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¿Es lo mismo un psicópata que un sociópata?

La cultura popular, la ficción narrativa, la falta de estudios concluyentes y tratamientos efectivos, así como la complejidad de estos trastornos mentales provocan en conjunto una gran confusión a la hora de distinguir a un psicópata de un sociópata. A continuación, tratamos de alumbrar las principales diferencias entre ambos.

La cultura popular, la ficción narrativa, la falta de estudios concluyentes y tratamientos efectivos, así como la complejidad de estos trastornos mentales, provocan en conjunto una gran confusión a la hora de distinguir a un psicópata de un sociópata. A continuación, tratamos de alumbrar las principales diferencias entre la sociopatía o trastorno de la personalidad antisocial (TPA) y la psicopatía desgranando sus principales características. 

El psicópata: mitos, misterios y certezas

¿Es lo mismo un psicópata que un sociópata?
¿Es lo mismo un psicópata que un sociópata? Fuente: Unsplash

La considerable fama alcanzado por algunos personajes de ficción definidos recurrentemente como psicópatas ha provocado que el término ‘psicópata’ se haya convertido en un adjetivo habitual para designar a criminales sin escrúpulos que son capaces de perpetrar las mayores atrocidades sin mostrar ningún síntoma de arrepentimiento o culpabilidad. 

Personajes como Alex DeLarge de La Naranja Mecánica, Hannibal Lecter de El Silencio de los Corderos o John Doe de Seven han despertado una intensa fascinación entre lectores y telespectadores de todo el mundo hasta el punto de que creemos conocer muy bien los síntomas y la conducta de la psicopatía.  

Pero los psiquiatras no opinan lo mismo: para ellos la psicopatía es un trastorno de gran complejidad que requiere análisis y tratamientos muy específicos. Desgraciadamente no se distingue a un psicópata con un golpe de vista tal y como sucede en la gran pantalla cuando el psicópata de turno hace acto de presencia.  

Por otro lado, la psicopatía no se considera un trastorno excepcional ya que es dos veces más común que la esquizofrenia o el trastorno bipolar y tan común como el trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad o el narcisismo

El origen del término psychopastiche se atribuye al psiquiatra alemán J. L. A. Koch en 1888 significando literalmente “alma sufriente”, ganando popularidad clínica hasta que a partir de 1930 fue sustituyéndose por el término ‘sociopatía’ ya que popularmente psicopatía se confundía con ‘psicosis’. Fue el principio de la confusión entre ambos términos que aún hoy perdura, incluso a nivel psiquiátrico.  

Y es que muchos profesionales prefirieron el término sociópata porque este ponía el foco en que los comportamientos antisociales de estas personas derivaban de la influencia del entorno, mientras que, paralelamente, la psicopatía parecía evocar una causa genética más profunda

¿Es lo mismo un psicópata que un sociópata?
¿Es lo mismo un psicópata que un sociópata? Fuente: Unsplash

Tal y como señala el interesantísimo estudio El psicópata criminal: historia, neurociencia, tratamiento y costes económicos (2011) firmado por el profesor de psicología y neurociencia de la Universidad de Nuevo México Kent A. Kiehl y el juez del distrito de Denver Morris B. Hoffman, los principales síntomas de la psicopatía incluyen falta de empatía, culpa o remordimiento, irresponsabilidad e impulsividad, mentira patológica, encanto superficial, narcisismo o delincuencia juvenil. 

Según la clasificación que el canadiense Robert Hare, doctor en psicología y experto de renombre mundial en psicología criminal, aporta partiendo de los criterios publicados por Hervey Cleckley, pionero en la investigación sobre psicopatía, para que una persona sea calificada como psicópata, esta debe cumplir un número suficiente de criterios según la tabla de veinte características clasificadas en cuatro factores diferentes: interpersonal, afectivo, estilo de vida y antisocial.

Si comparamos estos rasgos con los del sociópata o TPA comprobamos que ambos trastornos muestran características muy similares, aunque con matices que explican su diferencia. En este sentido, y teniendo en cuenta que el profesional debe evaluar cada rasgo con una puntuación de 0 a 40, los psicópatas deberían tener una puntuación de 30 o más en buena parte de los rasgos de forma que excluiría a la mayoría de personas con TPA o sociopatía

Especialmente relevante para distinguir ambos trastornos están los recientes estudios neurocientíficos que aportan conclusiones esperanzadoras de cara a establecer tratamientos más efectivos, el gran caballo de batalla de la psiquiatría a la hora de enfrentarse a la psicopatía. 

Partiendo de los estudios que han intentado trazar los rasgos neurobiológicos de la psicopatía apoyados por modernos análisis de resonancia magnética funcional, se han concluido que el cerebro del psicópata tiene una deficiencia neuronal crítica en áreas del sistema límbico que contribuyen a limitar el juicio moral produciendo una incapacidad para reconocer problemas morales y para tomar decisiones morales de cara a la resolución de estos problemas.  


Tal y como se indica en el estudio de Kiehl y Hoffman, así como el común de las personas ‘sienten’ el bien y el mal, el psicópata debe ‘pensar’ en el bien y el mal para actuar: “los psicópatas conocen las palabras de la moralidad, pero no su música”. Así las cosas, una combinación de los instrumentos de clasificación de Hare y de los estudios neurobiológicos más recientes podrían alumbrar definitivamente el misterio de la psicopatía estableciendo un patrón confiable para optimizar el diagnóstico psiquiátrico.  

