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Qué es el síndrome por déficit de naturaleza

Explicamos el origen y los antecedentes del síndrome por déficit de naturaleza, los beneficios que aporta la conexión con la naturaleza, así como la relación conflictiva que mantienen el entorno rural con el urbano que aspira a ser superada con planteamientos urbanísticos integradores.


Descrito por el periodista y escritor Richard Louv en su libro publicado en 2005 Last Child in the Woods: Saving our Children from Nature-Deficit Disorder (El último niño de los bosques: salvar a nuestros niños del trastorno por déficit de naturaleza) pero prefigurado por diversos profesionales de la educación y la psicología ambiental, el síndrome por déficit de naturaleza es un concepto que pretende destacar las carencias que derivan del limitado contacto con la naturaleza, especialmente de los niños.  

A continuación, explicamos el origen y los antecedentes de esta noción integrada en la psicología ambiental, los beneficios que aporta la conexión con la naturaleza, así como la relación conflictiva que, desde la Revolución Industrial, mantienen el medio rural con el urbano y que aspira a ser superada con planteamientos urbanísticos integradores


¿Qué es el síndrome por déficit de naturaleza? 

El síndrome por déficit de naturaleza
El síndrome por déficit de naturaleza. Fuente: Unsplash

En su libro Last Child in the Woods, Richard Louv recoge las teorías de numerosos profesionales de la educación ambiental y los plasma en un concepto que, tal y como el mismo reconoce, “no pretende ser un término médico”.  

En este sentido, el uso de la palabra ‘síndrome‘ no se debe interpretar desde un punto de vista clínico, pero funciona a nivel gráfico para poner en primer plano un hecho incuestionable: la sociedad contemporánea ha ido dando la espalda a la naturaleza en paralelo a la expansión del desarrollo urbano. 

De esta forma, Louv opta por un nuevo punto de vista para devolver al primer plano un conflicto ya tradicional: en vez destacar el papel positivo que tiene el contacto con la naturaleza en el desarrollo humano, el escritor norteamericano incide en los aspectos negativos que derivan de una carencia de este contacto natural, hasta convertir esta carencia en un ‘síndrome’, siempre desde un punto de vista metafórico, tal y como señala el propio Louv. 

En este sentido, el síndrome por déficit de naturaleza sería especialmente delicado en los niños. Según un estudio publicado en 2005 sobre la relación de las familias con los medios electrónicos, los niños y adolescentes estadounidenses entre 8 y 18 años pasan una media de 4 horas al día en contacto con pantallas

Pero no necesitamos muchos estudios más para constatar un hecho que vemos en cualquier lado, desde el parque, hasta el colegio, desde el centro comercial, hasta nuestra propia casa: niños, jóvenes y no tan jóvenes pasan una inmensa cantidad de tiempo conectados a la tecnología. Y el día tiene 24 horas: si un chico de 8 años pasa 4 horas al día pegado a la pantalla, duerme 9 horas y pasa 6 horas en clase, ¿cuánto tiempo puede pasar en contacto con la naturaleza si vive en una gran ciudad más o menos alejada de la naturaleza? 

Beneficios del contacto con la naturaleza 

El síndrome por déficit de naturaleza
El síndrome por déficit de naturaleza. Fuente: Unsplash

Son numerosos los beneficios que aporta la naturaleza en la salud física y mental de los individuos, especialmente de los más pequeños, algunos de ellos evidentes y otros aún en estudio. La psicología ambiental, que trata la interacción de las personas con el entorno, así como la educación ambiental son los campos que lideran estas investigaciones. 


  • Reduce el estrés, también en niños. Un estudio de José Antonio Corraliza y Silvia Collado publicado en 2010 en la revista Psicothema habla del efector moderador de la naturaleza constatándose el menor nivel de estrés en niños expuestos a igual frecuencia de situaciones adversas. 
  • Aumento de la capacidad de reflexión y concentración. Varios estudios parecen confirmar que los niños diagnosticados con TDAH muestran un mayor nivel de concentración y atención si están en contacto frecuente con la naturaleza, incluso tan solo con “pequeñas dosis de naturaleza” como un paseo por un parque urbano. 
  • Mejora en el desarrollo neurocognitivo. El contacto con la naturaleza refuerza la armonía de las funciones cerebrales tal y como indican varios estudios. Así mismo, se indica que las salidas a los entornos naturales promueven un aumento de la actividad en el hemisferio derecho del cerebro que desarrolla la creatividad, el talento artístico, la empatía y el manejo de las emociones, disminuyendo, como contrapartida, la actividad en las zonas que se encargan de las funciones ejecutivas. 
  • Refuerzo del sistema inmunitario. Diferentes estudios indican que pasar más tiempo en la naturaleza puede aportar un refuerzo inmunitario reduciendo el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, diabetes o cáncer. 
  • Mayor compromiso ambiental. En un tiempo en el que el compromiso con el cuidado de la naturaleza es una de las prioridades sociales, el contacto con la misma desde la infancia es clave para una mejor comprensión de los problemas derivados de las agresiones medioambientales. 
  • Mejora académica. Al facilitar las capacidades de concentración y atención y reducir el estrés y la fatiga mental, el contacto con la naturaleza también ofrece una mejora del aprendizaje en los niños que deriva en un progreso académico. Esta faceta ha sido desarrollada en Japón con los conocidos como ‘baños de bosque‘. 
  • Mejor condición física. El contacto con la naturaleza disminuye los riesgos derivados de una vida excesivamente sedentaria: reduce el riesgo de padecer obesidad, miopía o asma al exigir una mayor implicación física. 

Medio rural y urbano, una relación conflictiva 

El síndrome por déficit de naturaleza
El síndrome por déficit de naturaleza. ¿Son todos los pueblos idílicos? Fuente: Unsplash

Pese a que la humanidad ha vivido en ciudades desde hace más de 6000 años, siendo la sumeria Uruk la considerada como primera ciudad de la historia, lo cierto que es con la Revolución Industrial cuando se produce la definitiva expansión de las ciudades hasta convertirse en megalópolis casi incontenibles.  

Paralelamente a este desarrollo urbano, el entorno rural ha ido marchitándose en buena parte del planeta con consecuencias que no nos son ajenas en nuestro propio país: es la denominada España vacía.

Es así como se va configurando una serie de factores que confrontan lo urbano con lo rural, siendo lo primero sinónimo de sordidez, ritmo frenético y ruido ensordecedor mientras que el entorno rural se tiñe de nostalgia adquiriendo valores supremos, como una suerte de paraíso perdido para urbanitas melancólicos. 

El síndrome por déficit de naturaleza
Proyecto de Cancún Smart Forest City de Stefano Boeri. Fuente: Stefano Boeri Architetti

Pero, desde luego, la realidad no es ni tan conflictiva ni tan polarizada. Los pueblos ubicados en preciosos entornos naturales también pueden ser sinónimo de aislamiento, miseria y mezquindad, y las ciudades un reflejo de dinamismo, creatividad y prosperidad. 


Tratando de combinar lo mejor de los dos mundos y mejorando las conexiones entre entornos urbanos y rurales que impidan el aislamiento de estos últimos, surgen nuevos modelos de ciudades que allanan el camino hacia una nueva forma de asentamiento humano. 

Son ciudades sostenibles, de dimensión humana e integradas en la naturaleza de forma que los ciudadanos no tengan que esperar al fin de semana para salir a por su “dosis de naturaleza”, sino que vivan integrados en ella, una forma de evitar que el síndrome por déficit de naturaleza alcance en un futuro a corto plazo categoría clínica.



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