. Empatiza con los niños a través de conversaciones abiertas sobre sus emociones, intentando siempre desdramatizar en la medida de lo posible. 

Tedio y desmotivación 

En algunos casos, el niño mostrará falta de entusiasmo ante la idea de volver al cole porque supone volver a la rutina. Piensa en tu vuelta al trabajo y no tendrás que esforzarte mucho para empatizar con tu hijo. En este caso, conviene resaltar la parte divertida de ir al cole sin soslayar el aspecto educativo: los niños van al cole para formarse y aprender. Se trata de motivar al peque sin mentirle (más de la cuenta): el cole también puede ser aburrido, y hay que aceptarlo. No todo en la vida es juerga y diversión

Sobreexcitación 

Tal vez tengas la “suerte” de tener un hijo que adora al colegio, que levanta los brazos en señal de triunfo cuando le dices que el miércoles vuelve al cole. Pero, cuidado, también hay que saber manejar el exceso de entusiasmo para que no se convierta en sobreexcitación. Es muy posible que ese niño que adore el cole solo piense en su parte divertida. Y como no se cansan de repetir los sufridos profes: hay momentos para jugar y hay momentos para aprender. Porque lo de “aprender jugando” suena bien como eslogan, pero la realidad educativa es, generalmente, un poco distinta. 

Adaptación a los cambios 

Cómo le afecta a tus hijos la vuelta al cole
Unos chicos se sacan un selfie ante un colegio – Fuente: Pexels

Niños que van por primera vez al cole, que cambian de colegio o que cambian de ciclo. Muchos niños afrontan en septiembre un cambio aún más abrupto en su rutina. Porque no es literalmente una “vuelta al cole”, sino que empiezan una nueva fase de su vida educativa

Cuando se produce uno de estos cambios, los padres tienen el deber de ser doblemente comprensivos. Para los niños que empiezan al colegio —hayan ido o no previamente a la guardería— es un momento difícil que requiere de todo el apoyo de profes y padres. 

En el caso del cambio de colegio, sobre todo si son más mayores, supone todo un reto ya que conlleva cambio de profesores, compañeros e instalaciones. Para ayudarlo, conviene acudir al nuevo colegio con antelación para facilitar la adaptación, para que el niño vaya asimilando las diferencias entre su antiguo y su nuevo cole.  

Y aunque nosotros tengamos aún más miedo e incertidumbre que el peque, es importante que no lo note: presentar los aspectos positivos del cambio y mostrar mucha paciencia durante las primeras semanas: todos tenemos derecho a una o dos pataletas cuando nos obligan a cambiar algo que no queremos cambiar. 


Las extraescolares 

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Niños y niñas juegan en el césped – Fuente: Pexels

Las actividades extraescolares se han convertido en casi una obligación para miles de niños: el objetivo es que los peques extiendan su horario lectivo para favorecer el aprendizaje de otras actividades (música, deporte, pintura, etc.) facilitando la conciliación de los padres. 

Pese a su utilidad y a que en la mayoría de los casos son bien recibidas por los niños, también es un hecho que es una carga extra de trabajo para ellos… con la que no siempre están de acuerdo. Por ello, es importante implicar al hijo en la elección de las extraescolares. Que sean ellos quienes decidan cómo quieren pasar las horas posteriores a las clases. Porque a lo mejor el chaval está harto del inglés —por mucho que tú fantasees con su futuro como CEO— y prefiere entretenerse dando saltos y brincos en el césped. Déjale que elija extraescolares, que bastante tiene con estar ocho o nueve horas metido en el cole. 

Las pantallas 

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Un niño sigue una clase virtual en un ordenador – Fuente: Pexels

La vuelta a la rutina puede tener consecuencias negativas en el ocio de los más pequeños. Cada vez más las nuevas tecnologías están presenten en la enseñanza: es lógico puesto que son de gran ayuda también en el ámbito educativo, pero este uso de las pantallas en clase tiene también consecuencias negativas: de pasar el verano jugando al aire libre a estar mirando una pantalla un montón de horas al día

La llegada del mal tiempo y la reducción de las horas de sol contribuyen a pasar más tiempo en interiores. Por eso, las primeras semanas tras la vuelta al cole son claves para evitar el asentamiento de una peligrosa rutina de conexión permanente. Prioriza las actividades deportivas, físicas o creativas que no conlleven el uso de pantallas. Haz recordar a tus hijos —y recuerda tú también— que las pantallas son un medio, no un fin. 

La mochila 

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Un niño corre por el colegio – Fuente: Pexels

Por último, pero no menos importante, la mochila es otro elemento que afecta a los niños en la vuelta al cole. Pese a los avances en este aspecto, todavía seguimos viendo a niños tirando con enormes y pesadas mochilas como si fueran mulas de carga.  

Recuerda que la sobrecarga y la incorrecta colocación de la mochila puede suponer a largo plazo escoliosis o desviación lateral de la columna, debido a la deformación de los cartílagos en crecimiento de los niños.  

Las mochilas con ruedas también son un complemento criticado por fisioterapeutas, así que la mejor alternativa es una mochila relativamente pequeña y con el menor peso posible, con los tirantes acolchados y con la carga bien repartida, poniendo lo más pesado arriba y no abajo. Todo ello mientras esperamos que los peques puedan dejar parte de su material en el colegio para no tener que cargarlo día tras día. 




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