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Qué es la indefensión aprendida


Tal vez en algún instante de tu vida hayas creído que no puedes escapar de una situación que te desagrada o que no logras alcanzar tus objetivos, por más que te esfuerces en ello una y otra vez. Percibes que lo has intentado todo, pero nada te ha servido para conseguir lo que querías o bien evitar padecer alguna adversidad más o menos grave. En momentos así, es probable que te hayas sentido derrotado, impotente, triste y sin energías para seguir adelante o afrontar los contratiempos. Este estado psicológico se denomina indefensión aprendida.

¿Qué es la indefensión aprendida?

Indefensión aprendida

Es un conjunto de emociones, sentimientos, síntomas fisiológicos y comportamientos caracterizados por el desánimo, el abandono, la pasividad y la inacción ante escenarios negativos o poco gratos, de los que cualquier persona desearía escapar. Las personas que caen en este estado interpretan  que su conducta no tiene efecto alguno sobre el entorno y ‘aprenden’ a no hacer nada, aunque lo estén pasando muy mal.

Se trata de algo semejante a rendirse, abandonar o ‘tirar la toalla’ cuando se tiene la sensación de que nuestro problema no tiene salida o su resolución se encuentra muy lejos de nuestro alcance. Cualquier tentativa de solución parecerá inútil. Todo ello responde a una vivencia puramente subjetiva, pero quien la padece no logra ver alternativas operativas para mejorar.


Es lo que le puede suceder al alumno que interrumpe sus hábitos de estudio cuando sus sacrificios no le permiten obtener buenas notas, por más que lo haya intentado con anterioridad, a través de distintos procedimientos. También está expuesta a la indefensión aprendida la persona que, de forma activa, busca empleo durante largo tiempo y no logra acceder a un puesto de trabajo, hasta llegar al límite de abandonar sus legítimas aspiraciones. Otro ejemplo sería el de aquellos que tratan de encontrar pareja estable y cuentan sus iniciativas por fracasos, para finalmente cesar en sus intentonas y acomodarse a la soledad pasiva, aunque tal renuncia los llene de frustración y desasosiego.

La indefensión aprendida fue descrita por primera vez por el psicólogo Martin Seligman en la década de los años 60 del pasado siglo. Seligman es un destacado autor e investigador, muy conocido por sus publicaciones dentro del ámbito de la llamada psicología positiva.

Síntomas de la indefensión aprendida

Reflexionando

En los casos en los que aparece se registra una considerable variabilidad individual respecto a los síntomas, aunque en líneas generales podríamos subrayar los siguientes:


Ansiedad:

Cuando surge una situación negativa ante la que se siente ‘indefensa’, usualmente la persona permanece pasiva, aunque en estado de alerta, con elevados niveles de ansiedad ante la imposibilidad subjetiva de escapar del peligro.

Bajos niveles de motivación y autoestima:

Se tiene la percepción de que cualquier comportamiento o iniciativa será infructuosa para cambiar la realidad que se padece o de la que se desea huir. A menudo este estado genera ideas y pensamientos autodepreciativos en los que la persona se siente inútil e incapaz, aunque objetivamente el problema parezca que ofrece una fácil solución. Se termina por perder el interés, la autoestima y la expectativa de mejorar o alcanzar un mayor bienestar.

Pasividad y bloqueo:

Literalmente, en un estado de indefensión aprendida las personas no saben qué hacer ante determinados problemas o situaciones  ingratas. Optan por no hacer nada, ni tan siquiera buscar nuevas soluciones.

Síntomas depresivos:

La indefensión aprendida no es equiparable a un cuadro clínico de depresión, aunque sí pueden presentarse síntomas característicos de esta última, como por ejemplo ideas o pensamientos recurrentes de desesperanza, impotencia o relacionados con la propia incapacidad personal.


Pérdida de control:

Las personas sienten que su conducta o sus esfuerzos no tienen efecto o consecuencia alguna sobre su entorno o respecto de su propio bienestar. Todo ello no solo conduce a la pasividad y al abandono, sino también a la percepción de que toda acción será inútil.

Tratamiento de la indefensión aprendida

Indefensión aprendida

Como ya hemos descrito, estamos hablando en todo momento de comportamientos aprendidos sobre la base de reiteradas experiencias negativas anteriores. Parece obvio que la mejoría o el alivio pasan por desaprender las citadas conductas de manera gradual y siempre bajo la supervisión y las prescripciones de un facultativo especialista. El objetivo será el de recuperar la autoestima y la confianza en las propias capacidades a través de nuevas experiencias de aprendizaje, a sabiendas de que los comienzos en la recuperación serán lentos y no exentos de dificultades. Para ello resultará imprescindible minimizar la ansiedad asociada a las citadas experiencias previas.

El primer paso será lograr que la persona perciba que su voluntad, su autoimagen, sus objetivos y sus oportunidades están severamente limitadas por el efecto de la indefensión aprendida. A partir de ahí habrá que proporcionar a cada uno los recursos y el clima propicio para revertir las frustrantes vivencias pasadas por ocasiones para experimentar, conocer y poner a prueba sus plenas potencialidades reales, siempre dentro de un ambiente favorable.

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