//

¿Mientes a tu pareja sobre tu pasado amoroso o sexual?

Mientras tu pareja habla con total naturalidad sobre su pasado afectivo-sexual, tú sonríes incómoda esperando cambiar de tema. Pero, entonces, llega la gran pregunta y tú dudas, hasta que internamente decides que lo mejor es mentir “un poco”, una de esas mentirosas “piadosas” para, según tú, no perjudicar la relación. Porque si tu pareja se entera de que has estado con “x” personas antes que él, seguro que no se lo toma bien. 

Una vez que mentimos sobre nuestro pasado amoroso o sexual entramos en una dinámica peligrosa en la que la falta de sinceridad y la desconfianza pueden terminar por arruinar la relación.

A continuación, exponemos las causas que nos lleva a mentir sobre nuestro pasado afectivo-sexual, las ventajas y riesgos de hablar sin tapujos sobre ese tema y los peligros de los celos retrospectivos, principal amenaza de las conversaciones sobre el pasado sexual y/o sentimental. 

¿Por qué mentimos sobre el pasado afectivo-sexual? 

pasado amoroso o sexual
Una pareja toma una copa en un bar – Fuente: Pexels

Tememos la reacción de nuestra pareja, tememos sus juicios y sus celos, y tal vez también nos tememos a nosotros mismos, a nuestros recuerdos, que no siempre son agradables y no siempre apetece volver sobre ellos.

Pero en vez de rechazar el tema o pasar de puntillas sobre él, lo abordamos edulcorándolo, adaptándolo a lo que creemos que no va afectar a nuestra pareja. O, directamente, mintiendo, inventando un pasado ajeno a la realidad.  

La primera causa por la que se miente sobre el pasado amoroso o sexual es por miedo a la reacción de la pareja. Creemos que, si decimos toda la verdad y nada más que la verdad, continuarán las preguntas. Cada vez querrá saber más y más, y terminará haciendo preguntas incómodas.

Toda esta información se usará de forma destructiva, no para conocerte mejor, sino como arma en caso de problemas de pareja. Los típicos reproches que surgen en caliente y que pueden hacer mucho daño. 

En este sentido, tememos principalmente los juicios de nuestra pareja, pero también sus celos, los denominados celos retrospectivos, cuando la pareja se siente celosa por nuestro pasado. No confiamos al 100% en que pueda manejarlos de forma racional y que se convierta en un problema para él… y para ti: porque los celos mal gestionados son una gran amenaza para una relación. 

Por estas razones, decidimos que lo mejor para ambos es inventar un pasado afectivo-sexual falso. No hemos sido capaces de defender nuestro derecho a la privacidad —no hablar sobre lo que no queremos hablar— y hemos terminado mintiendo por el “bien” de la relación. Pero, como decíamos, la mentira, en cualquier de sus formas, incluso la que tiene un objetivo positivo, es una mala estrategia que no suele terminar bien. 

Porque lo más probable es que, antes o después, tu pareja descubra por sí misma tu verdadero pasado, y entonces su reacción puede ser aún peor porque se hará las siguientes preguntas: ¿Por qué me quería ocultar estas relaciones? ¿Qué más esconde? ¿Conozco realmente a mi pareja? 

Hablar sobre el pasado: ¿Sí o no? 

pasado amoroso o sexual
Una pareja mira en direcciones opuestas – Fuente: Unsplash

Lo primero que debemos recalcar sobre este dilema es que la sinceridad no consiste en decirlo todo. Ser sincero no supone presentar una biografía propia con todo lujo de detalles y en varios volúmenes. No, ser sincero consiste en no mentir, en que lo que se afirme sobre un tema sea cierto.  

Por lo tanto, si por las razones que sea, decides que no quieres hablar sobre tu pasado afectivo-sexual, estás en tu derecho de no hacerlo: se llama derecho a la privacidad y tu pareja habrá de respetarlo. Y es que son bastantes las ventajas de no hablar sin tapujos sobre este tema. 


Para empezar, se evitan los problemas anteriormente citados, como los celos retrospectivos. Incluso las personas más razonables, flemáticas y respetuosas tendrán un diálogo interno cuando escuchen detalles sobre el pasado sexual o sentimental de su pareja. Somos así, obtenemos información y sacamos conclusiones. Pero, ¿realmente son válidas esas conclusiones? ¿Realmente importa con quién haya estado nuestra pareja? Ahora está con nosotros. Punto.  