¿Existe un tratamiento efectivo para el psicópata? 

¿Es lo mismo un psicópata que un sociópata?
¿Es lo mismo un psicópata que un sociópata? Fuente: Pexels

Nada parece haber funcionado a la hora de tratar a los psicópatas, hasta el punto de que se ha establecido un dogma según el cual la psicopatía es intratable. Esta conclusión ha venido reforzada por algunos ensayos de terapia de grupo que no solo no funcionaban, sino que además empeoraban la situación, al ofrecer más herramientas a los pacientes de cara optimizar estrategias de manipulación al estar expuestos a las debilidades de las ‘personas normales’. 

Tal y como sucede con buena parte de los sociópatas, los psicópatas no solo están más que satisfechos consigo mismos, sino que, en general, se ven a sí mismos como seres superiores sin ninguna clase de problema psicológico o emocional. El tratamiento efectivo en un paciente que no considera tener ningún trastorno se torna extraordinariamente complejo. Como se dice popularmente, “el primer paso es reconocer el problema”, si no se da ese paso, resulta estéril cualquier tratamiento. 

De cualquier forma, a la par que se han producido grandes avances neurocientíficos en el estudio de la psicopatía, estos también han influido en la aparición de nuevos tratamientos esperanzadores que ponen el foco en la prevención en las primeras etapas de vida, tan pronto como se perciben rasgos psicópatas en niños o adolescentes.  

Ensayos con delicuentes juveniles ‘inmanejables’ como del Michael Caldwell de la Universidad de Wisconsin o el caso al que se refiere Willem H.J. Marten en su publicación en Psychiatric Times —que también incide en emociones como la tristeza o la soledad de los psicópatas tradicionalmente soslayadas — parecen concebir esperanzas acerca del tratamiento de la psicopatía.

En este sentido, una combinación de psicoterapia y fármacos que hagan frente a las alteraciones neurológicas de este trastorno podrían derribar de una vez por todas ese dogma de que la psicopatía es incorregible y que los psicópatas son despiadados diablos vestidos de humanos cuyo único objetivo en la vida es perpetrar atrocidades para aterrorizar a las ‘personas normales’ ante un pantalla de cine. 

Diferencias entre un sociópata y un psicópata 

¿Es lo mismo un psicópata que un sociópata?
¿Es lo mismo un psicópata que un sociópata? Fuente: Depositphotos

Tras descifrar buena parte de las características de la psicopatía, así como sus misterios subyacentes y sus posibles tratamientos, ya estamos listos para diferenciar ambos trastornos, siempre recordando que estamos antes dos trastornos mentales poliédricos de extraordinaria complejidad y que la propia psiquiatría ha enredado en buena parte de su historia. 


  • La psicopatía y la sociopatía presentan diferencias considerables a nivel neurobiológico de forma que este campo se ha convertido en la principal esperanza para el tratamiento de ambos trastornos, especialmente de la psicopatía. 
  • Pese a la creencia de que un “psicópata nace y un sociópata se hace” la realidad psiquiátrica es mucho más compleja, ya que ambos trastornos pueden presentar características innatas, de forma que un bebé nacido con predisposición a la psicopatía no garantiza que se convierta en psicópata (criminal) en el futuro, aunque, como dijo Hare, “su dotación biológica, las materias primas que las experiencias ambientales, sociales y de aprendizaje forman en un individuo único, proporcionan una base pobre para la socialización y la formación de la conciencia”. 
  • Por regla general, sí que hay cierto cuórum profesional acerca de que la sociopatía es un trastorno que se refuerza o surge en la adolescencia, incluyendo desencadenantes como el maltrato infantil. Por el contrario, no hay estudios concluyentes acerca de que los factores ambientales se correlacionen con la psicopatía. 
  • La actitud social si puede divergir considerablemente, tendiendo el psicópata a una mayor facilidad para establecer relaciones superficiales al contrario de lo que sucede con los sociópatas que tienden a aislarse. 
  • En cuanto a su conducta, ambos pueden mostrarse impulsivos, rechazando ese tópico popular reforzado por la ficción narrativa de que el psicópata es frío y calculador y solo delinque tras un plan meticulosamente trazado. No obstante, en general, el sociópata podría mostrar una mayor tendencia a la inestabilidad emocional que el psicópata. 
  • Por último, cabe mencionar que el TPA suele evidenciar trastornos de conducta antes de los 15 años, algo que no es tan habitual entre los psicópatas, además de vincularese a otros trastornos mentales en mayor medida que sucede con la psicopatía. 

De cualquier forma, buscar rasgos genéricos para dos trastornos tan complejos, aun siendo imprescindible desde un punto de vista psiquiátrico de cara a establecer tratamientos efectivos, es muy delicado y puede incurrir en una banal generalización.

Al tratar a un paciente con uno de estos dos trastornos, los profesionales de la psiquiatría se enfrentan a un gran reto, el de inferir la individualidad de unos rasgos generales para establecer un tratamiento específico eficaz.



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