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La crisis al acabar la universidad: incertidumbre a la vuelta del verano

“Por fin, he acabado la carrera, soy licenciado… ¿y ahora qué?”. De la euforia de terminar los estudios universitarios al vértigo que se presenta tras la carrera, un mundo de posibilidades que para muchos licenciados universitarios se siente como un abismo hacia la madurez.

Si estás entre ellos, no te preocupes, la incertidumbre al terminar los estudios es normal, incluso positiva si se sabe gestionar adecuadamente. A continuación, explicamos las causas que explican la crisis al acabar la universidad y varios consejos para abordarla. 

¿Por qué entramos en “crisis” al acabar la universidad? 

Motivos del deterioro de la memoria
Un chico mira por la ventana – Fuente: Unsplash

Para empezar a abordar las causas que explican la incertidumbre posuniversitaria te diremos algo positivo: por regla general, es una de las “mejores” crisis que tendrás en tu vida. Las hay peores.

Ten en cuenta que los cambios en las rutinas en la forma de vida siempre son un reto que pone a prueba nuestra capacidad de adaptación: desde acabar el colegio y empezar el instituto, hasta la maternidad o la paternidad, todos los cambios abruptos en una rutina vital vienen acompañados de una crisis más o menos profunda que siempre acabamos capeando: así es la vida.

Y la crisis al acabar la universidad es de las más frecuentes. Lo raro es lo contrario, tener el título universitario en la mano y no sentir incertidumbre tras la euforia inicial, no te preocupes. 

El tópico del “futuro asegurado” tras la universidad 

La crisis al acabar la universidad
Recién licenciados lanzan al aire el birrete – Fuente: Pexels

No todas las carreras son iguales y no todas las épocas son iguales, pero existe un tópico que ha calado mucho en la sociedad española que es aquello de tener “el futuro asegurado” tras acabar la universidad. Este tópico se apuntaló al inicio de la democracia en España: veníamos de una etapa oscura en la que “estudiaban cuatro” y tener una licenciatura era un inmenso valor añadido en el currículum. Pero cuando comenzó a facilitarse el acceso a los estudios superiores, tener un título universitario dejó de marcar la diferencia… porque todos tenían uno

Por suerte, las nuevas generaciones, tal vez por la decepción de sus padres que aprendieron que un título no te asegura nada, están mejor preparadas que las precedentes y saben perfectamente que los estudios superiores son un peldaño más hacia el mundo laboral. Y que nadie va a venirte a buscar a casa para ofrecerte el trabajo de tus sueños porque seas un licenciado. 

Un cambio brusco en la rutina 

Ir a clase, estudiar, exámenes, fiesta, verano y otro año más. Estudiar en la universidad es una rutina a la que, por lo general, nos adaptamos más que bien. Venimos de la rutina estudiantil de la secundaria y la universidad ofrece mucha más libertad a la hora de organizarse: no tienes a los profesores encima y no hay que justificar las faltas a clase. Ideal. Pero un buen día todo eso termina, y cuesta (mucho) adaptarse a una nueva rutina, sobre todo cuando la anterior era tan agradable. 

El mundo laboral 

La crisis al acabar la universidad: incertidumbre a la vuelta del verano
Una chica mira el periódico – Fuente: Pexels

Muchos licenciados ven el sector laboral como un sueño… o una entelequia: el paraíso soñado al que solo acceden rápidamente unos elegidos. No te vamos a engañar: estudiar y trabajar es bien diferente, pero no es un paraíso… ni un infierno. Es otra etapa más en tu vida a la que pronto te adaptarás. Sí, al principio echarás de menos tus años universitarios, pero pronto empezarás a disfrutar de lo que ofrece trabajar. Y no solo del sueldo. 

Las dudas 

Tras el impasse de terminar la carrera, llegan las dudas. ¿Ahora qué hago? ¿Seguir formándome? ¿Oposiciones? ¿Echar currículums? ¿Año sabático? Y todo el mundo parece tenerlo más claro que tú, todo el mundo parece tener el “plan perfecto”. Como cuando llegabas ufano a un examen y todos tus compañeros hablaban de un tema que “caía fijo”… y tú no habías estudiado. No preocupes, nadie tiene un plan perfecto… porque no existe

Presión familiar 

A todas esas causas que explican la incertidumbre posuniversitaria se añade, en ocasiones, la presión o los “consejos” familiares, generalmente bienintencionados estos últimos pero que añaden más leña al fuego.  