Al fin y el cabo, cada persona es “dueña” de su pasado y es altamente perjudicial pasarse la vida justificándolo y explicándolo, primero ante nosotros mismos, y no digamos ya ante los demás. 

Así mismo, conocer muchos detalles sobre el pasado sexual y amoroso de la pareja puede activar una sensación de inseguridad a través de la comparación haciéndonos preguntas de lo más ridículas.

Tal vez sepamos manejarlo y tengamos la suficiente madurez para no tardar ni cinco minutos en racionalizar nuestras emociones más toscas. O tal vez no, y esa inseguridad lleve a los celos, y esos celos abran una herida en la relación que la pueda amenazar a largo plazo. Ese es el riesgo que asumimos con las conversaciones sobre el pasado.  

pasado amoroso o sexual
Un hombre y una mujer hablan gesticulando – Fuente: Pexels

De cualquier forma, hablar sobre el pasado sexual también tiene sus ventajas y defensores. Para empezar, es una forma de naturalizar una relación. El amor y el sexo forman parte del desarrollo de cada persona y son experiencias muy relevantes. ¿Por qué no hablar de ello? Como decíamos, no se trata de contarlo todo con todo lujo detalles, pero sí de alumbrar momentos de nuestro pasado que son relevantes para nosotros.  

Así mismo, hablar del pasado afectivo-sexual es una forma de ponernos a prueba como pareja. Si nuestra pareja siente celos de nuestro pasado, ¿cómo no va a sentir celos de nuestro presente? Si me juzga por haber tenido “x” parejas y haber participado en determinadas experiencias, ¿cómo no me va a juzgar por lo que hago o dejo de hacer en el presente? Por lo tanto, hablar sobre el pasado es una forma de alerta, de conocer mejor el lado oscuro de la persona con la que compartimos nuestra vida. 

En este sentido, no hay que olvidar que no hablar sobre el pasado también supone ponerse a prueba: los silencios se pueden interpretar como “amenaza” sucediéndose preguntas que puedan terminar en obsesión: ¿Por qué no quiere hablar de su pasado? ¿Qué oculta? 


Por último, no debemos pasar por alto nuestra vertiente más racional. Si tenemos información sobre el pasado afectivo-sexual de nuestra pareja, sobre lo que le gusta y lo que no, sobre lo que le ha hecho daño y lo que le ha hecho feliz, ¿por qué no aprovecharlo para actuar en consecuencia? Si queremos a nuestra pareja y queremos hacerla feliz, toda esa información relevante sobre su pasado es también una herramienta para construir un porvenir más prometedor. 

Pasado afectivo-sexual: sinceridad, respeto y comprensión

pasado amoroso o sexual
Dos mujeres ante un ordenador – Fuente: Pexels

Cada pareja es diferente, y dentro de cada pareja cada miembro también lo es, así que no hay una receta válida para todo el mundo si se trata de hablar o no hablar sobre el pasado sexual y sentimental. Tal vez tú sientas el deseo de hablar sobre tu pasado porque te gusta recordarlo, porque te gusta recrearte y porque te apetece hacerlo. Perfecto, adelante. 

Pero debes pensar en si tu pareja se va a sentir incómoda o no, y en que ella puede interpretar esas historias sobre tu pasado como una “invitación” a hablar sobre el suyo… cuando tal vez no quiera hacerlo. Por lo tanto, debemos calibrar el límite de nuestra “sinceridad” en base a la reacción que pueda tener nuestra pareja. Tal vez no haga falta llegar muy lejos

Así mismo, debes respetar el enfoque de tu pareja sobre su pasado. Hay personas muy reservadas que no disfrutan hablando sobre ello, por las razones que sea, eso no importa: la cuestión es que no quiere hablar sobre ello, y debes respetar su derecho a la privacidad. 

Por último, también hay que ser comprensivo con la reacción de nuestra pareja en estas conversaciones, siempre dentro de unos límites razonables. No somos perfectos, la inseguridad, la incomodidad y los celos son emociones que todos podemos llegar a sentir y se nos debe conceder un mínimo margen para abordarlos, para que la madurez modere las emociones más impulsivas.  



Dejar una respuesta

Your email address will not be published.