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Las claves psicológicas de El Juego del Calamar

El Juego del Calamar es la serie más vista de la historia de Netflix, un inapelable éxito viral que ofrece para muchos de sus fanáticos, pero también para sus detractores, numerosos mensajes más o menos subliminales con un importante calado sociológico y psicológico. Estas son algunas de esas claves psicológicas que podría ocultar El Juego del Calamar.


El Juego del Calamar se ha convertido en la serie viral de este 2021, un éxito cimentado por Netflix que cada vez afina más la puntería a la hora convertir sus contenidos en ferviente debate en todo tipo de ambientes, desde la cola del supermercado al claustro de un colegio.  

Y es que la serie más vista de la historia de Netflix ofrece para muchos de sus fanáticos, pero también para sus detractores, numerosos mensajes más o menos subliminales con un importante calado sociológico y psicológico. Estas son algunas de esas claves psicológicas que podría ocultar El Juego del Calamar

La codicia 

El Juego del Calamar
El Juego del Calamar

La trama de El Juego del Calamar gira esencialmente en torno a un juego en el que participan más de 450 jugadores que aspiran a ganar un premio millonario y solucionar así sus problemas económicos. Pero no se trata de un juego normal: solo puede quedar uno. El único superviviente se llevará el premio de 45.000 millones de wones. 


Así pues, uno de los temas vertebrales de El Juego del Calamar sería la codicia del ser humano, hasta dónde puede llegar una persona en situación desesperada por conseguir dinero. ¿Seremos capaces de perpetrar las mayores atrocidades en un contexto favorable para ello si a cambio conseguimos un considerable premio económico? 

El juego 

Seong Gi-hun, el protagonista de la serie, es un chofer adicto a las apuestas y a los juegos de azar, particularmente a las carreras de caballos. El juego es otra de las claves argumentales de esta serie, poniendo en liza dos tipos de acercamiento al concepto de juego: por un lado, el juego como entretenimiento y, por otro, el juego como vicio

La ludopatía o juego patológico es el problema del protagonista de la serie que se verá inmerso en otro juego aparentemente inocente que, no obstante, termina llevando a los contendientes a una situación de máxima presión.  


Una sociedad infantilizada 

El Juego del Calamar
El Juego del Calamar

Otro de los posibles mensajes de la serie y motivo de debate tanto para sus defensores como para sus detractores es el enfoque de los propios juegos como pasatiempos infantiles que derivan en situaciones altamente violentas.  

En este sentido, Hwang Dong-hyuk, el director de la serie, afirma que el origen de la historia está en el conocido como juego del calamar que él mismo jugaba de pequeño junto a sus amigos. Era el último y más intenso juego del día y siempre alguien terminaba llorando o lesionado. “¿Cómo sería volver y jugar a esos juegos de infancia siendo adultos?”. 

Algunos analistas consideran que El Juego del Calamar tendría un matiz distópico presentando una sociedad radicalmente infantilizada: adultos inmaduros que se convierten en jugadores empedernidos y consumidores insaciables de contenidos tratando de huir permanentemente de la responsabilidad a través del placeres inmediatos y banales.

En este sentido, la sociedad infantilizada sería sostenida y fomentada por la élite dominante, a la cual, por supuesto, le interesa más tratar con adultos dóciles, impresionables e infantiles que con adultos críticos y con sentido común.  


La competitividad 

La serie refleja “la sociedad competitiva” en la que vivimos hoy, afirma Hwang, “una historia sobre perdedores, personas que luchan contra los desafíos de la vida cotidiana y quedan atrás, mientras los ganadores suben de nivel”. 

Si El Juego del Calamar se plantea como una feroz competición por conseguir un premio, nuestra sociedad estaría asentada en un inquietante concepto cada vez más aceptado e incluso fomentado: la vida como un deporte o un juego en el que competir, y no colaborar, es el camino más rápido para el progreso individual

La violencia 

El Juego del Calamar
El Juego del Calamar

Uno de los elementos más polémicos de El Juego del Calamar es el contenido explícitamente violento. Por supuesto, la serie no está indicada para todos los públicos y mucho menos para niños. Pero, al margen de ello, las situaciones violentas enmarcadas en el contexto de los juegos infantiles es uno de los principales atractivos de la serie para sus defensores lo que explicaría otra de las claves psicológicas de la serie. 

¿Somos capaces de comportarnos como seres despiadados si se da el contexto adecuado? ¿Seremos capaces de humillar, torturar o incluso a matar si entendemos que es la única salida a una situación extrema? En este sentido, El Juego del Calamar se pondría en relación con famosos experimentos psicológicos como el de Milgram o el de la cárcel de Stanford.  

Una misteriosa élite dominante 

Mientras los ciudadanos de a pie se ‘matan’ a trabajar y a sacar sus grises vidas adelante, una élite intocable vive por encima del bien y el mal. Son ellos los que estarían detrás de la organización del juego apareciendo caracterizados en una fase de la historia como VIPs que acuden a ver parte del juego con máscaras de animales en la cara. Aburridos de nadar entre billetes, la élite ya solo encuentra placer en la lujuria y la violencia.  


Para muchos de los aficionados a la serie esta élite representaría el poder de nuestra sociedad, aquellos que se encuentran en el vértice de la pirámide social. Los que, pase lo que pase en el juego, nunca pierden, siempre ganan.  

No obstante, para los críticos de El Juego del Calamar esta presentación de la élite dominante como una suerte de grupo de misteriosos seres despiadados sin rostro sería un cliché maniqueo más de otros muchos en los que habría caído el argumento de la serie. 

La diferenciación de clases 

El Juego del Calamar
El Juego del Calamar

El último elemento vertebral de El Juego del Calamar está en relación con la propia organización social de Corea del Sur tal y como también quedaba expuesta en Parásitos, otro fenómeno del país asiático. Esa élite, —despiadada o no— existe, esa clase trabajadora con importantes dificultades económicas, —infantilizada o no— también existe. El conflicto entre ellas es inevitable mientras exista una enorme desigualdad. 

El Juego del Calamar pone en primer plano un problema fundamental de la sociedad surcoreana pero también de buena parte del resto del mundo. Que los dramas subyacentes a esa desigualad económica nos lleven a luchar por nuestra vida en juegos de supervivencia… el tiempo lo dirá. 

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