Si ya no tienes claro qué vas a hacer y cómo, encima tus padres llegan con sus “grandes ideas”: “oye, pues tu prima la de Cuenca hizo un curso de orientación laboral y ahora es secretaria general de la ONU”. Tú escucha, di “sí, mamá, sí, papá”, y luego tómate tu tiempo antes de decidir. Y en cuanto a la presión familiar, si es excesiva y te afecta, háblalo abiertamente con ellos. Generalmente lo hacen con buena intención, así que solo es cuestión de explicárselo: lo último que necesitas en ese momento son “más ideas”. 


Consejos para superar la crisis al acabar la universidad 

La crisis al acabar la universidad
Una chica se apoya sobre una mesa llena de libros – Fuente: Pexels

Y ahora llegamos nosotros con más ideas y consejos. Como en cualquier otro contexto, estos consejos serán más o menos válidos dependiendo de la situación de cada individuo. Pero ten por seguro que sabemos de lo que hablamos si se trata de crisis, también posuniversitarias. 

Calma y paciencia 

Lo más importante. Calma. La carrera profesional no se soluciona en dos semanas… ni en dos años. Es un proceso lento y no siempre ascendente. Ten paciencia y no sientas vértigo si tus amigos ya han tomado sus decisiones. Cada uno se toma el tiempo que necesita.  

Crea una nueva rutina 

Deja las decisiones a un lado, ya llegarán. Lo primero, establece una nueva rutina. Una rutina sana. No empieces a levantarte a las tantas porque “te lo mereces después de tantos años estudiando”. Es el primer error. No vayas de fiesta cada dos por tres. Ahora tienes más tiempo, pues aprovéchalo para hacer ejercicio físico, para dedicarlo a ese pasatiempo que tenías aparcado, para sacar el carné de conducir… lo que sea. Pero mantén una rutina sana de sueño y alimentación y un plan más o menos organizado de actividades semanales. Las crisis siempre son más graves cuando nos pillan sin una rutina, o con una rutina insana. 

Crea un plan 

Ejercicios para reforzar la memoria
Un hombre mira notas en una pared – Fuente: Pixabay

Después de tus merecidas vacaciones y de establecer una rutina, llega el momento del “plan”. Pero no te estreses todavía, escucha. No se trata de un plan milimétricamente diseñado con lo que vas a hacer y cómo durante el resto de tu vida. Tan solo se trata de esbozar un camino respondiendo a dos preguntas muy sencillas: ¿Qué quiero hacer? ¿Qué no quiero hacer? Empieza por ahí, y plantéate un plan de acción a medio plazo. Tampoco lo dejes para muy largo plazo porque corres un peligro: estancarte. 

Orientación laboral 

Puede que hayas sido ese tipo de estudiante centrado en estudiar, y nada más. Cumpliste con tu trabajo, sacaste tu carrera, pero ahora la universidad ha terminado. Es el momento de empezar a aprender cómo funciona el mercado laboral. Busca orientación ya sea en tu antiguo campus o por otros medios. Te ayudará a ir adaptándote a una nueva realidad. 

¿Seguir estudiando? 

Es una “tentación” que siente todo licenciado. Hacer un máster, un posgrado, el antiguo CAP o cualquier otro curso que suponga extender la rutina estudiantil. ¿Es adecuado seguir estudiando después de licenciarse? Depende de cada caso y de cada contexto. Pero no utilices el master como una huida hacia delante, como una forma de no enfrentarte a la realidad.

Ten clara una cosa: no hay mejor formación que trabajar. Y, además, también te puedes formar mientras trabajar. De cualquier forma, analiza con mucho detalle qué tipo de estudios vas a cursar, si ya lo tienes decidido. No hagas caso de cantos de sirena… cuidado con la titulitis que, además, no es precisamente barata. 


¿Oposiciones? 

Determinadas carreras parecen diseñadas para fabricar opositores. Y no daremos nombres para que nadie se enfade. En cuanto se termina la carrera se cambian los libros de la universidad por los de las oposiciones. Y a seguir con lo mismo. Pero, ¿realmente quieres opositar? ¿O solo se trata de trabajar y no ves más opciones?

Cuidado con estudiar oposiciones “porque todos lo hacen”, o porque supone tener “un trabajo seguro, para toda la vida” (Otro día hablaremos del “lado oscuro” de los trabajos “seguros y para toda la vida”). Tal vez todo eso no sea lo mejor para ti o tú no quieras hacerlo y sigas estudiando por pura inercia.  

Por el contrario, si lo tienes claro, adelante. Al tener muy frescos los mecanismos propios del estudio, la mejor fase para sacar una oposición es justamente al terminar los estudios universitarios, aunque tal vez necesites tiempo para hacer otra clase de méritos si se trata de un concurso-oposición. 

Disfruta de tu ocio 

No todo son obligaciones, rutinas, planes y decisiones. Estás en la mejor época de tu vida. Disfrútala, disfruta de tu tiempo haciendo lo que te gusta. Después de estar varios años estudiando un montón, ahora tienes tiempo para redirigir tu tiempo de ocio hacia nuevos caminos, o recuperar algunas aficiones aparcadas.

Hasta los temas que estudiabas en la carrera, a veces “pesadísimos”, adquieren una nueva perspectiva. Ya no tienes que estudiar para los exámenes: sino leer, aprender, porque te gusta, sin presión. Es una de las mejores sensaciones de la época posuniversitaria: disfrutar de lo que has estudiado —porque se supone que te gusta— sin la presión de que evalúen tus conocimientos, sin la presión de los exámenes. 

Experimenta 

¿Tienes la crisis de los 40?
Un hombre sobe una tabla de surf – Fuente: Unsplash

Los meses posteriores a terminar una carrera pueden ser el momento ideal para experimentar, en el amplio sentido del término. Al tener, generalmente, más tiempo, podemos invertirlo en proyectos un poco “locos” que tal vez no podíamos abordar por la rutina universitaria. Monta un grupo, aprende a hacer surf, crea un proyecto con un amigo, hazte experto en Heidegger o ábrete una cuenta en Tinder. Es el momento. 

Año sabático 

Entre esos proyectos, el más “loco” es el de tomarte un año sabático. También es uno de los mejores momentos de tu vida para hacerlo. Y no pienses que en un año sabático se “pierde el tiempo”, al contrario, tal vez sea lo que necesitas para, a la vuelta, dar un giro a tu vida y a tu futura carrera profesional. O no, nunca se sabe. Porque los años sabáticos, por supuesto, también tienen sus peligros.  

El peligro de estancarse 

No te lo vamos a pintar todo de rosa. Uno de los mayores riesgos de la crisis posuniversitaria es estancarse. Has establecido una rutina, has esbozado un plan, pero el tiempo pasa, y sigues en la casilla de salida, el plan no avanza, incluso después de un año sabático. 

Llegados a este punto, tal vez necesites ayuda externa, una buena orientación laboral, o alterar el plan inicial, si este no funciona, si este no arranca. Tal vez puedas buscar un trabajo temporal que no entre dentro de tus objetivos, pero que te active, amplie tus perspectivas, te quite el miedo a trabajar… y te permita ganar algo de dinero.  

La incertidumbre positiva 

La crisis al acabar la universidad
Chico toma nota en una pared – Fuente: Unsplash

La incertidumbre es una reacción lógica ante una situación desconocida que nos produce una sensación de inseguridad. El ser humano está “diseñado” para buscar permanentemente entornos seguros que faciliten, primero, la consecución de los elementos más básicos de subsistencia y, después, para facilitar la autorrealización, lo que ya exponía Maslow y su famosa (y controvertida) pirámide.  

Así las cosas, la incertidumbre nos permite estar en alerta, y este estado de alerta, —si no se extiende permanentemente, por supuesto— es positivo para resolver problemas. Una incertidumbre (bien gestionada) es mejor (y más productiva) que la apatía más indolente. Que la calma y la paciencia no se transformen tampoco en desidia y pachorra. 

¿Qué te hace feliz? 

Nuestro último apunte para abordar de forma constructiva la etapa posuniversitaria es la respuesta a una pregunta muy sencilla… o muy complicada, según se mire. Si no tienes ni idea de por dónde tirar, si lo ves todo muy negro, si estás a punto de perder la paciencia, responde a esta pregunta: ¿Qué me hace feliz?

Hacia la consecución de la respuesta a esa pregunta debe ir tu plan de vida. Y si aún no sabes qué te hace feliz o no logras una respuesta muy concreta, sigue viviendo, sigue alerta. Ya llegará la respuesta. Recuerda que la felicidad no se busca, se encuentra. ¿Cómo? Viviendo. 



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